Sugerimos la lectura también de estos artículos previos que sirven de contexto para el presente: https://psiconetwork.com/educacion-sexual-y-agresiones-sexuales/https://psiconetwork.com/agresiones-sexuales-ii-la-juventud-como-grupo-de-riesgo/https://psiconetwork.com/agresiones-sexuales-a-mujeres-iii-consumo-de-pornografia/, https://psiconetwork.com/agresiones-sexuales-a-mujeres-iv-el-modelo-de-caza-y-captura/.


En anteriores entregas, hemos hablado de las primeras relaciones sexuales de los jóvenes, del consumo de pornografía y de algunos valores culturales como el machismo, considerándolos elementos relevantes para tratar de entender las agresiones sexuales que miles de hombres infringen a otras tantas mujeres, todos los días, en todo el mundo y ante las que diferentes movimientos feministas claman justicia y reparación sin ningún tipo de excusa ni demora. El movimiento Me Too o la universalización de la canción “el violador eres tú”, son solo dos ejemplos de esa imparable corriente, fruto de la lucha y del empoderamiento femenino, que merece nuestro apoyo incondicional.

Hoy hablaremos de las ambigüedades y equívocos que rodean las primeras relaciones sexuales y señalaremos la necesidad de la educación sexual profesional y científica, como uno de los escasos recursos que tenemos para prevenir esta lacra.

Hemos tenido la oportunidad de hablar con muchos jóvenes de sus primeras relaciones sexuales y de chicas y chicos implicados en casos de agresiones sexuales y nos damos cuenta de la trascendencia de considerar algunos aspectos de esta naturaleza dentro de su educación sexual.

Una educacion sexual que aclare numerosos equívocos.

Para nosotros, es urgente una educación sexual profesional y científica que, de momento, aclare numerosos equívocos ante las primeras relaciones sexuales([1]) y antes de que ocurran. Competencias concretas en comunicarse sobre estos aspectos, es decir: que sean explícitos en manifestar sus deseos aclarando-solicitando cualquier información-duda que pudiera plantearse en los inicios de una relación de intimidad sexual.

Que transmita a chicos y chicas, desde muy pronto, la necesidad de comunicarse los deseos y expectativas de cada cual. Hay algunas agresiones sexuales, que se inician a través de malos entendidos, interpretaciones dudosas, mensajes a medias y un lenguaje no verbal sujeto a confusiones en los procesos iniciales de seducción, incluso de participar en esos primeros besos y caricias.

Y ambos tienen que hablar, con claridad, expresando qué quieren o qué desean, porque de lo contrario, una vez en el fragor de la batalla, ella puede llegar a la conclusión de que, ya es demasiado tarde,  que ya no se puede parar porque él está muy excitado, que resistirse es mucho peor y de que si se deja hacer, todo acabará antes, aunque tenga que pasar la vergüenza, al día siguiente, de que él le cuente a sus amigos que “es una mala amante, muy fría, pero que es fácil hacerlo conmigo”. Así nos lo han referido algunas adolescentes.

Además, existen muy diferentes mitos sobre, por ejemplo, que el hombre una vez iniciado el proceso de excitación no puede parar y necesita acabar sí o sí.  O que si no hay coito la relación sexual pierde su sentido. O que ponerse el preservativo anula la sensibilidad…etc. En fin, torpes excusas para hacer y acabar como él quiere.

Y ella, después de lo ocurrido, después de la relación no consentida, se tortura pensando que no solo no se opuso con más arrojo, sino que además había sido una ingenua, aceptando besos y caricias, acompañándole a dar un paseo después de la disco, pensando que él no sería capaz de hacerle eso, sin un consentimiento explícito e inequívoco. O simplemente no saber por qué reaccionó así, por el alcohol o por el porro, o porque no se atrevió…si bien al final el resultado es el mismo: sentirse responsable de lo ocurrido, cuando no culpable y, casi siempre, avergonzada.

Y como acontece tantas y tantas veces, en tantas y tantas relaciones de jóvenes, el disfrutó y ella se quedó a la mitad. Deseando que acabara cuanto antes, vigilando que no venga nadie, que el no eyacule dentro…o cualquier otro pensamiento que imposibilita la entrega y, por ende, la excitación y el placer.

Hablar después de la agresión sexual

También tenemos que señalarles, las veces que haga falta, la necesidad de que la víctima (aunque prefiero la palabra superviviente) hable después de sufrir una agresión sexual, independientemente de si quiere denunciar o no.

Tenemos que educar a chicos y chicas en prevenir la Violencia de Género VG, detectando los síntomas y signos precursores de esta lacra y denunciarlo a la primera de cambio porque hay conductas que no tienen nada que ver con el amor y que quien bien te quiere te hará sentir bien, reír, pero no te hará llorar. Y, una vez ocurrida la agresión, hay que platicar sobre ello porque, tal decisión es esencialmente rompedora, revolucionaria, a tenor de que venimos de una tradición de ocultar lo ocurrido, cubriéndolo del tabú.

Consiguientemente, hay que conversar de lo acontecido, porque de lo que no se habla, no existe, ni puede hacerse un análisis de lo que ha pasado, para tratar de entenderlo y también para implementar medidas que permitan que aquello no vuelva a ocurrir. Este patrón es el típico de las epidemias, porque las agresiones sexuales y la violencia de género son eso, una epidemia.

Además, callar contribuye a cargar el peso de lo ocurrido a las espaldas de la víctima, por lo que no es de extrañar que muchas de las mujeres con esa experiencia en su biografía, manifiesten síntomas similares a las de una vivencia de estrés postraumático, vivida en silencio, repitiéndose machaconamente en su cabeza durante demasiado tiempo, viviéndose con culpabilidad y con la convicción de que, si lo cuenta, no la van a creer.

Es frecuente, escuchando a víctimas de violencia de género, que refieran ese estado de abatimiento y culpabilidad, en el que cientos de preguntas se agolpan, cientos de veces, en su cerebro. ¿Por qué no me resistí más? ¿Por qué no le dije que NO más contundentemente? ¿No fui lo suficientemente rotunda? ¿Con más determinación? ¿Peleando más? ¿Denunciándolo inmediatamente?

Similares a las que ella cree se albergan en el cerebro de los demás, pero en modo opuesto: No opusiste resistencia, o peor, no tenías que haber ido a ese sitio o peor aún ibas provocando o incluso una de las que mayor dolor genera: Tú tienes la culpa y te lo mereces. Las mismas que supone tiene la policía, los sanitarios o los jueces. Y no les falta razón porque, si bien ha habido cambios, aún queda mucho trecho por andar.

Hablar transforma el silencio en sororidad, es decir un tipo de fraternidad y apoyo solidario entre las mujeres. Como hemos dicho, el ejemplo de la campaña iniciada en Hollywood “Me Too” en 2017, a raíz del caso Weinstein y su impacto en todo el mundo, es un claro ejemplo de ello, porque desde entonces ya nada es igual en lo que concierne a la visibilidad del problema de la violencia sexual que se ejerce contra las mujeres.

La valentía de contar la experiencia y expresar el dolor asociada a la misma, provocó una enorme empatía en las mujeres y hombres, en todos los países del mundo, con aquellas que se atrevieron a hacerlo y, seguramente también, con las que no lo hicieron, pero que se vieron liberadas de esa carga estigmatizante. Si bien cada experiencia es única, vivida de manera personal, todas juntas han conformado una potente red de protección y de transformación social que, preciso es, reconocerlo y difundirlo.

No estoy sola. No soy la única como pensaba. A muchas les ha pasado lo mismo. No fue mi culpa. Yo no pedí aquello ni lo deseaba. Me lo impuso. No tengo ninguna duda, de que estas consideraciones y reflexiones son terapéuticas. Al menos alivian esa presión emocional imprescindible para enfocar la experiencia con un mínimo de lucidez, aceptarla, poniendo la responsabilidad en el lugar adecuado y seguir adelante viviendo más ligera de equipaje. Sabiendo que hay muchas personas aliadas al lado y que caminan, a su lado, hacia el futuro.  Como sobrevivientes.

Debemos “ponernos las pilas” y plantearnos con rigor, la prevención de este tipo de comportamientos inaceptables, implementando de manera obligatoria, en todos los centros de enseñanza, desde primaria a la universidad, programas de educación sexual, profesionales y científicos. De lo contrario, los costes de toda índole y el sufrimiento que se derivan de las agresiones sexuales van camino de convertirse en la normalidad. No me digan que no es lamentable.

Seguiremos en un próximo artículo tratando de analizar alguno aspectos relevantes de las agresiones sexuales.


[1] A este respecto hemos publicado un artículo sobre indicaciones precisas a tener en cuenta a la hora de hablar de las primeras relaciones sexuales en la familia: https://gaptain.com/blog/la-primera-vez/