Sugerimos la lectura también de estos artículos previos que sirven de contexto para el presente: https://psiconetwork.com/educacion-sexual-y-agresiones-sexuales/https://psiconetwork.com/agresiones-sexuales-ii-la-juventud-como-grupo-de-riesgo/https://psiconetwork.com/agresiones-sexuales-a-mujeres-iii-consumo-de-pornografia/https://psiconetwork.com/agresiones-sexuales-a-mujeres-iv-el-modelo-de-caza-y-captura/, https://psiconetwork.com/agresiones-sexuales-a-mujeres-v-antes-y-despues-de-la-agresion/.


En nuestro periplo de ofrecer algo de luz en torno a las agresiones sexuales de mujeres, hoy quisiéramos presentar, simplemente como ejemplo, un caso ocurrido en España – no muy distinto de otros muchos – que nos parece especialmente significativo.

En los últimos meses, la sociedad española ha estado conmocionada por el conjunto de acontecimientos que rodearon el caso de una violación en grupo de una menor, así como por las reacciones habidas hacia la sentencia de la Audiencia Provincial de Burgos contra los tres agresores, exfutbolistas del C.F. Arandina, en la que se les condenó a 38 años de prisión por esa agresión sexual cometida en 2017 (https://elpais.com/sociedad/2019/12/12/actualidad/1576141851_432024.html). Las redes sociales y los medios de comunicación fueron un hervidero de opiniones encontradas sobre la condena, que contempló algunas novedades en este tipo de delitos: el delito de agresión cometido por cada uno de ellos y, a la vez, el delito de cooperador necesario de los otros dos.

Vimos incluso – hecho insólito en este tipo de acontecimientos – que 500 vecinos de esa localidad salieron a la calle manifestándose en defensa de los jóvenes sentenciados, por considerar excesivo el dictamen judicial, contestada inmediatamente por otra a favor de la víctima y sus familiares cuyo dolor, no hay ninguna duda, se acrecienta en los pueblos y en las ciudades pequeñas.

Sin embargo, a los pocos meses de esta sentencia, el Tribunal de Justicia de Castilla y León, resolvió la apelación de los acusados, modificando sustancialmente la sentencia inicial: absolviendo a uno de ellos y reduciendo las penas de los otros dos, a tres y cuatro años de prisión respectivamente, frente a los 38 años a los que fueron condenados. Esta nueva sentencia fue un mazazo para muchas organizaciones sociales en España.

Lo primero que tiene que quedar claro en este caso, es que ella era una menor y los agresores no. Por tanto, en lugar de que los tres le dijeran: mira niña, vete para tu casa o a jugar con tus amigas, se aprovecharon de su superioridad y la agredieron sexualmente. Eso es lo que, en esencia, pasó. Y la interpretación de la ley, que otrora  y a menudo, disculpaba a los agresores y responsabilizaba a la víctima, ahora, probablemente por una mayor sensibilización social, ha actuado con una contundencia desconocida. Sentencias mediáticas como la de la manada de Pamplona o la de Manresa, también tuvieron un impacto social relevante.

En esas circunstancias, hablar de consentimiento de ella y de una decisión consciente de con quién sale, tener o no relaciones sexuales y de qué manera, está fuera de lugar. Sin entrar en el debate de la sentencia, que hay que acatar, y dado que desde diferentes sectores se ha responsabilizado a la menor de lo ocurrido, tildándola entre otras perlas, de epítetos como guarra, fácil y frívola, quisiéramos hacer una reflexión sobre la preparación en sexualidad que tienen chicos y chicas a esas edades.

Sabemos que, a los 15 años, un grupo importante de chicos y chicas tienen relaciones sexuales. Sin embargo, a esa edad, pocos de ellos/as tienen las ideas claras respecto de esas relaciones. Otra cosa es lo que les parezca lo contrario, cuando les preguntamos sobre ese particular. Cada cual ha aprendido como buenamente ha podido, porque es un tema que les interesa sobremanera, tanto o más como ser reconocidos por el grupo.

Las redes sociales están presionando de tal manera a estos jóvenes que, con frecuencia, caen en el engaño de confundir reconocimiento personal con varias decenas de likes más en su cuenta de Instagram, una red social que tienen una alta responsabilidad es fomentar esta peligrosa quimera. Quieren ser populares, guapos/as y felices, como los que aparecen en esas redes, siempre sonrientes. Y destacar como ellos.

En esta etapa, se necesita algo de seguridad, algo donde agarrarse, y si un chico (o dos) joven y guapo, mayor que tú, encima famoso y del que todo el mundo habla, te tira la caña y te promete el oro y el moro, bueno, pues te vas a dar una vuelta con él, incluso ir a una fiesta a su casa con unos amigos, también jóvenes, guapos y famosos. ¿Cuántas chicas de esa edad irían? ¿O su cantante favorito le invita a su camerino? Hemos conocidos casos de chicas de estas edades, obesas, con baja autoestima, que hacen cualquier cosa por parecerse a sus amigas de cuadrilla y tener novio a costa de lo que sea. Pero también nos preguntamos ¿Cuántos chicos la invitarían?

Y ya en la fiesta, tu sola, con esos tres tíos estupendos, – una fiesta un poco rara, la verdad porque solo había 4 personas con anhelos y expectativas bien diferenciadas – donde no puede faltar el alcohol y muchas risas, un tanto forzadas y de compromiso. Y sobre todo mucha presión psicológica, TRES adultos a UNA menor, sin tiempo de analizar donde se ha metido, de a ver quién se vuelve atrás… y a lo mejor en ese momento de descoloque, cerrar los ojos y tirar “pa lante” y hacer lo que le pidan. ¿Cuántas chicas han pasado por esto? Incluso, tal vez, pensando la manera de contar la hazaña de lo ocurrido. De hacer cosas que hacen los mayores, cosas muy flipantes como sexo en grupo y provocar la admiración de los iguales. ¡Fíjate, que guay, te los has hecho con tres!

Con todo, hay que destacar la evidente intimidación de ellos y, seguramente, aunque tratara de ocultarlo, el miedo de ella. Algo, probablemente, muy corriente a los 15 años.

Los afectos son unos aliados y, a su vez, una trampa, para quienes urden objetivos oscuros: Si tu novio del que estas locamente enamorada te pide no usar condón, tú a lo mejor le haces caso, si te pide esnifarte una raya o un tripi, a lo mejor te lo tomas. Si te pide que le hagas una felación a un amigo, tal vez se la haces porque te lo pide él. PORQUE TE LO PIDE ÉL. Algunas chicas enamoradas, están como abducidas y no ven sino por los ojos de su enamorado.

Con todo, en esta sociedad enseguida se aprende que, con el coqueteo, la seducción, el ligue, se pueden conseguir ciertas cosas más fácilmente y llamar la atención… para luego contarlo y subirlo a las redes como es práctica habitual de esta generación y sumar likes a la cuenta. Nada nuevo bajo el sol, excepto que Internet ha provocado un cambio espectacular en la velocidad y en la profundidad del mismo.  Claro que, en estos tiempos, puede que haya más depredadores al acecho, machitos a la caza de un bomboncito que-parece-que-lo-está-deseando. Bueno, estas situaciones siempre las ha habido, solo que ahora la cosa va más deprisa y, por tanto, con mayor riesgo de equivocarse.

Y con la finalidad de conseguir ese objetivo, de ser reconocida, de ser guay, de sentirse el centro de atracción… se toman decisiones equivocadas. Sobre todo, si estás con hombres que no desaprovechan ninguna oportunidad, sea la que sea. Ni una sola. Que levante la mano aquel/la que a los 15 años no metió la pata hasta el corvejón, que se hicieron ciertas cosas de manera impulsiva, sin pensar en las consecuencias.Y eso que antes no había Twiter o Tumblr y una docena más de plataformas de mensajería y comunicación virtual, para buscar reconocimiento a una edad donde las certezas están por venir.

Sin una adecuada educación sexual en casa y en la escuela, internet se convierte en su principal fuente de información sexual, como hemos advertido en estas mismas páginas en otras muchas ocasiones, cuando no las películas pornográficas.  Y sabemos que, cada vez más y más pronto, tienen relaciones sexuales. Nos guste o no, es así.

Y, a veces, se tienen de cualquier manera, en circunstancias poco adecuadas, con consumo de alcohol y porros… porque la impulsividad, y también hacerlo sin pensar gran cosa, son rasgos comunes a estas edades. El resultado no puede ser muy bueno. Y así ocurre tantas y tantas veces.

A esta edad se están construyendo a sí mismos, experimentando, arriesgando, en un entorno complejo, descubriéndolo todo, con los ojos como platos, y algunas de las decisiones que puedan tomar son fruto de un atolondramiento, de hacer lo que otros hacen en las redes, de ser más guay si cabe, de destacar en los likes del postque sube a Instagram… más que de una decisión tomada reflexivamente. Pedirle a estas niñas y niños una gestión responsable de sus emociones y de sus impulsos – que salen a borbotones y que en ocasiones se le imponen -, es pedirle peras al olmo, porque sabemos que solo pueden lograrse desde la formación y la experiencia

Por supuesto ellos/as están convencidos de la bondad de sus comportamientos, de saberse en posesión de la verdad y de que ya son mayores, para hacer lo que hacen los mayores.

Sin embargo, al hablar de la prevención de esta lacra de las agresiones sexuales a mujeres, consideramos que solo con el castigo penal no se resuelve el problema. Es cierto que una elevada pena de cárcel, lo puede desincentivar en determinados casos. Pero hay más factores a considerar.

Este caso es una nueva bofetada a la sociedad que deja a merced de internet y del porno la educación sexual de sus pequeños/as. Hace mucha falta educación sexual profesional y científica desde primaria. Y mucha en la familia. De haberla tenido, tal vez – digo tal vez – ella no habría ido sola a una fiesta en una casa, con tres chicos mayores o les hubiera dicho asertivamente NO. Y ellos en lugar de aprovecharse, de verla como un agujero con patas, – porque lamentablemente para algunos hombres, las mujeres son solo eso – habrían tenido empatía y no la habrían invitado a la fiesta o le hubieran dicho: vete a tu casa o vete con tus amigas. Era lo que tendría que haber ocurrido, en lugar de este desastre que, al menos, ha destrozado cuatro familias, probablemente, de por vida.