La normalización del consumo de porno en nuestra sociedad está provocando nuevos y significativos cambios en las actitudes y conductas de nuestros jóvenes. No en vano la poderosa industria del porno trata de influir en los retoños consumidores, generando una nueva estética corporal: cuerpo y vello rasurados, silicona por doquier, cejas pintadas, tatuajes, piercings…etc., sino también modelos de conducta a seguir. Los actores/actrices porno son verdaderos influencers en menores y jóvenes, tienen sus propios canales de Youtube, juegan con ellos una partida al Fortnite, páginas web y RRSS. Son entrevistados en programas cool, en time prime, como la Resistencia o Late Motiv y en revistas dirigidas a población juvenil. Follan, son famosos, ganan pasta.

Y las chicas no se quedan atrás: camgirl y subir vídeos y fotos a Onlyfans cobrando por ello. La nueva pornografía que va a abrir una puerta a nuevas formas de prostitución. Mientras, la sociedad, mirando para otro lado. Algunos chicos y muchas chicas tienen la batalla perdida. ¿Qué más se puede pedir en tiempos de crisis socioeconómica? Pan comido. Así, cualquiera. Caerán en las redes. Poco nos pasa. Estamos haciendo una generación de #niñosyniñaspornograficos

Cambios en prácticas sexuales

En consecuencia, parece indudable que la pornografía está cambiando no solo la estética corporal o las actitudes ante el sexo, sino también y sobre todo las prácticas sexuales de adultos y jóvenes. Centrémonos en una práctica que se está convirtiendo en paradigma de estos cambios: la penetración anal.

La penetración anal parece normalizarse en la población juvenil, también en los adultos menores de 40 años, a pesar de que muchas chicas la viven como dolorosa, arriesgada y coercitiva. Diferentes investigaciones constatan que además existen creencias erróneas como “a la gente debe gustarle si lo hace” o “duele solo al principio”, por lo que se espera que los chicos persuadan o coaccionen a las chicas remisas a practicarla. 

Es paradójico constatar que pocos jóvenes informan de sentir placer en el sexo anal y tanto chicos como chicas esperaban que esa práctica fuera dolorosa para ellas. Parece que el mutuo acuerdo no es un elemento relevante y prioritario para los varones. Se cree que, aunque al principio es inevitable el dolor, incluso producir lesiones a la chica, “hay que seguir adelante hasta que se cansen y te permitan hacerlo de todos modos”.

Da la impresión de que la coerción forma parte de la penetración anal, es decir parece estar normalizada o al menos no es puesta en cuestión. Es un precio que ella tienen que pagar. También se señala la penetración “accidental”, no consensuada, como una maniobra prevista.

El acoso y la presión de los chicos hacia las chicas para que se presten al sexo anal parece también entrar dentro de la normalidad. En realidad, de lo que se trata es de persuadir a su pareja para que lo haga, porque es algo que le gusta a la mayoría de las chicas y a todas las actrices porno.

Una idea más: el sexo anal se ha convertido en un elemento de prestigio y popularidad entre los varones, (“le rompí el culo”), al hilo de muchos títulos de las películas pornográficas, por lo que conseguirlo y contarlo es una expectativa atractiva, siendo recompensada luego por el grupo, con la contrapartida de la reputación de las chicas. Esto incrementa la presión en ellas que tienen que fingir que disfrutan y que eligen esas prácticas so pena de ser estigmatizadas por el grupo de chicos y chicas.

Este es un logro más de la conducta reiterada que exhiben las películas porno con ciertos grados de violencia: que las chicas son capaces de elegir implicarse en prácticas sexuales que forman parte del imaginario sexual masculino aun a costa del dolor, de la experiencia traumática y de posibles lesiones.

Sorprende la frialdad con la que los chicos abordan el dolor de ellas, considerándolo inevitable, o que tampoco plantean cambios en las técnicas (lubricación, penetración más lenta..)para aminorar las molestias.

Como es sabido la mayoría de los jóvenes españoles, antes de los 16 años consume porno habitualmente, desde la edad de 8 años. En estos vídeos son frecuentes las prácticas sexuales violentas como asfixiar, dar azotes, escupir, atar…, constituyendo una guía fehaciente de lo que hay que hacer cuando estas con una chica. En los films observan como el actor y la actriz disfrutan realizando ese tipo de prácticas y, mientras el joven las ve, se excita, se masturba y obtiene un placer intenso que refuerza la conducta y tiene de a repetirla. El placer sexual es el refuerzo natural más importante de la conducta. Los vídeos porno, en su mayoría, erotizan la violencia del hombre sobre la mujer. La normalizan y la legitiman. Las consecuencias ya se están viendo y eclosionaran en los próximos años.

Consecuencias en la salud

Hay pruebas científicas sobradas de que el consumo de pornografía genera adicción, alteraciones cerebrales, disfunciones sexuales, baja autoestima corporal y personal, promoviendo conductas sexuales irresponsables, entre otros problemas de salud:

1. Crea adicción, una adición comparable a otras adiciones como las drogas, los vídeo juegos o las apuestas on line.

2. Produce alteraciones cerebrales, en la sensibilización en los circuitos prefrontales, en el funcionamiento del sistema de estrés y en el eje hipotalámico pituitario suprarrenal.

3. Genera problemas sexuales: menor excitación a los estímulos sexuales, disfunciones sexuales, menor satisfacción sexual o de pareja y conflictos en relación de pareja / separaciones.

 4. Su consumo está asociado con trastornos mentales, emocionales y cognitivos.

5. Quienes consumen, tienden a adoptar “actitudes sexistas, no igualitarias” hacia las mujeres. Refuerzan creencias sexistas y presentan una mayor tolerancia de la violencia sexual hacia las mujeres.

6. Tienden a tener mayor insatisfacción corporal, sentirse objetos y mayor número de creencias sexuales negativas.

7. El contenido violento puede ser un factor exacerbante de las agresiones sexuales a mujeres.

8. Afecta a la capacidad de sentir y expresar emociones y sentimientos en las personas y en las parejas.

9. La imagen que ofrece de la mujer, y la del hombre, son lamentables e inaceptables.

10. Promueve conductas sexuales irresponsables: riesgos de salud reproductivos: embarazos no deseados, Infecciones sexuales… no usan preservativos ni la más mínima higiene sexual. Desde la ética sexual, la libertad es la esencia de la sexualidad, del deseo y del mutuo acuerdo. La mercantilización del sexo, menoscaba esa libertad y, tanto en la pornografía como en la prostitución, la opción libre y sin presión, q arguyen algunos/as, es una quimera en muchos de los casos.

Es absolutamente necesario que la educación sexual incluya estas cuestiones en sus contenidos, para evitar una generación de #niñosyniñaspornográficos. Sin embargo, en España es una asignatura pendiente todavía. ¿Cuánto sufrimiento innecesario, gratuito, necesitamos aún, para legislar e implementar programas educativos en todos los niveles de enseñanza? ¿Cuántos destrozos emocionales y afectivos tendrán que ocurrir todavía en nuestros menores y jóvenes?