La migración es un fenómeno que acontece en la mayor parte de las sociedades que constituyen nuestro planeta, pero es en esta última etapa de la historia cuando ha cobrado mayor relevancia por múltiples motivos. Establecer un perfil característico de la persona migrante es un error, puesto que constituyen un grupo muy heterogéneo.

Son muchas las variables que pueden influir positiva o negativamente en la salud mental de la persona que migra. Algunas de estas variables puede ser: la edad a la que se realiza la migración, las condiciones en las que se hace, la ocupación y/o nivel educativo de la persona, el género, las causas que motivan ese cambio de vida, etc.

En los últimos años, se han desarrollado numerosos estudios e investigaciones en las que se han observado que hay algunos problemas que tienen cierta tendencia a ser comunes entre esta población en concreto.

La mayor parte de estos trastornos tienen lugar por el estrés que causa este cambio de vida, aunque también es frecuente manifestar sintomatología de otras alteraciones relacionadas.

De esta forma, podemos concluir que la psicopatología íntimamente relacionada con el proceso migratorio estaría constituida por:

  • Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT): se da sobre todo cuando la migración ha de producirse por acontecimientos graves que comprometen la integridad física de la persona o sus familiares. Se encuentran altas tasas de TEPT, por ejemplo, en los grupos de refugiados que deben abandonar sus países de origen por la represión y tortura de las guerras y conflictos que suceden en la zona del mundo de la que proceden.
  • Trastornos Adaptativos: como es de esperar, la acomodación a un nuevo país supone la integración cultural en un modo de vida diferente, así como de costumbres y normas sociales que no son las que hemos aprendido en nuestra vida anterior. Por tanto, es común que se produzca un “estrés de adaptación sociocultural”, que puede provocar en la persona migrante el malestar suficiente como para necesitar ayuda clínica en su reajuste vital. Autores como Achotegui (2004), han definido a este conjunto de estresores como “el síndrome de Ulises”.
  • Trastornos Somáticos: se ha observado que muchas de las personas que abandonan su país de origen, acuden a solicitar ayuda médica manifestando síntomas y signos que son muy inespecíficos y que encajan fácilmente con un proceso de somatización. Hablamos de síntomas tales como cefaleas, fatiga, alteraciones del tránsito intestinal, dolores abdominales, etc.
  • Trastornos del Estado de Ánimo: está claro que, aunque la migración se haga con la expectativa de una vida mejor, este proceso conlleva un número de separaciones y duelos que harán de dichas pérdidas personales los motivos fundamentales por lo que se pueda desarrollar una sintomatología depresiva, por ejemplo.

Estos son sólo las alteraciones más frecuentes, pero no las únicas. El óptimo desempeño profesional debe pasar por una evaluación exhaustiva en la que se han de tener muy en cuenta las características personales e historia del paciente, así como por una intervención adecuada y desligada de prejuicios relacionados con la cultura imperante en el país de origen de la persona que nos pide ayuda.

Referencias consultadas: Mesa Cid PJ, Rodríguez Testal, JF. Manual de Psicopatología Clínica. Ed.: Pirámide. 2011; 607-624.