Anteriormente hablamos de cómo un estado mental alterado (Cómo afecta el estrés a mi salud física) puede afectar negativamente sobre nuestra salud física y vimos, de una forma muy generalizada cuáles podrían ser esas repercusiones…

Además de afectarse de alguna forma los diferentes órganos y sistemas de nuestro cuerpo, uno de los más deteriorados como consecuencia de la inquietud o malestar psicológico es el corazón. Y lo cierto es que dicha inquietud o malestar puede encontrarse tanto como desencadenante de afecciones cardíacas como consecuencia directa de las mismas. Hoy hablaremos de cuáles son aquellos factores psicológicos que pueden influir considerablemente, junto con otros factores, en el desarrollo de enfermedades cardio-coronarias.

En nuestro país (España), las enfermedades cardíacas siguen siendo la primera causa de muerte en la mujeres ocasionando alrededor del 50% de fallecimientos, y la segunda en hombres, cuya principal causa de muerte es el cáncer.

Como sabemos, existen varios factores biológicos que pueden condicionar el estado de nuestro corazón, como pueden ser la edad, el peso, los niveles de colesterol, la presión arterial… Pero también existen factores psicológicos que nos predispondrían a alguna afección de tipo cardíaco.

¿Cuáles son?

  • Patrón de conducta tipo A. El patrón de comportamiento por el que se rigen estas personas está caracterizado fundamentalmente por la hostilidad, la impaciencia, la implicación en el trabajo a niveles perjudiciales… En un primer momento se estableció que este tipo de personalidad per sé desencadenaba algún problema de corazón consecuencia del estado emocional imperante, pero más tarde se descubrió que de todas las características era la hostilidad lo que predisponía a los infartos. Pero la hostilidad no es un factor de riesgo independiente sino que está relacionada con la hipertensión, la diabetes y el sobrepeso.
  • Ira. Es esta emoción la que está directamente relacionada con mayores efectos coronarios. Es, además, el desencadenante principal de episodios de infartos. De hecho, se ha comprobado que a las dos horas aproximadas de un episodio de ira aumenta la probabilidad de infarto. Una opción de tratamiento podría ser la participación en programas para el control de la ira, pero hasta el momento no se ha comprobado que esto se traduzca en mejoras clínicas.
  • Ansiedad. Tiene efectos sobre la salud coronaria tanto de forma directa como indirecta: se producen cambios de alimentación, alteraciones de sueño, consumo de sustancias, etc. Es un predictor independiente que precipita un fallo cardíaco y que, como en el caso de la ira, se puede controlar mediante programas desarrollados para tal fin.
  • Depresión. Puede considerarse como otro importante predictor. Padecer una depresión, por ejemplo, es más perjudicial para nuestro corazón que ser fumador pasivo, aunque menos que ser fumador activo. Las vías por las que la depresión influye en la salud coronaria son las mismas que en el caso anterior: cambios de alimentación, el sueño, el ejercicio físico, el consumo de sustancias, etc. Aquellos que han sufrido un infarto y están deprimidos tienen mayor probabilidad de sufrir otro que aquellos que no tienen depresión. El apoyo social con el que la persona cuenta influye en la expectativa de vida y, por tanto, en su salud mental y coronaria.

Una de las variables que más debemos controlar para cuidar nuestra salud cardíaca es la hipertensión arterial y, por ello, se recomienda la implantación de tratamiento psicológico para la hipertensión como adyuvante, es decir, que se presente junto con otro tratamiento médico. En un estudio realizado en 2008, se comprobó que los ejercicios de relajación ayudaron en la reducción de la presión arterial de la misma forma que pueden ayudar otras medidas no farmacológicas como la dieta, el ejercicio físico o la restricción de sal.

Parece claro que los tratamientos psicológicos pueden contribuir a la mejora de la calidad de vida y a la reducción de estrés de los pacientes, lo cual puede llevar a mejoras en las hábitos de salud. Pero, lo que es más importante, es que debemos ser conscientes de la magnitud del problema y seguir de forma rigurosa las instrucciones y recomendaciones de nuestro médico.