La creciente pandemia que castiga al mundo hoy se manifiesta en 15 países de Latinoamérica, incluyendo a la Argentina. A pesar de su expansión, el número de casos sigue siendo relativamente bajo en relación a los documentados en los continentes como Asia y Europa. Aunque las primeras manifestaciones de estos casos en Latinoamérica se contrajeron en el extranjero, según la OMS ya se han registrado varias muertes en al menos 5 países de la región.

Todo esto representa una razón más que suficiente para que los argentinos adopten una conducta alarmista caracterizada por compras compulsivas como una respuesta ante una situación compleja e inquietante. La incertidumbre ante una amenaza fantasma que atenta contra nuestra esperanza de vida desemboca en un abastecimiento irracional que puede producir más que la escasez de productos.

¿Qué define a este tipo de comportamiento y cómo evitarlos?

Exceso de información: Manejar sabiamente los grandes volúmenes de información. La ansiedad surge en este contexto como una repuesta anticipatoria ante una posible amenaza sobredimensionada e inevitable, donde parece no haber una salida. La racionalización  y administración de la información veraz del problema resulta un recurso efectivo para minimizar estas ansiedades, evaluando críticamente la situación.

Pérdida de sensación de control: la presencia de pensamientos de índole negativos con carga dramática alimentan nuestra sensación de fragilidad. El correcto proceder sería comprar lo justo y necesario, pensando no sólo en el otro lejano, sino teniendo en cuenta en aquellos que también son parte de mi núcleo cercano y pueden también necesitar ciertos productos para protegerse.

Ambiente opresivo y estresante: situación de gran tensión compartida que implica una interrupción abrupta del transcurso habitual de nuestras vidas puede afectar considerablemente nuestra estabilidad emocional. Una posible salida es alejarnos de éstas mediante la práctica de actividades placenteras que nos mantengan ocupados (leer, ver una película, escuchar música, etc.).                      

Atracción por los estímulos de consumo: la conducta de consumo es percibida como habitual y responde al estímulo publicitario, más allá de que la compra de determinados objetos no sea verdaderamente necesaria. Una respuesta adaptativa sería comprar simplemente aquellos productos que sean de primera necesidad, aprovechando el tiempo de resguardo como una oportunidad para minimizar los gastos.  

Recurramos a la empatía pensando al otro como si fuera parte de nuestra familia. Llevemos a cabo acciones preventivas teniendo en claro que la mejor manera de protegernos, es proteger a los otros.