Son más de 700.000 los fallecidos en el mundo a causa del coronavirus y es aún mayor el número de los que no han podido despedirse de los suyos. Velatorios vacíos, muertes en soledad sin el acompañamiento familiar dan lugar a nuevos duelos con despedidas ausentes.

La situación de aislamiento necesario produjo una ruptura en cuanto a la manera en que procesamos nuestra vida. Cuestiones de la vida cotidiana que antes estaban en un segundo plano, han tomado por asalto nuestra atención en el día a día, como la necesidad de los vínculos interpersonales, la noción de soledad e incluso la muerte. En un contexto donde la mortalidad ha tomado protagonismo gracias a un virus qué por el momento, si bien hay mucho avance en el desarrollo de una vacuna, no la tiene. La imposibilidad de poder despedirnos de seres significativos ante el distanciamiento obligatorio evidencia la ausencia.  La falta de la ritualización necesaria de un adiós nos quita la posibilidad de procesar esa pérdida.

El futuro de la psicología incorpora a la tecnología como un recurso que empodera al paciente, al igual que otras disciplinas de la salud. Los avances tecnológicos surgen como aliados en la construcción de nuevos procesos de abordaje a las nuevas problemáticas existentes.

¿Puede la tecnología ayudar a lidiar con esas pérdidas?

La inclusión de la realidad virtual no es un recurso novedoso, aunque aún queda un largo camino por recorrer. Dentro del ámbito de la salud mental, se utiliza en el abordaje de trastornos de ansiedad y alimenticios, arrojando buenos resultados.

En este contexto de aislamiento, la realidad virtual es una forma de simulación inmersiva que permite romper la barrera del distanciamiento. Facilita un contacto cercano y fluido en un entorno virtual sin correr ningún riesgo. Transporta a los usuarios a un mundo donde todo es posible, incluso la presencia de aquellos que ya no están.

El dolor es parte del proceso de duelo y es necesario e inevitable para poder transitarlo satisfactoriamente. Indudablemente si no se enfrenta ese dolor, la experiencia virtual podría evidenciarlo y enquistarse, dificultando el transcurso de una vida saludable.  Un proceso de pérdida es individual y ese dolor se gestiona de forma privada.

¿Dejar ir o mantener el vínculo?

La negación es una primer parte del duelo y a medida que se supera, se asume esa pérdida. No asumir esa ausencia representa una incapacidad para despedirse. La aceptación de la ausencia de aquellos que fallecen abruptamente hace más prolongado el proceso de duelo. Las consecuencias emocionales en el procesamiento de despedida y duelo son devastadoras sin empatía ni contención de nuestro círculo cercano.

Más allá de las apreciaciones y logros evidenciados por esta tecnología, no existen muchos estudios actuales sobre su uso en el proceso del duelo. Innegablemente es un recurso en desarrollo que transformará nuestra forma de ver la realidad y procesar nuestras pérdidas.

 Este desafío convoca al desarrollo de estudios que evidencien científicamente su beneficio socialmente., minimizando las consecuencias negativas de su uso. Sin dudas iremos hacia una inclusión progresiva de estas propuestas como un ayuda y un complemento a la terapia psicológica.