Aunque de primeras parezca un término que expresa connotaciones positivas, si analizamos su relación con la violencia de género entenderemos que está lleno de matices negativos y erróneos. Con el término “Cultura del Honor” estamos haciendo referencia a aquellos patrones culturales que suelen desarrollarse en grupos humanos en los que reinan condiciones de gran inseguridad, que entienden diferencias entre los grupos sociales y que sientan como base una gran importancia a las estructuras sociales tradicionales, donde el peso de la opinión pública supone un importante estamento social. La persona vale lo que vale su reputación y su defensa será su objetivo más importante. En esta línea,se entendería que los hombres serían los encargados de cuidar a la familia y proteger a las mujeres de la misma, llegando esta protección, en el peor de los casos, a anularlas, humillarlas y pasar a ser simplemente una propiedad. Para justificar esta “guarda del honor” todo vale, por lo que el uso de la violencia es normal y está justificado en aras de preservar la reputación familiar.

No se puede tomar esta variable como aislada y única, ya que se trata de una de las muchas que en los últimos años han sido evaluadas y estudiadas en relación con la violencia de género. De este modo, hay que tener en cuenta también un fuerte componente emocional que incide directamente con las creencias y justificaciones que realizan quienes maltratan a sus parejas.

Es incierto y totalmente injusto, dar por sentado que todos (y solo) los hombres se rigen por este tipo de pensamiento. Afortunadamente, son cada vez menos aquellos que siguen mostrando actitudes propias del medievo, si bien es cierto que seguir luchando por terminar definitivamente con esta lacra es una lucha a la que todavía le quedan, por desgracia, muchos pasos que dar.

Aclarado este punto, es necesario también destacar la dificultad que supone en muchas ocasiones llevar a cabo un trabajo de integración en la sociedad, puesto que quienes forman parte de este tipo de “cultura” niegan tener problemas de salud mental o control de la ira. Reconocerlo sería interpretado como un signo de debilidad, así que aceptar un tratamiento (farmacológico y/o psicológico) no entra dentro de sus opciones. Esto podría explicar por qué las tasas de suicidios entre estos hombres son relativamente altas.

Para estudiar las diferencias en cuanto a la aceptación dela violencia contra la mujer, en función del tipo de cultura, se realizó una comparación entre un país con una cultura del honor y otro con una cultura de no honor, teniendo en cuenta por un lado percepciones y reacción de celos de un hombre que ve a su pareja paseando con un compañero de trabajo; y por otro, la reacción de un hombre ante una infidelidad probada y verdadera. “Los resultados muestran diferencias culturales en la forma de responder a los celos, y que esta diferencia está mediada por los valores de honor, permitiendo las culturas del honor esta violencia de género en comparación con las culturas de no honor, por considerar que la reacción violenta del hombre era aceptable y que de esta forma se demuestra más amor hacia su esposa, en comparación con los hombres de culturas de no honor, que no consideraban esta reacción como la más adecuada”. Por tanto, parece evidente que un trabajo contra este tipo de creencias y patrones conductuales debe estar basado en la prevención y educación en valores que enseñe a niños y niñas que ningún género está supeditado al otro en ningún sentido.

Referencias:

Miravalles, J. La Cultura del Honor. http://www.javiermiravalles.es/Cultura%20del%20Honor/La%20Cultura%20del%20Honor.html

Morales JF, Gaviria E, Moya MC y Cuadraro I (2007). Psicología Social. Página: 811. Mc Graw Hill. Madrid.

Pérez, JI. Culturas del Honor. https://culturacientifica.com/2017/04/30/honor/

Torres Fúnez E y López Zafra E (2010). Diferencias en Cultura del honor, inteligencia emocional y pensamientos distorsionados sobre las mujeres. Boletín de Psicología, Nº100, Noviembre 2010.