La película Her, interpretada por Joaquin Phoenix, centra su historia en un hombre que establece un vínculo amoroso con un sistema artificial llamado Samantha. En la ficción, se observa en detalle la complejidad de las relaciones afectivas, incluso entre un ser humano y una máquina.

Hoy, nuestra interacción con máquinas es cosa de todos los días. Son incontables los dispositivos que tienen mando de voz para que podamos llevar a cabo una determinada acción sin necesidad de escribir. Todos ellos creados con el objetivo de simplificar nuestras vidas.

GATEBOX, por ejemplo, es un producto Smart lanzado en el 2016 que permite una interacción oral con un asistente virtual llamado Hikari. Es capaz de mantener una conversación con el usuario e incluso responder a determinadas preguntas de forma específica. También puede apagar las luces, regular la temperatura del ambiente e incluso reproducir nuestra música preferida.

Sin embargo, estas ventajas de la tecnología Smart podrían ser la excusa perfecta para aquellos que evitan sistemáticamente establecer lazos sociales, encontrando así en este tipo de dispositivos un sustituto que pronuncie la dependencia al trabajo y minimice el intercambio social en un entorno real con los otros.

La fobia social: cuando evitamos conectar

Nos referimos a la fobia social como un miedo exacerbado que se hace presente en momentos de interacción con otros. En esas situaciones, la persona tiene la creencia de que actuará de manera inadecuada, lo que la llevará a ridiculizarse. Esta percepción de la situación como embarazosa se manifiesta físicamente a través de sudoración, taquicardia, temblores o rubor. Su expresión es evidente y percibida por el resto.

Generalmente, los encuentro sociales, reuniones numerosas o cumpleaños pueden ser ocasiones en las que el individuo pueda manifestar esta incomodidad, por lo que tratará de evitarlas.

Dentro de este contexto, la tecnología mediante la utilización excesiva de estos dispositivos podría fomentar la cronicidad de estos temores. Con el tiempo, su manifestación se haría más evidente mediante una disminución del rendimiento académico o laboral, que llevaría a los individuos a una interrupción total del intercambio con sus pares. En muchas ocasiones, pueden afrontar globalmente las situaciones sociales temidas, pero sin implicarse.

Los vínculos y su vulnerabilidad

Según Arakawa Kazuhisa, escritor e investigador graduado en Derecho en la Universidad de Waseda -Tokio, Japón-, casi la mitad de la población japonesa será soltera para el 2040. Es posible que esta tendencia haya sido tenida en cuenta a la hora de presentar a Hikari formalmente.

Los asistentes virtuales son una alternativa para todos aquellos que evitan relacionarse con personas nuevas sin temor a ser rechazados. El miedo a decir algo inadecuado o quedar en ridículo desaparece por completo.

Arriesgarnos a estar vinculados emocionalmente con un otro nos hace vulnerables. Ese depósito de confianza profundiza el grado de aceptación mutua, asumiendo nuestros defectos y permitiendo el amor y la construcción mediante el reconocimiento de los blancos y negros. Aceptemos nuevas formas de acercamiento sabiendo que no reemplazan los espacios tradicionales.