Dentro de la dinámica del abuso sexual infantil es de suma relevancia conocer el efecto de dichos actos en niños, niñas y adolescentes, sin embargo para llegar a lo anterior es importante conocer qué piensan los niños o qué conocimientos poseen ellos en torno a la dinámica del abuso. Frente a lo anterior Díaz, Faivovich, Latorre, Brieba, Cabrera, Carrasco & Vivanco (2012) abordan de forma sistemática dicho punto, considerando que proyectan de forma clara y oportuna la noción de abuso en el imaginario de los niños y adolescentes, dejando entrever qué entienden ellos por abuso y qué amenazas pueden percibir tanto del medio intrafamiliar como extrafamiliar.

Queda en evidencia en el estudio de Díaz et al (2012) que niños y adolescentes logran asociar la palabra “abuso” a manipulación emocional o exhibición a material de carácter sexual no adecuado como también a la violencia física, mostrando índices evidentes que gran parte de los niños y adolescentes identifican dicho concepto a través de aquellas manifestaciones, siendo lo anterior un antecedente positivo para lograr establecer pautas de autocuidado desde el conocimiento tanto implícito como explícito de la dinámica abusiva.

Frente a lo indicado, también queda de manifiesto que los niños y adolescentes piensan que el abusador sexual posee conductas totalmente “anormales” catalogándolos incluso como “locos”; no obstante aquello es una creencia irracional que dada la información colectiva suele entenderse de esa manera, conllevando a que no sólo los niños y adolescente lo reflexionen así sino que también los adultos, sin embargo, es relevante aclarar que los abusadores sexuales están conscientes de sus actos, manteniendo su juicio de realidad sin alteraciones, evidenciando una conducta incluso normal de interacción y de inclusión en los ambientes donde ellos desean desenvolverse y permanecer en pro de sus beneficios personales.

Lo anterior se evidencia según lo que plantea Maffioletti & Huerta (2011), indicando que los agresores sexuales, en su mayoría, no presentan alteraciones del juicio de realidad que los hagan inimputables ante la ley, considerando que dichos agresores se van diferenciando en el accionar de la conducta ilícita, mientras unos son de dedicación exclusiva a niños, otros logran llevar a cabo sus impulsos sexuales en otros contextos y con otros tipos de víctimas acentuando lo que los autores manifiestan como la proyección del impulso sexual.

En conjunto a lo anterior es bueno tener presente que el porcentaje de agresores sexuales masculinos es mayor al femenino y que, si bien no existe un perfil único del agresor sexual sí es relevante indicar que se pueden observar variadas características que se han repetido en torno a este tipo de agresores, por ejemplo: habitualmente es una persona cercana a la familia, que presenta interés por estar cerca de los niños o compartir con ellos;  complicaciones en la personalidad, falta de empatía, baja tolerancia a la frustración y presencia de indicadores antisociales entre otros. Frente a lo expuesto, es relevante conversar y conocer la opinión de niños y adolescentes ante la temática porque lo surgido en estas conversaciones servirá como puentes para la construcción de estrategias de autocuidado.

En una próxima entrega abordaré la temática del autocuidado en relación al abuso sexual infantil para niños y adolescente, teniendo como base el juego y lo lúdico como estrategia principal.

Referencias

  • Centro de estudios de la niñez, Corporación Opción y Fundación para la Confianza. (2012). Abuso configuración y supervivencia: Representaciones sociales de niños y niñas y el relato de adultos sobrevivientes de abuso sexual en su niñez. Chile: Díaz, C.; Faivovich, A.; Latorre, S.; Brieba, C.; Cabrera, L.; Carrasco, M & Vivanco, S.
  • Maffioletti, F. & Huerta, S. (2011). Aproximación fenomenológica de los delitos sexual en Chile. Revista Jurídica del Ministerio Público de Chile,n°1.

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