Al mencionar la palabra “trastorno”, en ocasiones, puede que, entre los mismos profesionales del ámbito de la salud, inmediatamente surjan algunas imágenes de hospitales psiquiátricos con pacientes deambulando sin sentido alguno, o imaginen a una persona en un estado depresivo ingiriendo medicamentos. No sería raro, ya que estas dos maneras pueden llegar a suceder, pero eso no significa que sean algo generalizable porque cada persona vive y experimenta su malestar físico y mental de manera única. No se debe dejar de lado la singularidad.

Antes de abordar directamente a lo que se ha nombrado desde la psiquiatría como “Trastorno de conversión”, es necesario comprender un poco más a las palabras “Trastorno“ y “Conversión”, para que los prejuicios y la “habitualidad” que ha ocasionado la moda “neuroquímica” no nos orille únicamente a la percepción de sólo la mirada psiquiátrica, desde la cual predomina una alteración de lo neuroquímico, sino también, que se pueda tratar y relacionar el tema desde la psicología o el psicoanálisis y tomar en cuenta otros factores. Este trabajo trata sobre una intervención psicológica con una paciente con el diagnóstico de “Trastorno de conversión” a la cual en un principio le habían suministrado fármacos por la sintomatología que presentaba, pero no respondió a ninguno como esperaban los médicos (los médicos emitieron el diagnóstico), sin embargo, respondió favorablemente a la intervención psicológica. Me atrevería a decir, a una intervención que también en parte se llevó a cabo desde una lectura psicoanalítica, ya que la mayor parte del material surgido en sesión se relaciona estrechamente con la cuestión onírica y lo inconsciente, es decir, para este caso se puede abordar la parte consciente e inconsciente. Una posible mirada desde la Psicología como desde el Psicoanálisis.

A manera de introducción, según la Real Academia Española (RAE, 2018), hay tres maneras de concebir la palabra trastorno: 1. Como acción y efecto de trastornar, 2. Como alteración leve de la salud, 3. Como enajenación mental. Y desde la Psicología: “Perturbación de las funciones psíquicas y del comportamiento”.

En el diccionario de psicología de Howard C. Warren, se puede encontrar que no está como tal la palabra trastorno, pero sí están otras con las que se puede hacer referencia al trastorno de conversión. La primera de ellas, como Trastornos psicógenos, que son “alteraciones de la conducta que no se atribuyen a cambios fisiológicos, y en los que aparecen como causas fundamentales los conflictos psíquicos, sugestiones y preocupaciones, por ej. la histeria”. La segunda, como Trastornos somáticos, que son “alteraciones del cuerpo, con exclusión de los del sistema nervioso”.

De todas las concepciones anteriores, se puede conjeturar que tienen algo en común: una alteración o perturbación de la salud a causa de conflictos psíquicos. Si se relaciona esto con un trastorno de conversión, se debe tener en cuenta, que no se encuentran explicaciones de índole orgánica para justificar los síntomas somáticos, es decir, no hay una justificación de causa predominantemente orgánica como sí sucede con el cáncer, la diabetes, con una bacteria, un virus o una lesión cortical, etc. Por supuesto, en muchas otras condiciones mentales y conductuales también puede haber un conflicto psíquico y no necesariamente ser un “trastorno de conversión”, entonces, recuérdese que dicho trastorno es una de muchas formas del malestar psíquico.

Por otro lado, la palabra conversión, de acuerdo con la RAE también tiene tres maneras de concebirla y dice que: 1. es la acción y efecto de convertir o convertirse, 2. Mutación del frente, de una fila, girando sobre uno de sus extremos y 3. Repetición de una o varias palabras al final de una cláusula o de varios versos o frases, como ense levanta tarde”, “va a palacio tarde”, “viene de allá tarde”. Nuevamente, de parte del diccionario de Psicología de Howard C. Warren, éste tiene cinco formas de concebir la palabra conversión, de las cuales solamente se tendrá en cuenta la siguiente que es de corte psicoanalítico, ya que las otras no devienen a una relación estrecha con el tema, entonces se tiene que: 1.es la transformación de un estado mental o afecto reprimido, en manifestación física, como en los casos de parálisis histérica, cuya manifestación constituye un síntoma de conversión.

Al final, se puede vislumbrar que entonces, el Trastorno conversivo viene a ser “una transformación o perturbación psíquica en la que pueden encontrarse afectos reprimidos manifestándose de manera física”. El objetivo del profesional de la mentalidad (psicoanalista o psicólogo), tendría que encargarse de causar una transformación psíquica en la que esos afectos reprimidos puedan manifestarse, pero ahora de manera verbal con las puntualizaciones pertinentes de acuerdo con el caso para que devengan conscientes y no sigan fluctuando de manera predominantemente corporal.

Habría que preguntarse ¿Se pueden transformar los afectos reprimidos? Rotundamente, . ¿Cómo? Ese es precisamente el trabajo, lo bello de la práctica de la psicología o el psicoanálisis, para eso, se requiere seriamente de práctica y estudio teórico, ya que seguramente surgirán en el camino algunas dificultades, como dijo Jean Martín Charcot (uno de los maestros de Sigmund Freud): “La teoría es buena, pero eso no impide que las cosas sean como son”.  Y de eso tratará la segunda parte de este trabajo, donde expondré el caso de manera breve articulándolo con saberes de la psicología y el psicoanálisis. Primero era necesario abordar algunas cuestiones respecto a las palabras “trastorno” y “conversión”, para que así, se pueda dirigir la mirada lectora hacia los aspectos psíquicos y no neuroquímicos.

Referencias:

Freud, S. (2012). Obras completas: Presentación autobiográfica: Inhibición, síntoma y angustia: ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis? y otras obras.1925-1926. Argentina: Amorrortu editores.

Real Academia Española. (2018). Diccionario de la lengua española (23.a ed.). Consultado el 10 de septiembre de 2018 en http://www.rae.es/.

Warren, H. (2010). Diccionario de Psicología. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.