Bien, de acuerdo con la primera parte ya publicada de este artículo, ahora se pasará a explicar la forma en que fue surgiendo la dinámica del caso de dicha paciente, que surgió al compás de su discurso y no como principal causa mi parte por querer “exterminar” de inmediato sus síntomas. Es muy importante saber esperar y escuchar el discurso, pues este, va a ir marcando los tiempos de intervenciónpuntualización e interpretación.

Quiero aclarar que esto es desde la experiencia de lo singular, no se debe tomar como una receta, como un instructivo o como algo que se generalice a modo de intervención para todos los pacientes que presenten síntomas similares. Esto solamente es un caso.

Se trata de una mujer de cuarenta y seis años de edad, que ingresaron al piso de medicina interna, con los siguientes síntomas: parálisis en ambas piernas (“no podía caminar”), náuseas, tartamudeo, disfonía, dificultad en la articulación de las palabras, paresia y sensación de hormigueo en ambos brazos y manos, además de dolores de cabeza. Lo último que recuerda, es estar haciendo la limpieza en su casa (las sensaciones de hormigueo y náuseas las menciona cuando ya pudo hablar y articular la palabra durante la sesión). Se desmayó, llegaron su mamá y hermana que fueron las que llamaron a la ambulancia.

Posteriormente, ya en el hospital, los médicos realizaron una serie de pruebas para VER si encontraban una causa de índole orgánica, pero no fue así, después, medicamentos sin efecto alguno. Intentaron conversar con ella, pero no respondía (¿desde un discurso médico?). No hubo explicación orgánica para sus síntomas, así que me llamaron para una intervención (yo me encontraba en el departamento de psicología), no sin antes mostrarme su historial clínico para ver si había información que pudiera ser de utilidad. Aún así, estaban valorando la situación clínica de la paciente para ver si realizaban otros estudios y descartar un daño a nivel cortical difícil de localizar.

Al entrar, observé a la paciente con ambas piernas y pies contraídos (los pies doblados en dirección hacia ella como si fueran zapatos de duende), ambos brazos cruzados rígidamente, la cabeza hacia un lado y con una mirada de alerta. Me presenté ante ella, le pregunté su nombre y respondió emitiendo un sonido intentando hablar, pero no era comprensible. Era un sonido como si estuviera amordazada (“mm mm”). Ante eso, me pregunté lo siguiente: ¿Cómo voy a llevar a cabo la intervención si no puede hablar? Pero pensé ¿Y si esto que estoy escuchando a manera de un “simple” sonido también quiere decir algo? ¿Tendrá un significado? Tal vez… así que seguí escuchando.

Cuando ella terminaba de emitir esos sonidos (recuérdese “amordazada”) yo seguía haciéndole preguntas como si entendiera todo, como si estuviera conversando con una pequeña niña. Aproximadamente a los diez minutos, ella, poco a poco, comenzó a articular palabras (era como si se encontrara en una regresión a un hito del desarrollo infantil respecto al lenguaje en edad de un año a los dos años); pero lo sorprendente, fue que ella no se había dado cuenta de ese cambio en su forma de expresión, siguió hablando hasta llegar a una especie de verborrea. Devino la catarsis con llanto acompañado de expresión a modo de tristeza. En ese momento, los dedos de sus pies comenzaron a moverse y ella tampoco se había dado cuenta, estaba re – cobrando su movimiento. ¿Libertad de movimiento a través del habla?

Conforme comenzó a hablar, iba recuperando el movimiento en su cuerpo, primero desapareciendo el tartamudeo, después los dedos de sus pies, los pies, las manos, sus piernas, el movimiento de su cuello y cabeza y finalmente todo su cuerpo. Si se pone atención en esta secuencia, se verá que interesante – mente el orden en que fue recuperando su movimiento, fue oscilando de arriba a abajo, abajo hacia arriba, o también se puede ver como de un lado hacia otro, es decir:

Tartamudeo-boca  dicha localización en el cuerpo es en la parte de arriba.

Dedos de los pies y en sí todo el pie – en la parte de abajo.

Manos  en la parte de arriba.

Piernas – parte de abajo.

Cuello-Cabeza  arriba, y finalmente todo el cuerpo.

A lo largo de la sesión que tuvo una duración de dos horas con unos quince minutos, los temas de los que ella más hablaba , eran: “mi pareja me dice que no sirvo para nada”, “no me deja ver a mis hijos (hijos que tuvo con otra pareja)”, “hago la limpieza de la casa pero él dice que se ve igual de sucia”, “quiere que lo trate como si yo fuera su mamá”, “es muy celoso”, “ya no me quiere”, “dice que estoy loca, que para qué me maquillo”, “no he sido una buena pareja para él”, “no quiero quedarme sola”.

Otros temas de los que hablaba: “me preocupa que ya no fui a arreglarme mis dientes”, “ya no he ido a trabajar”, “se van a ir mis clientes”, “el dentista se va a enojar conmigo”. Se sentía muy triste, preocupada y estresada.

Es importante decir que, yo iba haciendo puntualizaciones en ciertos temas y palabras para que ella elaborara lo que subyace ante cada una de ellas y así ir navegando en toda esa cadena compleja asociativa, específicamente en relación con su pareja, ya que comenzaba a evitar ese tema y tuve que orillarla hacia eso de una manera sutil. Aquí lo expongo muy resumidamente, ya que es muy extenso detallar toda la sesión y las puntualizaciones específicas. Por otro lado, ella también hablaba de un sueño recurrente de sus últimas dos semanas: “sueño que estoy en medio de una plaza de toros, yo estoy en el centro. No hay gente, solo estoy yo y veo a mi alrededor, de repente veo que aparece un toro muy grande de color negro con unos cuernos muy grandes, me quiere hacer daño. Yo comienzo a correr para que no me alcance, corro y corro, y SIENTO QUE GRITO PERO NO ME ESCUCHO,   –¿mm mm, amordazada?–  pero llega un momento en el que me alcanza y…”. Aquí, en este punto, ella de inmediato me dice: “doctor, ya sé qué significa mi sueño… el toro representa todo esto que he dicho… yo trataba y trataba de huir, pero no pude más y me alcanzó… ahora estoy así, sin poder moverme más, ya no puedo huir…”.

A mi sorpresa, específicamente en ese punto, esta paciente ya se encontraba hablando con gran normalidad y moviéndose “bien”, haciendo ademanes y hablando con entusiasmo. Claro, eso fue surgiendo con su hablar, y noté que iba ocurriendo un cambio, así que no interrumpí la mayor parte del tiempo y dejé que hablara (con puntualizaciones mías en el transcurso).

Es como dice Freud en Conferencias de introducción al psicoanálisis (Partes I y II) (1915-1916). Tomo XV:

El paciente habla, cuenta sus vivencias pasadas y sus impresiones presentes, se queja, confiesa sus deseos y sus mociones afectivas. El médico escucha, procura dirigir las ilaciones de pensamiento del paciente, exhorta, empuja su atención en ciertas direcciones, le da esclarecimientos y observa las reacciones de comprensión o rechazo que de ese modo provoca en el enfermo. Esas comunicaciones tocan lo más íntimo de su vida anímica, todo lo que él como persona socialmente autónoma tiene que ocultar a los otros y, además, todo lo que como personalidad unitaria no quiere confesarse a sí mismo (p.15).

Así, se llega a conjeturar que, aquella represión estaba efectuando una dinámica entre lo consciente y lo preconsciente, entre lo preconsciente y lo inconsciente, desplazándose a través de un cuerpo (soma) y al mismo tiempo en lo psíquico. Una cadena de palabras y asociaciones inherentes a una carga de significaciones y afectos que se mantenían fluctuando a manera de los síntomas que presentaba. Véase que, en un principio, llegó la OBSERVACIÓN MÉDICA, pero no fue desde esta que se desarticuló el síntoma, sino desde una ESCUCHA DE LO SINGULAR, se pasó de la observación a la escucha (no cualquier escucha), sin aplicación de pruebas psicométricas o proyectivas, sin aplicación rígida de una serie de preguntas de rutina, sin llevar a cabo protocolos de intervención para el tal “trastorno de conversión”. Se dejó que asociara en su discurso, esperando a que se asomaran poco a poco algunas formaciones del inconsciente.

Se transformó un estado de su mentalidad o afecto reprimido a otro en el que la manifestación sintomática cediera y la paciente fuera “consciente” de eso que estaba hablando con su cuerpo. Ella se sorprendió.

Este resumen del caso puede llegar a interpretarse desde el psicoanálisis todavía como una cuestión pre – psicoanalítica, ya que faltan muchos elementos a describir. Pero aquí la intención principal es mostrar un poco de lo que sucede cuando se escucha desde otra posición subjetiva, desde un dispositivo psicoanalítico.

Referencias bibliográficas:

Freud, S. (2012). Obras completas: Conferencias de introducción al psicoanálisis (Partes I y II) (1915-1916). Argentina: Amorrortu editores.


www.psicologooscarlezama.com

psic.lezamap@gmail.com

(44)2224360092