La enfermedad de Parkinson, como recoge la Federación Española de Parkinson, es «un trastorno neurodegenerativo que afecta al Sistema Nervioso de manera crónica y progresiva». El origen de esta enfermedad es aún desconocido, pero muchos investigadores abogan por la combinación de factores genéticos y ambientales como causa de la misma. El trastorno del movimiento característico de esta enfermedad, tiene lugar por la falta de dopamina. Esta última es un neurotransmisor involucrado en el control del movimiento y, al verse disminuida debido a la degeneración de neuronas en la sustancia negra, provoca los síntomas motores que se observan en numerosas ocasiones, como el temblor o la rigidez.

Es cierto que hay una mayor probabilidad de presentar Parkinson a medida que vamos envejeciendo, pero no hay que olvidar que 1 de cada 10 personas con esta enfermedad tiene menos de 50 años, por lo que no debemos ignorar las señales que nos hagan sospechar de este diagnóstico. Además se ha observado que la prevalencia en hombres en 1’5 veces mayor que en mujeres y que hay entre un 30 y un 40% de los casos, en los que la persona con Parkinson no presenta temblores cuando está en reposo.

Desde la Parkinson’s Foundation, nos dan 10 signos de Alerta Temprana a los que prestar atención y por los que debemos acudir al médico. Podéis encontrar la lista completa aquí.

A simple vista quizás no entendamos dónde cabe la Psicología en este tipo de problemas. Para verlo con claridad, debemos acercarnos a otros síntomas de la enfermedad de Parkinson que son, quizás, menos conocidos. Y es que, en aproximadamente el 30% de los casos, este trastorno trae asociado un posible deterioro cognitivo y una posible demencia. Por esto, desde el punta de vista de la Psicogerontología, es vital desarrollar programas de Estimulación Cognitiva, tanto con los pacientes que manifiestan dicho deterioro como con los que no, puesto que la mejor aliada siempre será la Prevención.

Debemos considerar también que, en las fases iniciales de la enfermedad de Parkinson, pueden aparecer síntomas depresivos que será necesario discernir con claridad para evitar un error de diagnóstico. Se han dado casos en los que se han confundido síntomas de un cuadro depresivo con los de un síndrome demencial (pseudodemencia depresiva), trayendo graves consecuencias para la persona que los padece al administrarse tratamientos y/o estrategias erróneas.

Como vemos, la enfermedad de Parkinson se trata de una patología compleja que debe ser diagnosticada mediante pruebas neurológicas clínicas y cuyo mejor tratamiento pasa por un enfoque multidisciplinar en el que se intervenga desde el punto de vista médico, farmacológico y psicológico. Aunque no tiene cura podemos, al menos, aumentar la calidad de vida de quien la padece. Además, también debemos prestar especial atención a aquellos familiares o profesionales que ejercen como cuidadores y que pueden presentar síntomas de estrés y ansiedad.