En primer lugar, debemos hacer hincapié en distinguir dos conceptos similares, pero con implicaciones diferentes: motricidad y psicomotricidad. Con el primero hacemos referencia únicamente a la función muscular física; sin embargo, cuando hablamos de psicomotricidad, lo hacemos sobre la “función que refleja la actuación de la persona en interacción con aquellas experiencias afectivas y cognitivas”. Es decir, se trata de todo un complejo sistema de comunicación no verbal por el que podemos expresar nuestras emociones. Por ello, es frecuente que aparezcan síntomas psicomotores relacionados con síntomas psicológicos o psiquiátricos.

Cuando pretendemos realizar una evaluación de la psicomotricidad, hay tres aspectos fundamentales de los que debemos recoger información: la expresión facial (que nos puede comunicar diferentes experiencias y vivencias), la motórica general (donde se evaluará movimientos espontáneos y aquellos que obedecen a alguna orden) y las características del habla (aquí tendremos en cuenta ritmo, volumen, velocidad, proporción habla – silencios, etc.).

A partir de los datos obtenidos en esta evaluación, pueden darse diversos diagnósticos, todos ellos amparados bajo el gran paraguas que se ha denominado como: Trastornos Psicomotores. Y, ¿cuántos hay?, ¿cuáles son sus implicaciones? Para no hacer de ésta una lectura muy extensa, pasaremos a enunciar y describir brevemente cuáles son las características principales de todos ellos:

  • Estupor: es un estado en el que se produce una inhibición total psicomotora y donde predomina la ausencia o reducción de las respuestas. Existen varios tipos, cada uno de ellos aparece por diferentes causas e implican diversas consecuencias
  • Temblores: son movimientos musculares que oscilan en torno a un punto fijo del cuerpo. Normalmente son más frecuentes en cabeza, cara, extremidades y lengua. Como en el caso anterior, existen diversas categorías en función de la frecuencia y el modo de aparición.
  • Agitación: puede definirse como el síndrome psicomotor más frecuente y se caracteriza por una hiperactividad motora mediante la que se suceden gestos, movimientos y conductas realizadas sin un objetivo definido y a una rápida velocidad.
  • Tics: podemos definirlos como aquellos movimientos musculares rápidos, espasmódicos y locales, que aparecen de forma aislada e involuntaria. Son inesperados, frecuentes, repetitivos a intervalos irregulares y no tienen un propósito concreto.
  • Convulsiones: contracciones violentas e incontrolables de la musculatura voluntaria. Puede aparecer en uno o varios grupos musculares y también pueden ser generalizadas.
  • Apraxias: en este caso hablamos de aquella dificultad para realizar actividades propositivas que exigen coordinar y secuenciar una serie de movimientos, como puede ser vestirse o atarse los zapatos.
  • Estereotipias: tienen lugar cuando se realiza una repetición continuada e innecesaria de gestos o movimientos que suelen ser organizados y normalmente complejos. Esto es lo que las diferencia de los tics. Según su grado de complejidad, podríamos clasificarlas en estereotipias simples y complejas.
  • Catatonia: este síndrome psicomotor incluye una amplia sintomatología que puede ir desde la rigidez muscular, hasta el estupor o el mutismo, pasando por la catalepsia e incluso las estereotipias de las que hablábamos anteriormente.
  • Manierismos: movimientos “residuales” que aumentan la expresividad de los gestos y la mímica. Un ejemplo de este tipo de síndrome psicomotor podríamos encontrarlo en aquellas risas carentes de significado que se dan en algunos pacientes con esquizofrenia.
  • Espasmos: son también contracciones musculares, menos violentas que en las convulsiones, y que ocurren de forma involuntaria y suelen ser persistentes. Dentro de esta categoría podemos distinguir los espasmos profesionales, los salutatorios de Salaam o los saltatorios de Bamberger.
  • Discinesias: finalmente, las discinesias son movimientos involuntarios de la boca, la cara y la lengua que simulan acciones que realizamos con estos grupos musculares como puede ser, por ejemplo, masticar.

Referencias:

Pérez Fernández M. Glosario básico de Psicopatología. Ediciones Amarú (2005). Salamanca.

Vallejo Ruiloba J. Introducción a la Psicopatología y la Psiquiatría, 3ª edición. Masson-Salvat (1994). Barcelona.

Worchel S, Shebukske W. Psicología: fundamentos y aplicaciones. Prentice Hall (2001). Madrid.


http://just-psy.blogspot.com/

https://tuconsulta.we-doctor.com/agenda/3276802

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