La comunicación a través de medios digitales ocupa un espacio central en cuanto al modo en que nos comunicamos y relacionamos con los otros. La utilización de estos recursos tecnológicos representa un cambio global no sólo desde la complejidad del lenguaje verbal, gestual y corporal sino desde sus posibles interpretaciones.

La falta de un espacio concreto físico nos habla de una incesante fuente de información de carácter digital que se encuentra disponible para todos a cualquier hora del día, incluso en nuestro trabajo sin importar la trascendencia de la misma.

¿Pero se puede mantener la privacidad e intimidad aún en un espacio virtual? ¿Realmente es posible construir vínculos y lazos duraderos en nuestras redes sociales a través de un espacio no físico?

Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard  conocido por haber formulado la teoría de las inteligencias múltiples, en La  generación APP realiza un análisis verdaderamente profundo sobre el modo en que los nuevos jóvenes gestionan su identidad, su privacidad e imaginación a través del mundo digital.

Howard menciona que uno de los aspectos oscuros de la disponibilidad y acceso ilimitado permanente es la falta de vinculación física con el otro. La simultaneidad de estímulos virtuales favorece a una cierta liviandad en cuanto a la manera de vincularnos, dejando de lado la trascendencia de las experiencias a través de las cuales desarrollamos nuestra propia manera de ver el mundo y sus variantes.

Aplicaciones para citas al alcance de nuestros teléfonos móviles son algunos de los recursos que están disponibles para evitar la incomodidad del primer encuentro y así saltearse la frustración que significaría ese primer rechazo. Estas primeras experiencias no sólo nos permiten aprender de nuestros errores, sino desarrollar mayormente nuestros recursos empáticos en cuanto modo de relacionarnos con otros.

La realidad de un contexto como el actual donde la tecnología cada vez más resulta tener presencia omnipotente no reemplaza la experiencia de un encuentro con el otro en un espacio real concreto. El acceso y la interacción virtual son permanentes y transversales a todos los ámbitos de nuestras vidas, desdibujando el concepto de intimidad.

Pero no todas son desventajas. Así como mencionamos los aspectos negativos del abuso de las pantallas, no podemos dejar de reconocer que también acercan: poder mantener conversaciones fluidas a pesar de las distancias, permitir una continuidad terapéutica con aquellos que deben viajar por trabajo, o incluso evitar sentirse solos superando la diferencia horaria.

Hagamos de nuestras redes sociales un recurso más para expresarnos y conectarnos con los otros en aquellos casos en los que las distancias sean inevitables, pero sin olvidar que los lazos sociales y el contacto con el otro no pueden mantenerse sólo a través de una pantalla.

Tomemos como hábito un abrazo y un beso, volvamos ese momento eterno con una foto para luego compartirlo en nuestras redes pero principalmente almacenémoslo eternamente en nuestros corazones.