La esquizofrenia es, quizás, uno de los problemas psicológicos más conocidos popularmente o, al menos, uno de los que más llama la atención. Pero, indudablemente, son muchas las falsas creencias y los errores conceptuales que se cometen al intentar definir este problema desde un punto de vista coloquial, alejado de los conocimientos, componentes y nomenclaturas técnicas. A grandes rasgos, podemos decir que la esquizofrenia es un término global que agrupa diferentes enfermedades mentales caracterizadas fundamentalmente por la aparición de alucinaciones, la pérdida de contacto con la realidad y las alteraciones de la personalidad. Como podemos imaginar, es un fenómeno complejo en el que influyen diferentes factores y presenta una amplia variabilidad entre unos y otros. Pero, como en la mayoría de diagnósticos clínicos, también existen varios puntos en común que estarán presente en una amplia mayoría de los casos y uno de estos puntos está relacionado con la competencia social. O, para se más exactos, con la escasa competencia social de estos pacientes.

El ser humano es un ser social y, como tal, necesita de unas habilidades sociales básicas para establecer relaciones con los otros de forma efectiva. Una habilidad social es un comportamiento, una conducta necesaria para interactuar con el otro y, por ello, es vulnerable a ser aprendida gracias al entrenamiento continuado. Este es el motivo por el que uno de los puntos claves que debemos trabajar en la consulta de Psicología es el entrenamiento en habilidades sociales.

La esquizofrenia cuenta con una carga biológica que debe ser controlada por fármacos prescritos y pautados por un profesional médico de forma innegable. No hay mejoría posible si obviamos la parte médica. Pero la calidad de vida del paciente, así como de su familia, será mejor si pasa por un tratamiento psicológico que sirva de coadyuvante a la terapia farmacológica y haga más fácil la adherencia al tratamiento y la autonomía del paciente.

Autores como Caballo (2002), han establecido 5 categorías que configuran las habilidades sociales y desde las que podemos trabajar. Éstas son:

  1. Habilidades sociales no verbales. Expresión facial, gestos, postura y contacto ocular.
  2. Características paralingüísticas. Tono de voz, timbre, volumen, velocidad el habla…
  3. Contenido verbal. Emitir palabras y construir frases en base a lo que queremos expresar.
  4. Equilibrio interactivo. Interactuar en una conversación con otra(s) persona(s), cómo se da y recibe respuestas, cuánto se habla en comparación con el/los otro/s.
  5. Habilidades de percepción social. Darse cuenta, saber interpretar mensajes y señales que, a veces, son sutiles y obedecen a diferencias interpersonales.

 Como vemos, son muchas y muy diferentes las formas en las que un paciente con esquizofrenia puede manifestar problemas de competencia social, pero afortunadamente son también varios los métodos y técnicas desarrolladas para trabajar con ellos. Es recomendable a su vez que, además de realizar un entrenamiento en habilidades sociales con el paciente, se trabaje con las familias y se les otorgue todos los conocimientos necesarios respecto a la esquizofrenia a través de sesiones de psicoeducación, en las que se puedan también prevenir futuros problemas en otros miembros de la unidad vulnerables al trastorno.

 Referencias:

Caballo, VE (2002). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 1. Madrid. Siglo XXI.

Ricarte JJ, Hernández JV y Ros L. (2014). Tratamiento de los trastornos psicóticos. Madrid. Pirámide.

https://tuconsulta.we-doctor.com/agenda/3276802

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