La falta de deseo sexual femenino, probablemente sea una de los trastornos sexuales más frecuentes en las consultas de Psicología-Sexología tanto individual como en pareja. Se trata de un problema de salud, a nuestro juicio muy relevante, que se manifiesta como situacional o generalizado que, en la mayoría de los casos, puede tener efectos negativos en la mujer, en su relación de pareja y, por tanto, puede afectar a su vida cotidiana. Esta afectación personal y relacional es determinante.

En la revisión del DSM V[1][2], esta disfunción (Hypoactive sexual desire disorder HSDD), así como la disfunción de la excitación femenina, se fusionaron en un solo síndrome llamado Trastorno del interés sexual/de la excitación, cambiando algunas consideraciones como la duración (6 meses) y la frecuencia 75-100%. El diagnóstico debe cumplir determinados criterios que habrán de ser convenientemente evaluados por un profesional cualificado como los/as psicólogos/as especialistas en Sexología,

Aunque ha habido cambios importantes, creo que todavía estamos lejos de una completa normalización de la atención a esta disfunción en los servicios públicos de salud, ora porque no hay suficientes profesionales motivados, capacitados, o con tiempo para atenderlas o bien porque las mujeres no se atreven a plantear esta demanda o, inclusive, no son conscientes de que es un problema de salud. Hay también quienes, desde ciertos movimientos sociales, ponen en cuestión estas consideraciones científicas sobre el deseo femenino.

Una encuesta realizada por la Sociedad para la Investigación de la Salud de la Mujer[3] constató que las mujeres consultadas estaban 7 veces más familiarizadas con la disfunción eréctil en los hombres que con el trastorno del deseo sexual hipoactivo. El 66% de las mujeres encuestadas sabían acerca de la disfunción masculina, pero sólo el 9% sabía acerca del trastorno sexual femenino.

Un estudio clásico[4] en esta área, señalaba una disminución del deseo sexual en las mujeres y no en su pareja heterosexual y que la actividad sexual y la satisfacción sexual disminuyen en mujeres y hombres a medida que aumenta la duración de la relación de pareja.

La Encuesta Nacional de Salud Sexual de 2009 en España[5], mostró que la proporción de mujeres que se quejan de falta de deseo es significativamente mayor que la de mujeres que consultan a un especialista por este tema, sea en Ginecología, Psicología, Sexología o cualquier otra área.

Según José Bustamante[6] de las mujeres que acuden a consulta por disfunciones sexuales, el 44% lo hacen por deseo sexual hipoactivo. Otros expertos[7] indican así mismo una importante prevalencia de esta disfunción sexual. Algunos[8] hablan de un 10% de la población femenina.

Podríamos decir, por tanto, que episodios de bajo deseo sexual se dan en la inmensa mayoría de las parejas a lo largo de su vida, (60-70 años de duración) bien lo manifiesten ellas (más frecuente) o ellos. En ocasiones una buena comunicación podría resolver el problema. En otras, habrá necesidad de consultar a un especialista.

El estudio de la etiología de esta disfunción se ha revelado extraordinariamente complejo. Ya en la consulta, en la anamnesis, habrán de valorarse, causas fisiológicas[9], consumo de fármacos, (por ejemplo, anovulatorios o antidepresivos) drogas o diversas enfermedades, pero, en particular habrá que prestar atención a diferentes variables psicológicas y educacionales, entre otras. Existen numerosas creencias erróneas a este respecto como, por ejemplo, considerar una asociación emocional positiva con su pareja y con el sexo placentero.

Teniendo en cuenta los cambios que acontecen a lo largo de la vida en pareja puede que esa vivencia sea muy intensa y conflictiva. Por ejemplo, el estrés, el trabajo, la atención de las tareas domésticas pueden ser variables relevantes. La comunicación sobre este hecho, en sus inicios en un aspecto de gran pertinencia.

Por otra parte, este trastorno favorece que los pensamientos sexuales, las fantasías y el deseo de actividad sexual disminuyan con lo cual se retroalimenta la situación y tiende a empeorar. Nuestra experiencia es que la capacidad sexual se mantiene siempre que haya una estimulación más o menos constante, durante todo el proceso vital, que haya pareja activa y que no haya enfermedades relevantes. Por ejemplo, en la vejez será posible la actividad sexual, entre otras razones, si previamente ha habido practicas sexuales satisfactorias.

A nuestro modesto entender, habrá de valorarse en primer lugar una perspectiva psicológica y emocional que evaluaría, entre otras cuestiones, cuadros depresivos y trastornos del ánimo, baja autoestima, historias de abuso sexual, conflictos de pareja, problemas de comunicación en la relación o actitudes negativas hacia el sexo. La autoestima sexual, corporal y la calidad de su relación de pareja, a nosotros nos parece muy pertinente. Las expectativas ante la relación sexual incluso la ansiedad asociada a su desempeño y la reacción del compañero/a, también pueden ser variables a tener en consideración. Una vez realizada esta anamnesis, si se considera preciso, se requerirá la opinión de un ginecólogo/a experto en Sexología, dado que el enfoque multidisciplinar es pertinente.

Desde la experiencia profesional nos encontramos ante una disfunción sexual enredada, de honda complejidad, que una de nuestras pacientes nos resumía de este modo “Me resulta casi imposible meter deseo donde no hay deseo” o “Es como una losa que se me impone” Esta idea, que es vivida por la mujer como de enorme dificultad, la hemos encontrado con relativa frecuencia en nuestra consulta clínica de Psicología-Sexología, en el Centro de Orientación familiar y Educación Sexual, en Pamplona, de carácter público, durante 36 años, más otro tiempo con anterioridad en consulta privada.

En ocasiones esta vivencia, de honda profundidad en lo personal, dificulta la propia motivación y es vivida como una losa por la mujer que se ve incapaz de cambiar su realidad, resignándose a tener esa parte de su vida sin resolver. Si esta mujer vive con una pareja que le demanda actividad sexual, cosa frecuente por otra parte, la situación, como se podrá comprender puede resultar insoportable.

A nuestro entender, a menudo cuesta reconocer este problema, no conversarlo, poniéndose en marcha estrategias poco adecuadas: fingir deseo y orgasmo, comenzar sin apetencia porque a veces surge después, demorar al máximo las relaciones hasta que la tensión es notoria, negarse sin más…etc. Nuestra propuesta es que, antes de que deteriore el clima, la actitud adecuada sería comunicarse, expresando como se siente cada cual y esto hacerlo cuanto antes y, entre ambos, buscar una solución.

 En cualquier caso, en el tratamiento de esta disfunción a pesar de su complejidad, se han obtenido resultados que podemos calificar, en términos genéricos, como satisfactorios, con diferentes modelos psicológicos de terapia sexual[10]. En la actualidad no hay tratamientos farmacológicos eficaces, aunque los laboratorios -con un excesivo protagonismo en el área de las terapias sexuales- a tenor de la prevalencia mundial de esta disfunción, buscan incesantemente un medicamento que estimule el deseo en la mujer. Ya hay en el mercado algunas moléculas que las publicitan, incomprensiblemente, como “milagrosas”. Hay algunas clínicas privadas que publicitan el tratamiento de esta disfunción de manera destacada. Es el mercado, amigo, dicen.

Junto a los fármacos diseñados para el hombre, extraordinariamente costosos, y de comercializarse los correspondientes a la mujer, podríamos encontrarnos ante un novedoso paradigma de relación afectiva y sexual mecanizada, en la que podrían estar ausente los procesos de seducción. Como nos comentaba irónicamente un paciente, “el sábado por la noche cada uno se toma su píldora y pim, pam pum”. Un escenario que a nosotros se nos antoja, triste y deshumanizado.

Paradójicamente si nos retrotraemos unas cuantas décadas atrás, en nuestra sociedad occidental, y en nuestro país en la primera mitad del siglo XX, la ausencia de deseo sexual en la mujer era considerada como un hecho absolutamente normal. Basta que le preguntemos a nuestras abuelas a este respecto para que tengamos una idea de cómo han vivido su sexualidad las mujeres que nacieron en esa época.  Es más, manifestar deseo y experimentar placer, ni estaba bien visto en una mujer.

La reciente historia[11] [12] está caracterizada por la ausencia absoluta de una educación sexual científica y la proliferación de creencias sin fundamento sobre la sexualidad femenina. Como botón de muestra, un Rector universitario y Catedrático de Ginecología español, Botella Llusiá, por cuyas clases han pasado cientos de ginecólogos/as, decía en un libro -que ha llegado a 14 ediciones- que “Yo he llegado a pensar alguna vez que la mujer es fisiológicamente frígida, y hasta la excitación de la libido en la mujer es un carácter masculinoide [sic], y que no son las mujeres femeninas las que tienen por el sexo opuesto una atracción mayor, sino al contrario”.

Por aquella época, otro libro[13] que se convirtió en best-seller, decía lo siguiente: “de cada cien españolas con actividad sexual, generalmente dentro del matrimonio, setenta y seis no encuentran satisfacción, no alcanzan el orgasmo y, en muchas ocasiones, ni lo han conocido”.

Tradicionalmente el deseo sexual en la mujer, fuera de lo estrictamente reproductivo, se ha asociado al vicio, la prostitución o la enfermedad. No hemos de olvidar por su trascendencia cultural, que en la mitología religiosa católica el icono de Eva y su deseo en forma de ingenua manzana – el famoso pecado original- provocó la ira de Dios y los posteriores desastres fuera del paraíso. ¡Menuda carga que ha tenido la mujer – y consiguientemente su deseo sexual- desde entonces!

Por fortuna los avances científicos, el conocimiento racional y los cambios sociales acontecidos en el último siglo han permitido abordar este problema desde una perspectiva de salud integral. Citar al menos los trabajos pioneros de investigación de la conducta sexual de Masters y Johnson y de H.S Kaplan, en la segunda mitad del S. XX, que dieron un giro radical a la comprensión del deseo femenino. Las investigaciones y estudios desde entonces se han incrementado sensiblemente.

En el próximo artículo seguiremos aproximándonos a este trastorno y analizaremos algunos aspectos de interés en la terapia sexual y el papel de las fantasías eróticas.


[1] IsHak WW, Tobia G (2013) DSM-5 Changes in Diagnostic Criteria of Sexual Dysfunctions. Reprod Sys Sexual Disorders 2: 122.

[2] Como es sabido, los profesionales de la salud de todo el mundo se sirven de guía del llamado DSM, que es un manual del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Este manual de consulta es elaborado y actualizado por los más prestigiosos especialistas en Salud Mental, tiene un amplio apartado relativo a los trastornos sexuales, tanto en hombres como en mujeres.

[3] https://www.sexhealthmatters.org/hsdd/understanding-hsdd

[4] Klusmann, D. (2004). Sexual Motivation and the Duration of Partnership. Archives of Sexual Behavior, 31(3), 275-287.

[5] https://www.ugr.es/~fjjrios/pdf/mi-EncuestaNacionalSaludSexual2009.pdf

[6] https://www2.uned.es/saludsexual/cursos/2012/bustamante.pdf

[7] Cabello Santamaría, F. y col (2012) Actualización sobre el trastorno del deseo sexual hipoactivo femenino. Progresos de obstetricia y ginecología: revista oficial de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, Vol. 55, N.º. 6: 289-295

[8] https://www.sexhealthmatters.org/hsdd/understanding-hsdd

[9] https://www.merckmanuals.com/home/women-s-health-issues/sexual-dysfunction-in-women/low-sexual-desire-disorder

[10] https://www.elsevier.es/es-revista-revista-internacional-andrologia-262-articulo-tratamiento-del-deseo-sexual-hipoactivo-13100739

[11] Alonso Tejada, L. (1977) La represión sexual en la España de Franco. Barcelona: Caralt Editores. 

[12] García, J.L. (2019) Sexo, poder, religión y política. Leipzig: Independently Published (Amazon)

[13] Valverde, J. A.  y Abril, A.  (1975) Las españolas en secreto, comportamiento sexual de la mujer en España. Madrid: Sedmay