En esta ocasión trataremos un tema por demás importante y a la vez delicado desde el punto de vista ético y legal en la praxis profesional del clínico encargado de prestar sus servicios en el ámbito de la salud mental, específicamente del psicólogo. Nos puede parecer un poco extraño, quizá porque estamos acostumbrados a escuchar o a enterarnos que las negligencias o malas praxis corresponden al mundo de la medicina, ya sea por procedimientos quirúrgicos con malos resultados, mala técnica u otras complicaciones que derivan en una responsabilidad legal y jurídica del médico tratante y que en el conflicto médico-paciente tendría dos posibles vías resolutivas, por un lado la vía penal por negligencia médica, y la otra vía la que corresponde al arbitraje, en esta última se procura la intervención de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico con el propósito de que un grupo de expertos médicos dictaminen si hubo o no mala praxis o negligencia y en todo caso llegar a un arreglo reparador que beneficie y no perjudique a ninguna de las partes involucradas en el conflicto y las controversias del caso y evitar, a toda costa, la vía penal en cuyo caso para el profesional resultaría en sanciones mucho más severas como lo podrían ser la perdida de la libertad o la cancelación de la cédula profesional perdiendo el derecho al ejercicio y práctica de su profesión, de ahí lo delicado de este tema; hemos enfocado todo esto a manera de introducción siguiendo las coordenadas de las iatrogenias en el mundo de la medicina convencional es decir, aquella que tiene que ver con el cuerpo, con lo orgánico. La pregunta entonces sería si esto mismo aplica a la praxis de aquellos profesionales que se dedican al manejo de las emociones y sentimientos y que en determinado momento su accionar pueda ser cuestionado por perjudicar a su paciente o a sus pacientes, sí en plural, de esto se desprende la palabra clave de este artículo: IATROGENIA (Yatrogenia) deriva del griego y se compone de dos elementos: Iatros, médico y genus, origen, es decir “algo que originó el médico”, algo que el paciente no presentaba desde el principio y que de una u otra forma apareció como consecuencia de la práctica médica y que se puede considerar nocivo para el paciente.

Como observamos es difícil separarnos del ámbito médico porque al ser una ciencia tan añeja y hegemónica en el mundo del saber humano los términos y conceptos han sido creados a partir y para la medicina, la Psicología es una disciplina mucho más reciente pero a través del tiempo hemos observado la presencia de fenómenos similares a los que ocurren en el mundo médico, es decir, en el complejo mundo de la clínica y el manejo de pacientes el psicólogo también puede tener una mala praxis y comprometer y perjudicar el estado anímico o psíquico de su paciente ocasionando, con esto, una iatrogenia o quizá crear en este momento el término PSICOGENIA con la finalidad de separarnos un poco del mundo médico y darle una independencia, hasta en la mala praxis, a la psicología.

A diferencia de la medicina en donde la mala praxis o iatrogenia puede ser constatada por la evidencia física o del cuerpo, la Psicogenia no deja una huella tangible en lo celular, en lo orgánico, la dificultad entonces radica en cómo el paciente podrá persuadir a un Juez que su psicólogo y terapeuta le ha producido un daño a su aparato psíquico, es decir, una iatrogenia o ahora como la llamo yo una Psicogenia.

¿Cómo demostrará ese paciente que su psicólogo le produjo una ansiedad que él no tenía al iniciar su terapia?, temores e insomnios que no conocía hasta que empezó con su terapia?, por otro lado, el psicólogo pudiera argumentar en su defensa que el paciente muestre esta nueva sintomatología es parte del proceso terapéutico y de dirección de la cura, como pueden observar hay una gran diferencia entre lo físico y lo psíquico, sobre todo en el aspecto demostrativo, tangible de la prueba, es un hecho que la iatrogenia o psicogénesis psicológica  existe y debe ser sancionada, al igual que en la medicina como órgano regulador de la praxis y sus conflictos, se deben crear organismo supervisores por parte del Estado mexicano ético-profesionales que visualicen la praxis de los profesionales especialistas en salud mental.