Existen trastornos mentales o anomalías psíquicas de las que aun se desconoce si tienen, o no, un origen físico concreto en algún punto del Sistema Nervioso…

… pero sí sabemos que muchas enfermedades fisiológicas pueden causar alteraciones psicológicas al afectar a la morfología o funcionalidad del Sistema Nervioso (SN). Por ello, hoy hablaremos de aquellas infecciones que atacan directamente a la vía regia de nuestro organismo.

En primer lugar, se ha de aclarar que los agentes infecciosos que acceden a nuestro cuerpo pueden hacerlo a través de la garganta, nariz, oídos, sangre, como consecuencia de un traumatismo craneoencefálico, … Los síntomas pueden llegar a ser muy variados, desde dolor de cabeza, hasta convulsiones pasando por el vértigo o las náuseas. Si estos agentes patógenos consiguen atravesar la barrera hematoencefálica que protege a nuestro cerebro, las secuelas neuropsicológicas pueden ser importantes. ¿De qué forma se puede provocar el daño cerebral? Estas infecciones pueden dañar nuestro SN de diversas formas:

  1. Produciendo trombos, hemorragias y obturación de vasos sanguíneos.
  2. Provocando edemas que comprimen el cerebro dentro de la caja craneal.
  3. Alterando el equilibrio metabólico de la glucosa y el oxígeno de las neuronas.
  4. Produciendo abscesos de pus perjudicando a las neuronas.
  5. Afectando a las membranas de las neuronas y alterando su actividad eléctrica y enzimática.

Normalmente los causantes de las infecciones del SN son virus, bacterias, hongos, protozoos y parásitos. Lo más frecuente es encontrarnos con infecciones víricas y bacterianas por lo que, a continuación, describiremos brevemente algunas de las más graves dentro de estas dos categorías:

  • Infecciones víricas: en este caso podemos encontrar aquellas cuyos virus sólo afectan al SN, llamados virus neurotrópicos, y las que pueden causar daños en otros sistemas de nuestro cuerpo además de al SN, provocadas por virus denominados pantrópicos. En esta categoría podemos observamos infecciones tan poco frecuentes como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob o el Kuru. La primera también se denomina encefalopatía bovina espongiforme y afecta a 1 persona por cada millón al año. Daña principalmente al córtex cerebral y al cerebelo produciendo astenia (debilidad que dificulta el desempeño de tareas cotidianas), cambios de humor, alteraciones perceptivas y agnosias visuales. El curso es progresivo y en un periodo inferior al año se produce el fallecimiento de la persona que la padece.
    Kuru es una patología vírica con características similares a la anterior y que se suele producir por la práctica del canibalismo. Causa ataxia cerebelosa, alteraciones oculomotoras y demencia en las fases terminales.
  • Infecciones bacterianas: la vía de infección bacteriana es el torrente sanguíneo. Por suerte, desde que se introdujo los antibióticos en la práctica médica, la incidencia de estas infecciones cerebrales ha ido disminuyendo de forma progresiva. Aquí podemos encontrar los casos de meningitis bacteriana, cuya tasa de mortalidad se sitúa entre el 10 y el 15%, y que puede dejar secuelas neuropsicológicas crónicas de atención, memoria y lenguaje o en la actividad perceptivo-motora. Podemos hablar también de los abscesos cerebrales (tasa de mortalidad 10-40%), que pueden provocar convulsiones y alteración en el nivel de conciencia, desde la letargia al coma; o el botulismo (mortalidad entre el 20 y el 70% de los casos), modalidad de envenenamiento adquirido por la infección de una neurotoxina que puede estar contenida en conservas y alimentos enlatados. Su recuperación es lenta y deja secuelas neuropsicológicas muy variadas dependiendo de la gravedad de la afectación de la zona cerebral dañada.

Para aquellos casos en los que los pacientes sobreviven pero padecen secuelas neuropsicológicas, es importante implantar un programa de Rehabilitación Neuropsicológica. Éste puede definirse como «el conjunto de conocimientos, métodos y tecnologías que ayudan al manejo de las alteraciones cognitivas, comportamentales y emocionales, consecuencia de un daño cerebral«. Con estos programas se persigue principalmente el incremento de la autonomía del paciente, el aumento de su calidad de vida y la disminución del estrés en la figura del cuidador y/o la familia.