Ha llegado un momento crucial para la educación en Colombia, pues sin duda alguna la voz del maestro se debe admirar y respetar en nuestra sociedad, aquella que desde hace siglos está en una crisis que no ha podido superar.

Y es que la crisis tiene tanto de fondo como de ancho, lo primero es ver un gobierno que a pesar de la inversión (la cual no se debe desmeritar) no ha alcanzado para cubrir a los más de ocho millones de estudiantes, donde las TIC´s (Tecnologías de la información y comunicación) han llegado a escuelas que ni siquiera tienen energía, esto sin duda es una política educativa fuera de nuestra propia realidad.

Por otro lado, el número de docentes es irrisorio, prácticamente se habla de un ratio de 1/50, lo cual es un problema pedagógico serio, y sin contar la falta de recursos para la alimentación de nuestros infantes o la problemática de transporte para llevar a nuestros niños a las escuelas, o los problemas de seguridad, pues seguimos perdiendo la guerra contra el micro tráfico, y más aún cuando son los propios alumnos que venden alucinógenos a sus propios compañeros de curso.

Y claro está, sin dejar de lado el precario sistema de salud que tienen nuestros docentes y, desde luego, la controversial escala salarial de los docentes, pues la tensión entre tener mayores primas extralegales como un aumento salarial y los recursos propios del estado es el discurso perfecto para entrar a paro.

Pero para entender el tema salarial debe ser “el abogado del diablo”, la escala salarial está ligada a  dos factores que rigen cualquier organización: experiencia y educación, por ende, lo primero que se debe analizar sería la utilidad de continuar con las licenciaturas en Colombia, pues la escala está dado para este nivel educativo y no para el profesional.  Y es que si los docentes en Colombia iniciaran con un pregrado sin duda alguna la escala sería mucho mayor, y con ello también el nivel académico estaría alineado con la calidad que se busca en los colegios.

Sin embargo, actualmente nuestros docentes de colegio en su mayoría son licenciados, por lo cual el gobierno inició un plan para que los profesores del estado continuaran con estudios de posgrados (especialmente maestrías en educación donde se generó convenios con universidades privadas, donde el docente solo pagaría un porcentaje de la matricula).

Y aunque la idea de tener docentes con mayor preparación, se convirtió en un tema salarial, pues paradójicamente cuando se le inició a preguntar a los docentes por qué estudiar la maestría, muchos de ellos no dudaron en decir “lo hago por el escalafón… por más dinero” este discurso, sólo ha llevado a la practica que dichos docentes no lleguen con los temas preparados de los seminarios propios de una maestría, no vayan a clase, lleguen tarde y/o no escriban ensayos por que “no tenemos tiempo”.

¿Qué podemos esperar de la calidad educativa cuanto tenemos docentes que no desean estudiar?, ¿Qué podemos esperar cuando las clases se convierten en una crítica no académica?, ¿Por qué las universidades bajan el nivel académico de estas maestrías?, ¿Por qué las universidades están graduando por graduar?, ¿Por qué el silencio administrativo de las universidades?

Referencias:

FECODE (2018) Visto en: www.fecode.edu.co.