En una entrega previa (https://psiconetwork.com/la-erotica-del-otono-ii-afectividad-y-sexualidad/), mencionábamos que la salud, el bienestar y calidad de vida en la vejez es, en buena parte, resultado de la propia experiencia vital anterior. Probablemente los efectos de los cuidados y atenciones respecto a la salud antes de la vejez, se van a ver en esta etapa más que en ninguna otra.

Una adecuada salud, entendida ahora en su concepto integral, es un elemento importante a la hora de disfrutar de la sexualidad, aunque sobre este punto es preciso cambiar algunas creencias erróneas, que impiden a ciertas personas no tener relaciones sexuales, aun cuando podrían hacerlo perfectamente.

Los procesos de excitación sexual van a cambiar significativamente: las personas se van a excitar de un modo más lento y van a requerir nuevos estímulos y una presentación más constante del estímulo. También la respuesta orgásmica cambia: esta se hace menos intensa pero igualmente placentera. Finalmente, el llamado periodo refractario va a llegar más pronto y su duración será más larga.

Por ejemplo, el hecho de que la respuesta del varón sea algo más lenta y suave, facilita una mejor interacción con la respuesta de la mujer. Por otra parte, se sabe que muchas mujeres se sienten más interesadas por el sexo en la posmenopausia consecuencia, en parte, por la tranquilidad ante posibles embarazos, circunstancia que suele vivirse como una liberación.

En resumen, los conocimientos disponibles sobre los cambios psicofisiológicos tanto en el hombre como en la mujer, no justifican una disminución significativa, ni mucho menos drástica, de la actividad sexual, ni en la satisfacción.

 Reconocimiento de la sexualidad en la vejez

 La Sexología viene a decirnos que, en cualquier edad de la vida, pero especialmente en la vejez, el placer del contacto corporal, de las expresiones afectivas, de la ternura, y de la satisfacción sexual, no tiene que estar necesariamente relacionado con el coito o con la erección, sino fundamentalmente con el tipo y la calidad de las relaciones que se establecen. Además, en determinados casos, el uso de fármacos vasoactivos[1] o determinados productos lubricantes puede contribuir a una mejora de la actividad sexual.

En la vejez podemos encontrarnos con una sexualidad menos apasionada pero más tierna, menos impulsiva pero más relajada, menos preocupada por la cantidad y más por la calidad. Por tanto, probablemente entendamos mejor la sexualidad en esta etapa vital, si aceptamos la variabilidad de sus manifestaciones como uno de los elementos destacados.

El amor en las personas mayores suele ser vivido de manera diferente a otros momentos evolutivos anteriores. Algunas personas experimentan unas emociones fuertes y sienten unas sensaciones tan maravillosas que ellos/as mismos/as acaban sorprendiéndose. Sus cuerpos están vivos.  

Entonces, ¡cómo van a aceptar ese mito tan extendido de que en la vejez no hay vida sexual! Que disfrutar del cuerpo y de las caricias tiernas y amorosas es un privilegio de los jóvenes. ¡Cómo van a despreciar sus necesidades de afecto, de contacto que salen por todos los poros de su piel!

Por ello, es difícil aceptar que estos sentimientos y deseos, sean calificados en algunos casos como propios de «viejos verdes», como veíamos en el primer artículo (https://psiconetwork.com/la-erotica-del-otono-i-ser-viejo-a-o-sentirse-viejo-a/). A las mujeres ni siquiera eso. La dureza de la sociedad adquiere, cuando de sexualidad en los mayores se trata, unos límites inaceptables. A muchos mayores les resulta difícil comprender que la vida sexual sea solo un privilegio de los jóvenes o que hacer el amor tenga que ser necesariamente hacer el coito.

Dicho lo cual afirmamos que se puede prevenir la calidad de la vida sexual en la llamada tercera edad. Hay algunos factores que parecen ser buenos predictores. Un primer apartado podría considerar tres elementos: la existencia de actividad sexual gratificante previa, tener pareja y tener una adecuada comunicación con la pareja. Un segundo bloque de factores incluiría cuestiones como la salud (que tiene que ver con la historia de salud previa) y otras cuestiones vinculadas a la salud: consumo de alcohol, tabaco, fármacos… dieta y alimentación adecuada y un nivel de actividad física razonable y adaptada.

Un tercer bloque incluiría un extenso listado de variables y factores propios de esa generación que, seguramente acaban influyendo en la vivencia sexual. Entre otros destacaríamos el hecho de haber nacido en la post-guerra con lo que ello significa de represión y necesidades; de trabajo y ahorro, de haber recibido una educación sexual muy restrictiva y con actitudes negativas, de haber tenido poca actividad sexual centrada en los valores masculinos y coitales, y con unos valores y creencias sociales negadoras de la sexualidad de las personas mayores, personificados en los propios hijos/as y en los profesionales de las residencias.

Es indudable que los cambios fisiológicos van a condicionar diferentes conductas, pero probablemente no son determinantes. Hay un cierto consenso entre los diferentes especialistas en que la importancia de los factores psicosociales parecen ser muy relevantes. Inicialmente no hay razones para considerar que el placer y la satisfacción sexual tengan que disminuir ya que, como se ha advertido, las dos modificaciones más importantes son: en la mujer los referidos a los cambios vaginales y en el varón, los que conciernen a la capacidad erectiva. 

En un estudio conocido[2] se señala que “la idea de que con los años desaparecerán las ganas de tener relaciones sexuales, en su versión general y en su aplicación exclusivamente masculina, está aceptada por más de la mitad de la muestra”.  Por otra parte, en el estudio se advierte que la afirmación “con los años la cosa del sexo baja mucho” es suscrita por cerca del 90% de los encuestados. Así mismo se indica que algo más de la mitad de la muestra, considera que, con los años, también a los hombres se les acaban las ganas.

El autor señala una significativa diferencia entre las actitudes de hombres y mujeres, siendo las mujeres más negativas manteniendo con mayor frecuencia los estereotipos sobre virilidad y comportamiento masculino.  Parece ser que la renuncia a la vida sexual es más común entre las mujeres viudas y que la sexualidad de la mujer mayor va a estar más en función de los deseos de su compañero que de los suyos propios. 

Es preciso un nuevo modelo de sexualidad en la vejez, más respetuoso con las necesidades y derechos de las personas mayores, fundamentado en los avances científicos y menos en creencias atávicas. Porque, a decir verdad, hay ciertas condiciones propias de la sexualidad de esta etapa que pueden enriquecer aún más si cabe la experiencia sexual. 

Entre otros, destacaríamos como factores internos: mejores condiciones ecológicas, nivel de vida, y una progresiva mejora en la valoración de la sexualidad a estas edades; y como factores más internos: los cambios en los roles y una mayor flexibilización en los mismos, en particular en los hombres, menor necesidad de eyacular y mayor control eyaculatorio, mayor lentitud en la excitación y mayor interés por el contacto corporal.

Por cierto, que hay quienes[3] sugieren algunos cambios positivos en los valores y en la conducta afectiva en los varones “a los que durante su juventud les restó importancia, como la ternura, la comunicación, el preocuparse ahora por el disfrute y satisfacción de la pareja”.

De ahí que esas creencias erróneas habrá que combatirlas con el conocimiento ya que, en primer lugar, va a evitar o al menos poner en cuestión mitos y creencias erróneas o interpretaciones falsas sobre esos hechos; en segundo lugar, el conocimiento permitirá una respuesta adaptativa a esos cambios y, finalmente, va a contribuir a crear las condiciones para que sea posible un mejor nivel de salud afectivo-sexual.

Existen numerosas creencias erróneas que es preciso poner en cuestión por el sufrimiento que ocasionan. Entre otras destacaríamos:

  1. Es de mala educación que las personas mayores se interesen por cuestiones como el ligue o los bailes.

 2. Es de muy mal gusto que las personas mayores expresen en público manifestaciones de afecto y deseo.

3. Las personas mayores no tienen inquietudes sexuales.

 4. El deseo sexual se acaba con la menopausia y la andropausia.

5. Cuando hay interés sexual en la vejez este es patológico.

6. Las relaciones sexuales son perjudiciales para la salud.

7. Es normal que los hombres mayores tengan deseos sexuales, no así las mujeres.

Tal vez disponer de más información no va a ser suficiente. Es preciso un trabajo concreto en la modificación de actitudes sexuales con un enfoque positivo ante la sexualidad, de ahí la conveniencia de trabajar en grupos, planificando y diseñando los objetivos en las intervenciones educativas, al objeto que desaparezca, o al menos aminorar el sentimiento de culpa asociado a las prácticas sexuales de estas personas.

Es preciso un cambio en el modelo dominante de conducta sexual: El coito no debe ser el elemento central a partir del cual gira toda la relación sexual. Probablemente la comunicación sensual, la ternura y el afecto, las caricias y los juegos sin prisas, presiones o agobios, sean la clave en la que se articule una nueva manera de acercarse al sexo en la vejez.

La comunicación afectiva y tierna, el contacto corporal, una mayor intimidad en los sentimientos y emociones, masturbación mutua, nuevas formas de estimulación…etc., pueden ser aspectos a redescubrir en este momento. Se sabe, por ejemplo, que un importante grupo de ancianos y ancianas tienen un comportamiento masturbatorio, en particular cuando hay ausencia de relaciones de pareja, aunque no es la única variable a considerar. En todo caso la masturbación puede ser una alternativa satisfactoria.

Invito a pensar en cómo nos gustaría que la sociedad nos tratara cuando, más temprano que tarde, formemos parte de ese grupo de personas mayores. Probablemente, desde ya, podemos hacer algunas cosas y, en todo caso, de los esfuerzos que se vayan haciendo en esa dirección, se beneficiaran generaciones futuras. Sugiero que vayamos preparando entre todos/as una vejez más digna. Parece justo que respetemos sus derechos al igual que nosotros querremos que se respeten los nuestros. Habrán de hacerse cuantos esfuerzos sean precisos para mantener el equilibrio entre los derechos de las personas mayores, su intimidad y su dignidad.

No se trata de ofrecer a las personas mayores el mismo modelo juvenil predominante en nuestra sociedad, sino a animarlas a que busquen el suyo en un contexto algo diferente, centrado en el afecto y la sensualidad: disfrutar de las caricias, del contacto corporal y de la comunicación, de dar y recibir cariño, de querer y de sentirse querido. Todo ello puede ser muy excitante y placentero. De hecho, lo es para muchos viejos y viejas, por lo que es inadmisible pensar que la vejez es una etapa de involución de la sexualidad.

Las personas mayores deben saber que los procesos de envejecimiento no justifican, por sí solos, una disminución brusca de la sexualidad, ni mucho menos una anulación de la misma. Es fundamental que acepten positivamente los procesos de envejecimiento y se adapten a ellos de manera saludable y optimista. Cuestiones tales como el deseo, la atracción, la autoimagen sexual, la capacidad de amar y de enamorarse…etc., no se acaban a determinada edad, sino que dependen de factores muy diversos, entre otros, la propia individualidad y la propia historia personal.

Hemos de transmitir una idea positiva de estos cambios a nuestros mayores: el hecho de que haya menor excitación sexual, que esta sea más suave, que haya también menos presión por eyacular y que tanto a hombres como mujeres les gusten las caricias y los juegos, abandonarse a la ternura, toda vez que el hecho de disponer de mucho tiempo libre, puede permitirles una vivencia sexual desconocida hasta ese momento.

Antonio Gala, con esa extraordinaria lucidez que le caracterizaba decía que, en esta etapa, la comunicación va a ser más fácil, más fértil y va a verse menos interrumpida por las briosas e insistentes llamadas al sexo juvenil. Sin embargo, a su juicio, “hay que adaptarse al nuevo concepto de felicidad, también de la física: al placer que proporciona el lento y bien saboreado contacto corporal; a valorar, más que la triunfante penetración, la gustosa compenetración; más que la posesión a sangre y fuego, las demoradas caricias tan sabiamente deleitosas”.

Pensamos que una vida sexual activa y satisfactoria en la vejez es un buen síntoma de salud y bienestar. El impedir o coartar esta capacidad no hace sino aumentar el sufrimiento y la soledad a las que ya de por sí, nuestra sociedad competitiva tiende a condenar a las personas mayores, acelerando el proceso de envejecimiento y acercándoles a la muerte. 


[1] https://psiconetwork.com/sexualidad-y-farmacos-sexuales/

[2] NIETO, J.A. (1995) La sexualidad de las personas mayores en España. Madrid: Ministerio de Asuntos Sociales

[3] ROSALEZ, E. y col. (2000) Andropausia y sexualidad. ¿Una paradoja? Colombia Med; 31: 9-16