Las fantasías están presentes en el imaginario de todas las personas, siendo éstas de innumerables índoles, y surgiendo a partir de situaciones dadas -o al menos posibles- en la realidad, pudiendo o no incorporar elementos irreales o mágicos. Un ejemplo no inusual es una conversación o discusión relevante, durante la cual -o en momento previo o posterior a su ocurrencia- fantaseamos posibles resoluciones, corrigiendo nuestros dichos, dándoles otro sentido, etc., pudiendo incluso dentro de la fantasía crear versiones distintas de dicha situación, eventualmente para regular la carga emocional y/o el nivel de activación que la discusión me genere internamente, para, en definitiva regular su expresión afuera, sea esto también durante su ocurrencia, o en momentos previos o posteriores.

En este sentido, es que planteo la fantasía como un recurso personal, donde muchas veces permitirnos que curse hasta momentos culmines -incluso sin que nos lo propongamos-, puede darnos respuestas ante ciertas situaciones de vida que necesitamos resolver, pues nos pone en contacto con aquella sabiduría interna que tiende a verse interferida o invisibilizada por factores emocionales, sociales, deberes o deseos, entre algunos posibles. Es así como la comprensión de la fantasía asociada exclusivamente al placer (como la fantasía sexual) puede tener un carácter limitante, pues en este caso no pasa de la gratificación inmediata mediante el uso de la imaginación, respecto de situaciones que posiblemente no tendrán o no podrán tener curso en la realidad; lo que tiene sin duda una función, pero en esta reflexión convenimos que es sólo uno de los varios sentidos o aplicaciones de la fantasía en la experiencia humana global. Entonces, al hablar de fantasía no nos referimos únicamente a aquello nunca ocurrido o de ocurrencia imposible que imaginamos para lograr cierto nivel de satisfacción, sino también a todo aquello posible que se entrena mentalmente para actuar de manera más adecuada en la realidad; es decir, un recurso personal intra-psíquico.

En psicoterapia, se aprovecha la fantasía en el sentido hasta ahora expuesto, existiendo varias herramientas clínicas que toman dicho recurso para explorar en la experiencia personal de los consultantes, ya sea a través de imaginería, recreaciones (role playing), e incluso a través de técnicas de hipnosis clínica.

Los recursos personales con que contamos son muy diversos, y su utilidad dependerá en gran medida de la importancia que les demos a éstos y del tiempo que dediquemos a practicarlos.

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