«Uno de los procedimientos más seguros para evocar fácilmente lo siniestro mediante las narraciones», escribe Jentsch, «consiste en dejar que el lector dude de si determinada figura que se le presenta es una persona o un autómata… Esto debe hacerse de manera tal que la incertidumbre no se convierta en el punto central de la atención, esta observación, ciertamente, justa, se refiere ante todo al cuento Der Sandmann («El arenero»), de Hoffmann..se trata del tema del arenero, el «hombre de la arena» que arranca los ojos a las criaturas…es un hombre malo que viene a ver a los niños cuando no quieren dormir, les arroja puñados de arena a los ojos, haciéndolos saltar ensangrentados de sus órbitas; luego se los guarda en una bolsa y se los lleva a la media luna como pasto para sus hijitos, que están sentados en un nido y tienen picos curvos, como las lechuzas, con los cuales parten a picotazos los ojos de los niños que no se han portado bien.» (Sigmund Freud: Obras Completas, en «Freud total» 1.0. versión electrónica. «Lo siniestro». Pág 5-6). 

«Lo ominoso es aquello que además de ser considerado como extraño, viene desde adentro. Si tomamos por ejemplo Más allá del principio del placer, debemos señalar la relación que Freud establece entre el objeto y la angustia, el miedo y el horror, donde la primera, según Freud, es sin objeto, en la segunda se pone en juego el objeto causando horror y en la tercera cuenta el factor sorpresa». (Lo ominoso y la mirada, lo real  en el hombre de arena.  Felipe Galeano Arias. Affectio Societatis No 10/ junio/ 2009).

«El sentimiento de lo siniestro es inherente a la figura del arenero y, en alguna medida, ha desaparecido esa incertidumbre porque sabemos que no se pretendió presentarnos los delirios de un demente … pero esta revelación no reduce en lo más mínimo la impresión de lo siniestro. Freud ve con claridad que ya no se trata de una incertidumbre intelectual porque no se ha pretendido presentarnos los delirios de un demente, pero esta revelación no reduce en lo más mínimo la impresión de lo siniestro. De modo que la incertidumbre intelectual en nada nos facilita la comprensión de tan siniestro efecto.» («El rostro de lo siniestro en el hombre de la arena». Marisol Romo Mellid. solromo.com).  

«Como conclusión podemos decir que lo ominoso en el cuento del Hombre de la arena, reconduce a la angustia del complejo infantil de castración. Por otro lado, la fuente del sentimiento de angustia que despierta el caso de la muñeca viva, no sería tanto por esta angustia infantil, sino por un deseo o creencia infantil que suele repetirse y que es precisamente este, el de desear o creer que algunas muñecas o juguetes tienen vida propia. A continuación, Freud entra a analizar el tema de los dobles como causa del sentimiento de lo siniestro..la presencia de los dobles puede darse bajo muchas formas. Por presentar un idéntico aspecto, por sensación de telepatía, por identificación total a otra persona llegando a confundir el propio yo. Se trata de una duplicación, división, permutación del yo, que remite a otro sentimiento causante de lo siniestro que sería el permanente retorno de lo igual, o dicho de otro modo, a la repetición. En este punto, cita los estudios de O.Rank, que hablan de un primer doble que se hallaría en la creencia en una alma inmortal, que no deja de ser la búsqueda de una seguridad contra el sepultamiento del yo, un intento de desmentida de la muerte.» (Carolina Tarrida. El concepto de lo siniestro en Freud. NODVS XIII, maig de 2005).

¿Se constituye entonces lo político, en sus divergencias supuestas, ideológicas y partidocráticas o partidarias, en un detrás ominoso, subyacente, de un doble que lo disloca, que lo determina, perversa como fatídicamente para el público democrático o para la ciudadanía a la que se le promete tal imposible?

¿Funge lo invariable de constituir sistemas otros, para organizarnos, como el complejo de castración individual, en nuestro cuerpo social, amputados en la supuesta libertad política de pensar y a partir de ello, hacer o construir un común desde otros pliegues y perspectivas que no sean las dadas, conocidas y experimentadas? 

¿Tal poder monstruoso, ominoso e inaccesible, no es más que nuestra falta profunda de conciencia de límite, de la existencia del otro a la que necesariamente le debe corresponder nuestro ceder?

¿No es tal sitio, el Olimpo del que creemos haber caído, y al que todos deseamos regresar antes que nos sorprenda el misterio de la finitud?

Sí acaso el que nos digan que hacer, como premisa del que detenta poder, no es más que una pérdida de libertad, lo es en la medida que dentro de todos y cada uno de nosotros, habita ese ser ominoso al que disfrazamos de deidad, para hacer más soportable nuestro yo tiránico.

El doble o ese otro como ipseidad (el otro de uno mismo) no es más que una construcción fantasmagórica. La fantasía de escapar al poder que obedece a lo instintivo, a lo más alejado de lo tamizado por la razón, lo constituimos como fantasma fundamental para escapar de la realidad social de pobreza, marginalidad, exclusión, injusticia y desigualdad que determina lo democrático, a lo que respondemos, asignándole, significantes contrarios que se ajustan precisamente a la noción perversa que habita, como presencia fantasmal, el poder detrás de todo, incluyéndonos a nosotros mismos y a todas y cada uno de nuestras acciones.