En esta ocasión quiero abordar un tema por demás importante; me refiero a la salud mental de los integrantes de nuestras fuerzas armadas. En nuestro país (México) la salud mental ha sido desplazada cotidianamente a un segundo plano sin darle la importancia y relevancia en el estado de salud general de la población,  podemos afirmar que esto se debe a las características estigmatizantes que tienen los problemas de salud mental en comparación  con otros problemas de la salud física, si lo quisiéramos decir así, nadie quiere aparecer o ser diagnosticado  como “loco”, “desadaptado” o “desequilibrado”, entre otros adjetivos calificativos que la población en general rechaza y evade, evitando la atención de los problemas relacionados con la afectación psíquica-emocional, situación  que tiene repercusiones sociales, como pueden ser situaciones trágicas como el suicidio o todas las variantes de la violencia actual desbordada en las calles, escuela, casa, trabajo y en todos los ámbitos  y esferas sociales, de ahí la importancia de empezar a resarcir el rezago que tiene la salud mental en México, legislando y creando las políticas públicas  que permitan una cultura de salud mental desde las infancias hasta las edades mayores, empezando por considerar que no solo la psiquiatría es el eje central y el ombligo de las Ciencias de la Salud Mental. Es fundamental considerar disciplinas relacionadas como la psicología y el psicoanálisis, crear equipos multidisciplinarios en donde no existan discursos hegemónicos de monopolio del saber, la razón y la proximidad a la verdad de las afecciones mentales humanas, debe haber un cambio de paradigma en el manejo de las formas de cómo hasta ahora la salud mental ha sido abordada tanto en el ámbito jurídico como clínico, las viejas formas médico-psiquiátricas están agotadas y son ineficaces e insuficientes por lo que es primordial el abordaje de los Derechos Humanos, El Libre Desarrollo de la Personalidad y El Interés Superior de los Menores, en el complejo mundo de la  salud mental.

México es un país con grandes rezagos al respecto y se habrá de trabajar arduamente como lo hemos señalado en la legislación, como en lo clínico, se requiere voluntad política y social que permita el desarrollo y crecimiento de la salud mental en todos los ámbitos y esferas sociales de nuestro país, existen esferas y ámbitos en donde el rezago se acentúa y es todavía mayor, me refiero a todas nuestras Instituciones dedicadas a la seguridad ciudadana y al combate a la delincuencia organizada, prestando principal atención al Ejercito Mexicano, la Fuerza Área, la Marina y la ahora multi-controversial y recién creada Guardia Nacional, todas estas Instituciones tienen algunos denominadores en común  como son: Sistemas de Encierro para su formación y capacitación de sus diferentes funciones. Otro aspecto fundamental y toral de estas Instituciones es su conformación de la disciplina a la que sus elementos son sometidos, desde edades muy tempranas sobre todo en los militares de carrera que ingresan a las diferentes Escuelas del Sistema Educativo Militar como lo es la U.D.E.F.A, es decir; la Universidad del Ejército y Fuerza Área, donde la exigencia tanto física  como mental e intelectual requieren un tope máximo de rendimiento y por lo tanto las capacidades humanas de sus integrantes son puestas al tope de la resistencia, de ahí la importancia de que sus integrantes posean una salud física y mental impecables, requisitos de ingreso ineludibles, sin embargo, desde mi punto de vista, la salud mental de sus elementos una vez que ingresan se abandona, en aras de ciertas “tradiciones” de la formación y el carácter militar dentro de la disciplina interna, como lo es el llamado “Espíritu de Cuerpo” término por demás interesante en el ámbito  de las ciencias de la salud mental.

Este término, provee a sus elementos una fuerza extra solidaria, por decirlo así, con el grupo y consigo mismos; esto en un sentido estricto y es parte de la formación del carácter, resistencia y lealtad, aparece como algo muy positivo pero es un arma de doble filo que evita al sujeto darse cuenta de sus propios conflictos emocionales y conductuales en pos de una resistencia sobre humana. Este término dentro de la tradición académica militar requiere ser puntualmente estudiado, pues genera un pseudo blindaje emocional que evita que los elementos acaricien sus propias debilidades y fragilidades emocionales, generando un falso endurecimiento de la conducta.