Los trastornos del comportamiento alimentario (TCA); un problema de salud pública que ha dejado de ser sólo una moda para quedarse impregnado en una sociedad occidentalizada y sin identidad propia. ¿En qué momento surgió el concepto de “belleza” ?, y más aún, ¿en qué momento “la delgadez” se convirtió en sinónimo de lo admirable y digno?

Los trastornos de la alimentación tienen un origen multicausal y multifactorial; es decir, se necesitan de diferentes componentes para el desarrollo del mismo, por un lado, evaluamos la familia, la herencia genética, las características de personalidad, las experiencias de vida y los traumas emocionales, pero la literatura ejerce gran responsabilidad al factor socioambiental. Al hablar del factor social hago referencia al sin fin de mensajes que día a día reciben los/as jóvenes (la población más vulnerable y proclive a desarrollar un TCA) a través de las redes sociales y medios de comunicación en general. Si hacemos el experimento de sentarnos quince minutos frente a un televisor, podríamos identificar con claridad los patrones de belleza que rigen dichos programas, series, novelas, etc. (solo será necesario ver a los protagonistas, los héroes, el joven millonario o la próspera ejecutiva vestida con ropa costosa), también está la publicidad colgada en vallas con la imagen de una joven escultural, mostrando ropas diminutas y bien ajustadas que permitan resaltar la esbeltez de su figura y en el caso de los varones tendremos al macho fornido con bíceps muy bien desarrollados y un six pack en el abdomen debidamente marcado, luego están las modelos de alta costura; algunas de ellas han tenido que llegar a pesos ínfimos, arriesgando su salud física y emocional para lucirse mejor en las pasarelas. Es como si la sociedad nos mandara un mensaje por demás equivocado; “el éxito de una persona está íntimamente ligado con su peso y con el cómo se ve”, sembrando así una semilla sobre la búsqueda del cuerpo perfecto en un terreno virgen, y es que la adolescencia es la etapa de la vida en la que estamos formando nuestra identidad, desarrollando una personalidad que nos defina y empezamos a organizar nuestra lista de prioridades, pero en la mente de quien padece un desorden de la alimentación, la prioridad seguirá el viento de lo “apetecible a los ojos de los demás”.

También están las prendas de vestir y las etiquetas tras de ellas, ya no basta con que lo que veas en una tienda de retail te quede bien, sino que muchos/as van a desgastar energías tratando de encajar en una prenda con la letra “S” o mejor aún, “XS”, para así reforzar esa pseudoautoestima que los catalogará en el rubro del “buen cuerpo”.

Luego está la cultura “light”, bajo el disfraz de lo “saludable”, y es que es común identificar pasillos en los supermercados llenos de estos productos, algunos más costosos que otros, pero eso a la población que las consume no le importa, después de todo, siempre estarán muy bien publicitadas por la foto de una pareja perfectamente saludable, que por obvias razones deberá salir en bikini o con un top mostrando el sudor del abdomen y los hombros tonificados. No dudo que existen personas que consumen estos productos por razones netamente saludables, incluso indicados por su médico tratante, pero hoy hago hincapié en aquellos que solo se concentran en lo estético.  

Para terminar, me gustaría que reflexionemos sobre qué le decimos a una persona después de que no la hemos visto por un prolongado tiempo; “que bien te ves, estás regia, como has hecho para mantenerte en forma, has perdido algunos kilos, la edad te asienta”, y muchos otros comentarios relacionados directamente con el cuerpo y el peso.

Vivimos en una cultura que se deja llevar en demasía por lo visual, por lo estético, y por los estándares de belleza impuestos por alguien a quien ni siquiera conocemos. Como generación, tenemos la responsabilidad de cambiar las cosas, empezando a ver las cualidades y talentos, siguiendo este camino, no solo estaremos trabajando en la prevención de los trastornos alimenticios, sino que también, seremos participes de una sociedad más saludable a nivel emocional.