El tema es delicado, y lo toco pues considero que está en el campo de la SALUD MENTAL.

Trataré de describir cómo he percibido los cambios en las conversaciones desde mi punto de vista.

No hablaré de Política, Religión o Deportes, sino del modo en que estos temas son manejados con frecuencia causando distanciamiento innecesario entre las personas.

En el pasado reciente, cuando surgían diferencias de opinión entre las personas, se privilegiaba el mantener la relación por encima de las diferencias, y era creo yo, porque las personas sentían que tenían poca influencia para hacer cambios en los modos en que funcionaban las cosas socialmente.

Por ejemplo, a los presidentes municipales, se les aceptaba, toleraba o aguantaba con la esperanza de que el siguiente fuera mejor, pero no pasaba de ahí, digamos que no había mucho margen de maniobra y libertad para cambiar la forma en que las cosas eran. Se aceptaba que las personas de influencia en el poder maniobraran en favor de sus allegados y si nos tocaba ser favorecidos pues lo tomábamos con naturalidad, (venta de plazas, preferencia sindical, mejor trato en las instituciones públicas, etc.)

Recuerdo que como recién egresado y recién casado, y por muchos años, me dedicaba a trabajar para proveer a mi familia y como todos, no me quejaba por los bajos incrementos salariales o el encarecimiento de la canasta básica; yo confiaba en que las autoridades federales, estatales o municipales estaban haciendo bien su trabajo o lo mejor que podían.

Hablando de las diferencias religiosas, era normal tomar el rumbo que daba la formación familiar y al ser adultos, pues se valía también cambiar de congregación. Aunque sí hubo fracturas familiares por estas causas, pero no pasaban a mayores.

Si alguien pensaba diferente a nosotros pues no se tocaban esos temas y a llevar la fiesta en paz, se privilegiaba el mantener la relación sobre la imposición de las opiniones propias.

Mi punto es, que actualmente, cada persona defiende sus ideas con un mayor ahínco, y esto puede tener dos aspectos, por un lado, una mayor afluencia de información debida a los medios nos da un aire de libertad y certeza que no había antes y, por otro lado, la intensidad en defender nuestras ideas puede polarizar las posturas y fracturar las relaciones de amistad, familiar, etc.

Hoy día la defensa de las ideas y opiniones propias es mucho más intensa que antes, al menos así lo percibo con mis amigos, parte de mi familia y con extraños. Algunos optamos por retirarnos pues de algún modo se toma como ataque personal, y no como lo que es, una simple manifestación de ideas.

Siento que se ha deteriorado nuestra habilidad de llegar a consensos, acuerdos, guías de acción negociadas y se genera una distancia emocional, con treguas para tratar solo lo indispensable o necesario para 2 amigos, colegas, o incluso entre las parejas.

Y es que al aparecer alguien con una creencia o convicción política que no coincide con la mía, casi de forma instintiva, nos alejamos, tomamos distancia, nuestro instinto reptiliano (que no posee mucha capacidad de razonar) nos hace pegar un brinco hacia atrás, suele percibirse como una amenaza de alguna manera a nuestra integridad, a nuestra identidad. «Hay que alejarse de esta amenaza» escuchamos de lo más interno de nuestro ser.

Dado que no estamos conscientes de las buenas razones que resultaron en el modo de pensar de esa persona y no tenemos el hábito de siquiera considerar indagarlas, ni la disposición al menos en ese momento, o tomamos distancia o agredimos y así emerge el juego simétrico en escalada que amplía la brecha en la relación.

Y ¿porqué o para que habríamos de ocuparnos de rehabilitar nuestra capacidad de buscar consenso, acuerdos para un caminar en la misma dirección como sociedad?

Pues porque NECESITAMOS imaginar y predecir las consecuencias del no hacerlo. Es el arquetipo de la torre de Babel, ¿qué va a pasar con nosotros si no nos deshacemos de estas diferencias intensas y que causan separación, ruptura de relaciones y distancias?

Es como si surgiera el tribalismo, «solo interactúo con los de mi modo de pensar y el resto son mis enemigos«. No podemos construir juntos sin encontrar caminos de diálogo y acuerdos, o por lo menos aceptación de los desacuerdos como algo válido que forma parte de la diversidad legítima de los seres humanos.

Es ese mismo proceso reflexivo que si lo ejercitamos a fondo, es lo que nos puede dar el impulso para mejorar la situación actual.

Porque es triste pensar que «si no eres de mi religión, partido político incluso de mi equipo deportivo, te retiro mi afecto», con un: «ojalá pierdas y si puedo empujarte a que pierdas lo haré». ¿hacia dónde nos dirigimos? ¿vale la pena?

Sería útil preguntarnos y tener la disposición de entender ¿porqué o para qué la otra persona piensa como piensa?, la falta de habilidad relacional evita que se profundice en la aclaración de los puntos de vista.

Fácilmente se cae en la tentación de descalificar el punto de vista ajeno y emerge un juicio, más bien un PREJUICIO que forma la barrera: YO TENGO RAZÓN Y TÚ NO.

Necesitamos recobrar la capacidad de llegar a acuerdos, no en todo, primero y quizás solo en lo relevante, pero ir paulatinamente mostrando la disposición de comprender cómo es que mi interlocutor piensa como piensa y por lo tanto actúa como actúa. Para eso hay que partir del hecho de que es una persona INTELIGENTE, que hace lo mejor que puede para explicarse el mundo y la vida. 

Ofrezco la siguiente propuesta:

  1. No se case con sus ideas. Nuestras ideas se actualizan constantemente.
  2. Cuando haya un interlocutor que piense diferente, distánciese de sus propias ideas para poder escuchar las del otro.
  3. UNA COSA SOY YO Y OTRA COSA SON MIS OPINIONES.
  4. De validez a porqué el otro piensa lo que piensa, Póngase un momento en sus zapatos o experiencia de vida.
  5. Dar validez y escucha no significa que estaré de acuerdo con el otro. Solo que acepto las diferencias, y (presupongo que tiene una buena razón que quizás yo ignoro que le mueve a pensar del modo en que piensa).
  6. Si tengo más información, yo puedo cambiar de opinión.
  7. Exponga sus propias ideas sabiendo que no todas serán aceptadas.
  8. Una opinión es solo una opinión, con parte de verdad y parte de error.
  9. Si mi opinión es errada, eso no me convierte en un ser erróneo, solo en un ser humano.
  10. Lo único que es permanente es EL CAMBIO, nada permanece sin cambiar.

Podemos intentar darnos la oportunidad de aprender a poner sobre la mesa con apertura una opinión a consideración del resto. Tener el valor de hacerlo, aceptar y exponer nuestra vulnerabilidad que es una precondición de la intimidad.

Tomar distancia de tus opiniones (eso no eres tú, es solo lo que piensas y puedes pensar diferente y tu integridad personal no es lo que está en juego)

Permitir el dejarnos influir por el otro, entender sus razones, aunque no las compartamos y validar el porqué, tiene sentido para él. Luego respetuosamente o aceptamos el argumento completo o podemos ofrecer más de información que enriquezca el punto de vista ajeno; hasta llegar al «Ajá, ahora caigo» que proviene de una expansión de conciencia al aceptar que «dos cabezas piensan mejor que una».

No ofrecí que sería fácil, aunque SÍ ES POSIBLE; y vale la pena el esfuerzo invertido en este afán; Es uno de los resultados de la domesticación de la mente.