Preparemos nuestro cuerpo, mente y espíritu ahora que todavía podemos corregir nuestro pensar, quizás limitante y exploremos la inmensa posibilidad de vivir plenamente desde ahora.

En cada época de la historia civilizatoria de la especie humana, la clasificación de los individuos, por función, fuerza, o capacidades tanto físicas como espirituales o científicas ha sido un proceso que ha establecido acuerdos que muchas veces no conservan la esencia de sus orígenes.

En este momento de reflexión que involucra una variedad incontable de acontecimientos post declaratoria de un estado pandémico de la humanidad, todo adulto mayor de 65 años es susceptible de sospecha, antes que de cuidado y respeto.

En la Roma gloriosa, “senex” hacía referencia a todo sujeto mayor a 55 años y se trataba de la edad de la “sententia” que era sinónimo de juicio, opinión, buen juicio y sensatez, palabras todas con la misma raíz latina.

Al referirme a este aspecto de sospecha quiero apuntar al hecho de que la pandemia ha acelerado la duda de que los “senex” están demás, algo así como que si ellos no fueran tantos, el virus no hubiera sido tan letal, al momento de escribir este artículo me he enterado por los medios que ya lleva 26 mutaciones y me ofrecen una abanico de vacunas sin garantía de estudios ni observación a largo plazo y prudentes análisis de los efectos, vacunas desarrolladas a partir de las primeras cepas, sencillamente, mi mente y mis funciones cerebrales se ponen en estado de alerta porque la experiencia de la asimilación de conocimiento desdice con la propuesta seudo científica porque no guarda ni la experiencia ni la descripción de la arriesgada aventura, son vacunas “infans” que carecen del desarrollo de buen criterio que da el tiempo y la edad.

El gran sueño de vivir lo más posible, cantidad de años, aunados a calidad de vida y valoración social han desaparecido, la crisis de principios de la cuarentena llegó al extremo de decidir quién vive o a quién se deja morir.

En la segunda ola y las que vengan lo que más molesta a la gran mayoría, quienes aún no llegan a la edad de ser considerados viejos y por tanto susceptibles de ser prescindibles, es ser privados de la posibilidad de vivir como quieren, como el sistema los ha adoctrinado, en un culto exacerbado a la juventud, el individualismo y la irresponsabilidad, ya que las interminables listas de medidas de bioseguridad implantadas apelan al compromiso social de cuidar del otro y en particular de los mayores de aquellos guardianes del nexo psicosocial de la humanidad.

Revisando un poco la etimología de las palabras y de los vocablos que hacen referencia a la vejez, que va más allá de la acumulación de años y que se visibilizan en el cuerpo lentificado por la reducción de la chispa de la vida debido a la acumulación de experiencias emocionales no procesadas y la toxicidad de los variados estilos de vida practicados, encontré definiciones que amplían la comprensión de la vida adulta.

Así la situación lingüística devela un alcance mayor a la acumulación de años como sinónimo de hacerse viejo.

Descubrí con precisión que “senectud” hace referencia al envejecimiento del cuerpo, ya que al ser nuestro organismo un conjunto celular complejo se ve sujeto a las leyes biológicas que lo regulan, tales como nacer, crecer, reproducirse y morir.

 Senectud, deriva del vocablo latín “senectus” que es sustantivo y significa edad y además del verbo “senescere” cuyo significado es envejecer. Lo más lineal es decir que senectud significa envejecer en años, pero…no es sólo eso.

El ser humano como un organismo vivo no se exime de dichas reglas, además hace su realidad el componente de su mente con grandes capacidades neurocognitivas y su esencia de Ser que lo conmina a descubrir la trascendencia de su paso por este mundo.

Aunque se usa indiscriminadamente senectud y senilidad, estos no son sinónimos, pues el primero hace referencia al paso del tiempo sobre el cuerpo humano y el segundo describe cómo los daños neuronales y que los romanos definían como entrado en años, no como una pérdida de la dignidad humana.

Aquella lista de síntomas y signos que muchos temen al llegar a cierta edad está ampliamente difundida en el plano médico pues implica una sentencia de inevitable y una expiación de los excesos y defectos de la vida acumulada.

Conviene reflexionar en el hecho que, en la época de la República, en el Senado sus miembros eran aquellos que habían alcanzado la edad correspondiente, desarrollaban sus cualidades previamente en cargos temporales que los hacían acreedores a ser parte del Senado ya que acciones como sentir, asentir, consentir, sentencia, sentido y sensato eran el resultado de la edad, la experiencia y el criterio bien formado.

En este pequeño espacio ahora empleado en hacer comparaciones que provoquen reflexión y mejora en la actitud con respecto a los años y cómo llevamos nuestra vida, la vejez personal  es un camino desconocido no un fin estático o indiferenciado, pues vamos hacia una etapa de vida más o menos largo en el que no hemos estado antes a diferencia de “sanar tu niño interior” por ejemplo etapa de la que todos tenemos memoria para poder trabajar en ello.

A medida que avanzo en mi práctica psicoterapéutica he pulido cada vez más mi enfoque y ahora defino como marco teórico de mi trabajo en las Etapas del desarrollo humano de Erick Erickson y suelo formular mis pre-hipótesis según la edad en la que se encuentre el consultante y la dificultad por la que atraviese, aunando los aportes de la Inteligencia emocional de Goleman y el nivel de autoconocimiento y autocontrol que evidencie al formular su malestar emocional.

Entonces buscando material actualizado para abordar la salud mental en el anciano, fue interesante encontrar la división que solían hacer los romanos con respecto a la edad de los varones, cabe aclarar esto ya que el enfoque de la época se centraba en la mente, el cultivo y dominio de esta y en la capacidad racional y productiva del individuo, recuerden que el concepto de ciudadano es de ellos.

En el siguiente cuadro los conceptos no son ubicados en comparación de significado ni con la pretensión de pretender explicar con el presente el pasado ni viceversa, es un acercamiento al interés del ser humano de comprender cómo nos hacemos individuos integrales y ciudadanos socialmente aceptados e insertados en el medio social en que vivimos.

División cronológica de las etapas de la vida de los romanosEtapas del desarrollo humano de Erick Erickson
Infans o infantes: de 0 a 7 años.  Confianza básica vs. desconfianza básica. De 0 a 1 año Autonomía vs. vergüenza y duda. De 1 a 3 años Iniciativa vs. culpa. De los 3 a 6 años  
Puer o niños: de 7 a 17 años.  Industriosidad vs. inferioridad. De los 6 años hasta la adolescencia.  
Adulescentia o adolescentes: de 17 a 30 años.  Adolescencia propiamente dicha en nuestra época actual: Identidad vs. confusión de rol. Intimidad vs. aislamiento  
Iuvena o joven: de 30 a 46 años.  Intimidad vs. Aislamiento Generatividad vs. Estancamiento  
Senior o adulto: de 46 a 60 años.  Generatividad vs. Estancamiento  
Senex anciano: de 60 a 80 años.  Integridad del yo vs. desesperación  
Aetate provectus: más de 80 años.Integridad del yo vs. desesperación  

Erickson plantea un desarrollo psicosocial más enfocado en los primeros 20 años de vida, con un hondo impacto de las relaciones afectivas entre el recién nacido y sus progenitores o cuidadores próximos, evolucionando hacia su entorno inmediato, escuela, pares, profesionalización, relaciones con compromiso de trascendencia y servicio hacia uno mismo y la sociedad. Para culminar con la reelaboración de la satisfacción de haber vivido.

Al mismo tiempo nos presenta los más significativos conflictos que puede entorpecer una buena crianza y como cada vacío de una etapa de la vida es la base para los conflictos existenciales a medida que envejece.

A los romanos los dejamos en este punto, aunque no es muy aventurado decir que su caída pudo ser en parte atribuida a un deterioro en la crianza de sus ciudadanos.

Lo más importante a la octava etapa de vida de la tabla E. Erickson es la consideración para poder disfrutar de los años que vengan después de los 65 edad en la que hace unas décadas se unía, enfermedad y muerte y que propuso con honda sabiduría de ser un “senex” satisfecho con su experiencia de vida que cuidó de aligerar el deterioro inexorable del tiempo y aprovechó la experiencia de haber vivido, amado y servido en sociedad, hubiera sido digno miembro del Senado Romano.

Hago referencia a la valoración justa de lo vivido, una comprensión humanizada de la época y del mundo que le tocó vivir y un agradecimiento genuino por la oportunidad de ser y estar en el mundo.

La etapa postrera de lo vivido indica la habilidad emocional para resolver lo mejor posible y satisfactorio los conflictos de cada una de las etapas anteriores, aunque haya habido conflictos existenciales estos se suplieron con sabiduría y la oportunidad de sanar y cerrar convenientemente los ciclos que pudieron haber destruido ilusiones o cerrado opciones.

Gran diferencia a aquel individuo que fue cerrando su corazón y el conocimiento emocional propio y acumuló amargura, frustración e ingratitud, pues se enfrenta a una larga etapa emocional desconocida, tan solo desarmado y cubierto de incertidumbre desesperación y el miedo los transforma en malhumorados, solitarios temiendo la muerte y buscándola a la vez.

El sabio “senex” agradece los minutos extras que su ciclo de vida le brinda, el viejo ve la vida como un castigo del Cronos y llega hasta a maldecir cada nuevo amanecer, se siente y comporta como carga para su entorno, su sistema emocional está realmente bloqueado, lamenta haber vivido y reniega de las posibilidades que la vida le da.

Tal vez si en los siguientes tiempos que la vida ahora nos presta, ocupamos nuestro tiempo en acciones temporales para desarrollar habilidades psico cognitivas de buen criterio y formación continua, podamos los que caminamos hacia una etapa más incierta pero no menos emocionante que la que transitamos ahora, entonces curar viejas heridas, aprendamos de la vulnerabilidad y lo incierto a disfrutar del ahora y a amar íntegramente a cuanto y cuantos nos rodea.

He ahí la integración de lo femenino y masculino del individuo, fortalecer a la mente y su producto cognitivo con la inmensa realidad de la emoción y la psique descuidada y desconocida aún.

Nuevos tiempos requieren acciones nuevas y para  muchos integrar la personalidad humana creo es el mejor camino para sobrevivir exitosamente en este devenir histórico y quizá podamos hacer realidad aquel poema de terminar nuestra vida en la exhalación de un profundo orgasmo porque ha valido  vivir íntegramente pese a todo.