Con aquellos pacientes que sí existe un relato claro y contundente de su historia, enriquecido en detalles y por ende poco abreviado, dentro de lo abreviado que siempre tendrá que ser el relato de nuestras vidas, es mucho más fácil, aún cuando se trate de historias cargadas de experiencias traumáticas, tener resultados satisfactorios, que en aquellos casos donde existe vacíos temporales, o, por decirlo de algún modo, cuando son muchos los episodios no escritos, obviados. Me atrevo a postular que existen personas más proclives a la auto-narración que otras. Quienes no gozan de esta característica conllevan un trabajo terapéutico mayor, pues en paralelo al trabajo de la narración en sí misma, se debe entrenar con el sujeto su capacidad de llevar la experiencias y sus emociones consecuentes a palabras. Cabría pensar entonces en niveles de reconstrucción de experiencias subjetivas de mayor y menor complejidad, dadas las características o particularidades de cada sujeto.

Ocurre en otros casos, que el acervo cultural y lingüístico de las personas es muy rico, y en este caso el trabajo consiste en despejar aquellos momentos cruciales del relato que gozan de mayor potencia dentro de toda la experiencia del sujeto, para evitar, por ejemplo, la excesiva racionalización.

El lenguaje, o más concretamente las palabras, son una herramienta muy potente, con un valor que puede exceder el dominio de quien las utiliza, en términos de su impacto en la vivencia personal de ser. Ante esto, la labor de un terapeuta especialista en salud mental, es lidiar con este entramado de narraciones, con la atención y comprensión adecuadas para facilitar el esclarecimiento de aquellas situaciones narradas, descritas como problemáticas y/o fuente de sufrimiento, dado el tratamiento que el propio paciente le da a dicha situación/narración a través del lenguaje. Se trata de un repaso permanente, de un círculo virtuoso que implica no dar por subentendidas las cosas, pues, como lo indica la expresión popular “la vueltas son las que dejan”, de eso se trata reflexionar y pensarse a sí mismo a través del lenguaje, y no sólo al mundo exterior. Somos sujetos y objetos de análisis, en nuestras acciones, decisiones y sentimientos.