De un día para el otro y sin esperarlo nuestras vidas cambiaron por completo. Perdimos el abrazo y respetamos la distancia. Descubrimos que lavarse las manos es mucho más que limpiarse y que toser en el pliegue del codo puede salvarle la vida a quien tengo en frente o preservar nuestra salud.  

Aquello que reflejaba simplemente ciertos hábitos saludables e higiénicos hoy representan una necesidad y obligación socio-comunitaria para resguardarnos.

Pero ¿cómo saber si verdaderamente nuestro comportamiento corresponde a un trastorno obsesivo compulsivo (TOC)?

Este tipo de trastorno puede manifestarse a través de ideas obsesivas e impulsivas no deseadas o de carácter involuntarias que generan ansiedad y malestar en aquellos que las padecen. Este tipo de rituales o conductas repetitivas actúan en pos de una defensa ante ese peligro o temor percibido como inminente y que por medio del accionar trata de prevenirse. Generalmente los principales actores de este tipo de trastornos suelen manifestar y reconocer que esta sensación de malestar es inapropiada y excesiva, ya que no responden a una amenaza real.

Lavarse las manos con frecuencia, una compulsión común en el TOC

En la búsqueda de neutralizar aquellas sensaciones o pensamientos desagradables que se manifiesten como una sensación de contagio de COVID, el lavarse las manos surge como una solución de escape temporal.

Las acciones preventivas se convierten en un trastorno cuando el individuo ve afectada la continuidad de su vida diaria por este tipo de comportamientos o rituales específicos. No es la acción en sí misma de lavarse las manos sino lo que deja de hacer por ello. Por ejemplo, el miedo excesivo de creer que podemos dañar a otros por no ser lo suficientemente cuidadosos puede llevar a un aislamiento permanente que profundice la sensación de soledad y distanciamiento con nuestro círculo próximo.

El comportamiento, parte de un contexto

Nuestras conductas se manifiestan dentro de un determinado contexto, por eso nunca debemos analizar ellas de modo aislado. Lavarse las manos con frecuencia e incluso higienizar nuestros productos en plena pandemia no puede ser evaluada como una conducta obsesiva. No todas las acciones repetitivas son compulsiones. Hoy los profesionales de la salud que trabajan interdisciplinarmente asistiendo a los pacientes COVID se encuentran mayormente expuestos, por lo cual en ellos es fundamental cumplir con ciertos protocolos que aseguren su seguridad y la del resto. Lavarse las manos cada 15 minutos puede ser un ejemplo.

La sensación de pérdida de control es frecuente y puede manifestarse a través del miedo de dañarme o dañar a otros. Esta emoción básica es un motor vital que ha permitido nuestra existencia y evolución, pero que en demasía puede manifestarse como ansiedad y ser un verdadero impedimento que nos lleve a la soledad.

La aceptación de estos pensamientos irracionales que carecen de una base real puede ser el primer paso hacia la construcción de protocolos, sin caer en excesos.