En salud mental todo recurso empleado para soportar la ansiedad y evitar el dolor generado en el mundo exterior y para la psique es intolerable, se denominan mecanismos de defensa.

Cuando Sigmund Freud y su hija Anna lograron describir los mecanismos de defensa basados en la experiencia clínica del Psicoanálisis, llegaron a la conclusión que el Yo maneja la angustia generada por las exigencias del Superyo y  la insistencia del Ello al no ser satisfecho, desencadenaba un estado pulsional peligroso para la sobrevivencia del individuo; así se dieron a la tarea de clasificarlos de acuerdo al recurso que emplearan y describiendo la eficacia del mismo en el desarrollo de la integración de la psique humana.

El sujeto más o menos integrado no suele emplear un mecanismo en particular, sino que apela a un coctel de artificios que aseguren bienestar a largo plazo. Tales como el olvido, que no implica que el hecho traumatizante no ocurrió, sino que está protegido por la barrera de no recordar.

Al apelar a la negación el sujeto rechaza la situación angustiante bloqueando el hecho como tal y negándolo en su discurso y comportamiento ante el mismo.

Hay casos, los más frecuentes en que el hecho queda reprimido en el fondo del inconsciente, es una mezcla de negar y olvidar, pero que implica que si bien el hecho no es evocado en la realidad, la angustia que este genera está latente y el sujeto evita condiciones ambientales o emocionales que le activen dicho malestar emocional, muchas veces sin poder dar una explicación más sana de sus sensaciones ni poder entender a qué nudo existencial corresponde su manera de sentir.

Ante estas circunstancias de conformación psíquica el sujeto acumula en su inconsciente una cadena tanto cronológica como familiar, cultural y social de experiencias que le producen malestar, para apelar a la memoria guardada, olvidada o reprimida, el psicólogo, cuenta con herramientas teóricas que al ser manejadas profesionalmente hacen de la psicoterapia un buen recurso para reordenar la psique.

El dolor emocional se comprende mejor y se descubre su intrincado mecanismo inconsciente si revisamos las fases del desarrollo psicosexual de Freud que al ser mal resueltas nos dejan una mejor explicación del origen y eslabones con las adicciones, igual interpretación y desarrollo nos brinda el análisis y comprensión la fase anal y el proceso de control de esfínteres con las posibilidades de represión, asco y rechazo nos dejarían TOC, o rigidez en la capacidad de expresar emociones y cuan delicado y necesario conocer y entender la fase genital, que sin una sana superación del Complejo de Edipo trae aparejado conflictos de identidad sexual en cuanto al objeto y a la finalidad de la sexualidad.

Si nos guiamos por Melanie Klein, la estructura esquizo y la posibilidad de una ruptura psicótica con la realidad, cando la experiencia del infante acumula más en frustración que en reparación de la angustia generada por el pecho malo y éste supera a la calidez y soporte emocional que proporciona el pecho bueno.

Revisemos que Donald Winnicott apuntaba a que el infante requiere de una madre suficientemente buena, no perfecta, sino que estuviera disponible, que contara con el apoyo familiar para que ella pudiera dedicarse a dar al niño/a la posibilidad de ser, de salir de ella y volver al saber por la experiencia de cuidado y gratificación que el podía crear su propia vida en aceptación y reconocimiento.

Toda la teoría desarrollada a partir del psicoanálisis de Freud y que, para ser acorde con cada nuevo actor, éstos se separan de S. Freud  aceptando la fase oral como factor común a sus teorías y discrepando en el desarrollo psicosexual del infante, en estos tiempos es aceptado que las emociones, la capacidad materna de dotar de relaciones significativas y asegurar un desarrollo emocional más sano y menos traumático parecen ser las condiciones primarias para evitar la acumulación de elementos angustiantes y entonces la personalidad del individuo se construiría con bases de confianza, autonomía y liderazgo y así la culpa, la vergüenza o el miedo estarían ausentes, pues son estados de ánimo y emociones adquiridas y siempre será mejor construir psiques más sanas desde la más tierna infancia a tener que corregir adultos atormentados por el miedo la vergüenza o la culpa.

La salud mental conlleva la responsabilidad de conocer el desarrollo psicosocial de los individuos, la evidencia científica y psicológica actual en la que cito el esquema de estadíos de Desarrollo Psico social de Erick Erickson, quién puso en una escala de capacidades desde el más tierno infante hasta el adulto mayor que supera los 65  años de vida con sus complejidades de desarrollo, crecimiento, formación, producción, y trascendencia el ideal de un sano desarrollo, en contrapartida con la evidencia social de lo que ocurre con un sujeto en formación al que se le priva de las herramientas y los medios para ser feliz y realizado. Concluyendo, en salud mental se aspira a que el sujeto, pueda recordar, sea capaz de aceptar y pueda contar con los recursos emocionales adecuados para asimilar los hechos del pasado y resignificarlos para conseguir una plenitud emocional y un sano desarrollo de las capacidades psicológicas que se evidencien en relaciones significativas y aportes sociales y culturales trascendentales.