«Quien no quiera abrir la mente a un conflicto que le perturbaría, tendrá que abrir el cuerpo a los agentes infecciosos.»

La enfermedad como camino

Con todo el respeto que merece este tema me atrevo a escribir desde mi visión médico-psicológica algunas cosas que considero importantes y que pueden aportar, aunque sea un granito de arena, a este conflicto mundial que hoy nos reúne. Soy consciente de que estando dentro del problema hay muchísimos puntos ciegos que no podemos discernir y que sólo el tiempo irá iluminando el Sentido.

El virus apareció y rápidamente cambió el rumbo de la vida en el Planeta Tierra, hoy no hay tiempo para pensar, hay que actuar. Hay muchos datos que se desconocen sobre el tema, muchísima información que se va develando con el paso de los días, las horas.  James Hillman dice en su libro «El mito del análisis»:

«La teoría del cuerpo humano es siempre una parte de la fantasía. Es el misterio de nosotros mismos, de nuestra naturaleza, tal y como viene imaginada por la memoria, cuyas posibilidades de imaginación están gobernadas por patrones arquetípicos. La formación de teorías es, por ello, tan libre y fantástica como pueda serlo la imaginación; y posiblemente está menos limitada por los datos de observación que por los apriori arquetípicos dominantes en la imaginación, esas preformaciones de ideas que actúan como preconcepciones y determinan el cómo y el qué tiene uno que observar.»

Bajo esta perspectiva cabe preguntarse, ¿qué estamos proyectando como sociedad, en este virus? Si bien, al estar en medio de la tormenta no podemos tener claridad sobre lo que está ocurriendo, sí podemos ir amplificando el símbolo para que emane su significado. 

Entonces, ¿qué son los virus y qué sabemos sobre ellos?

Los virus son agentes infecciosos acelulares. Su nombre proviene del latín virus, y en griego ἰός significa toxina o veneno. Aún es materia de debate si los virus son seres vivos o no, porque no realizan funciones vitales, pero a su vez se comportan como seres con autonomía, algunos autores se refieren a ellos como «organismos al límite de la vida». Son cuasi invisibles, se necesitan microscopios especiales para poder verlos, son submicroscópicos; aunque existen excepciones. Los virus se hallan en casi todos los ecosistemas de la Tierra y son el tipo de entidad biológica más abundante, son muy antiguos, y se cree que su origen es anterior a la bifurcación de la vida en los tres dominios (Bacteria, Archaea y Eucarya).

Hay muchísimos datos que se desconocen de los virus, y es esto lo que incentiva la fantasía sobre lo que son, cómo se comportan, etc.

«La fantasía interviene especialmente allí donde falta el conocimiento exacto. Se forma así un círculo vicioso y lo mítico usurpa la formación de teorías; es más la fantasía es capaz incluso de encontrar pruebas de lo mítico en los datos de observación. Ver es creer pero creer es ver. Vemos lo que creemos y demostramos nuestras creencias con lo que vemos.»

Es difícil para un espíritu científico darse cuenta de esto, ya que para la ciencia la subjetividad no es considerada parte del experimento y se piensa que la persona que está frente a un ensayo está libre de proyecciones, pero es tiempo de que se empiece a aceptar la realidad de la psique y su condicionamiento en el actuar.

Dicha circunstancia resulta muy evidente cuando contemplamos viejas creencias. Más difícil resulta percibir estas influencias en las observaciones más recientes.

“Un ejemplo: Durante los siglos XVII y XVIII una serie de razonables hombres de ciencia, mientras estudiaban empíricamente los problemas de la fertilidad, la concepción y la embriología aseguraron haber visto, en los espermatozoides observados al microscopio, formas humanas extremadamente diminutas, con sus brazos, cabezas y piernas.”

Estamos frente a una proyección globalizada, hay un virus, del cual conocemos algunas cosas pero otras quedan a merced de la fantasía. Por ejemplo, al comienzo de la pandemia la gente empezó a comprar papel higiénico en grandes cantidades, en los supermercados se llegaron a armar disputas graves por un paquete como si con el simple hecho de tenerlos se pudiera ser inmune al virus.

La vestimenta que muchos inventan para poder ir a comprar al supermercado y no contaminarse es una muestra de creatividad y de fantasía sin igual, ahora se permiten ser héroes, heroínas, antisociales, excéntricos sin ningún condicionamiento.

El lavado de manos se convirtió en un ritual. A la vez que se canta una canción la persona se limpia, se desinfecta, ¿no hace pensar esto en un ritual de limpieza espiritual? Cantar un mantra, rezar una oración, mientras lavamos nuestra mente de pensamientos que nos infectan y nos desgastan. Como no tenemos, o mejor dicho, no queremos tener tiempo para quitarnos los pensamientos que nos agobian, el virus viene como un permiso obligado.

El virus ha puesto en vilo a todo el mundo al mismo tiempo, ha hecho falta la aparición de un diminuto agente para que tomemos consciencia de lo cerca que estamos con el resto del mundo. Hoy China está a un estornudo de distancia y el efecto mariposa ya no es una frase trillada de una película de Hollywood, porque está ocurriendo, está pasando aquí y ahora. Lo que sucede en el otro lado del mundo me afecta directamente a mi, y paradójicamente nos damos cuenta de cuánto bien hace el contacto humano ahora que no lo podemos tener.

La enfermedad como símbolo

“Vivimos en una época y en una cultura enemigas de los conflictos. El individuo trata de evitar el conflicto en todos los campos, sin advertir que esta actitud impide la toma de conciencia.”

El virus genera un conflicto, hay que tomar una posición, decisiones extremas políticas y sociales, las prioridades cambian. La economía que era el centro de la vida cede su puesto a la vida, y ésta se manifiesta, florece y nos vuelve a recordar que no tenemos el control. Este conflicto que viene a movernos el piso, a derribar estructuras y creencias, tiene un campo de acción, el cuerpo humano.

“La materia —y, por lo tanto, también el cuerpo— sólo pueden servir de superficie de proyección, pero en sí nunca es el lugar en el que surge un problema y, por consiguiente, tampoco el lugar en el que pueda resolverse. El cuerpo, como superficie de proyección, puede representar un excelente auxiliar para un mejor discernimiento, pero las soluciones sólo puede darlas el conocimiento. Por lo tanto, cada proceso patológico corporal representa únicamente el desarrollo simbólico de un problema cuya experiencia enriquecerá la conciencia.”

El virus es el culpable. Vivimos en una sociedad en la que solemos responsabilizar a otros de nuestros propios actos, los padres, el gobierno, algún vecino, el jefe, etc. son los que cargan con la culpa de quienes no quieren hacerse cargo de sus malas decisiones, de sus fechorías e inferioridades. Ahora el culpable es imperceptible, está por todos lados y puede atacar a cualquiera. Su invisibilidad también nos recuerda que aquello que no vemos, también es real y actúa. En un mundo apegado a los cinco sentidos es un desafío enorme no poder ver ni tocar para «creer». Lo invisible es poderoso, nuestra vida está en sus manos.

El virus está en el aire y quienes sean capaces de asimilarlo no sufrirán una enfermedad grave. Es a través de la respiración que lo adquirimos, la respiración nos obliga a conectarnos con lo ajeno, y asimilarlo en nosotros mismos, recordemos que respiramos el mismo aire que nuestro enemigo.

Este virus produce un proceso inflamatorio en las vías respiratorias de los afectados, con secreción de moco, fiebre, decaimiento, etc. Se libra una batalla en el cuerpo, el agente infeccioso ha ingresado, y el sistema de defensa sale a combatirlo.

“Si esta terminología (por cierto, habitual) resulta al lector un tanto «bélica», recuérdese que en el proceso inflamatorio se trata realmente de una «guerra en el cuerpo». (…) Si el cuerpo consigue derrotar a los agentes infiltrados, se ha vencido la infección. Si ganan los invasores, el paciente muere.” 

¿De qué se trata este conflicto que el virus viene a poner de manifiesto? Si entendimos que:

“Cuando el individuo no está dispuesto a tomar consciencia de sus conflictos, asumirlos y buscar solución, ellos pasarán al plano físico y se manifestarán como una inflamación, podemos pensar que hay un conflicto global que no queremos asumir.

La polaridad de nuestra mente nos coloca en un conflicto permanente, en el campo de tensión entre dos posibilidades. Constantemente, tenemos que decidirnos, renunciar a una posibilidad, para realizar la otra. Por lo tanto, siempre nos falta algo, siempre estamos incompletos.”

El virus nos ha hecho hacer cosas que no queríamos hacer, nos ha venido a «completar» Por lo tanto en las cosas que nos ha hecho hacer a fuerza obligada debe haber una pista:

  • Quedarnos encerrados en casa sin obligaciones externas.
  • Disponer de tiempo libre.
  • Pasar tiempo con la gente que convivimos a diario.
  • Incertidumbre.
  • Vulnerabilidad.

Ya que la enfermedad nos vuelve sinceros con nosotros mismos podemos deducir que nos ha venido a mostrar que no estamos atendiendo a esa otra parte, esa parte que queremos evitar corriendo de aquí para allá con obligaciones innecesarias, con excusas para no estar presentes, para no sincerarnos con nuestra propia alma.

“El problema de la infección no consiste tanto —como creen los fanáticos de la esterilización— en la presencia de agentes como en la facultad de convivir con ellos.”

Esto mismo podemos aplicarlo al plano mental ya que no se trata de no tener problemas y conflictos, sino de ser capaz de convivir con ellos.

¿Y cuáles son los conflictos que estaremos evitando y que esta enfermedad viene a advertirnos?

  • Sentirnos vulnerables ante algo infinitamente inferior, o superior.
  • Darnos cuenta de la finitud de la vida.
  • Sentirnos parte de un todo interrelacionado.
  • Darnos cuenta del tiempo y otras formas de utilizarlo.
  • Cambiar las prioridades.
  • Pasar tiempo en familia, ya sea para darnos cuenta del valor de esa familia, o que esa no es la familia que queremos.
  • Darnos cuenta que los bienes materiales no nos van a salvar la vida.
  • Darnos cuenta que no tenemos vida interior, y lo importante que es tenerla.

Pero para hacer esto tenemos que decidirnos conscientemente, sacrificar ciertas cosas para obtener otras, este es un momento de definir qué queremos y cómo lo queremos lograr, de pulir y limpiar todas esas ideas que no son útiles y que muchas veces replicamos ciegamente por miedo a no encajar en la sociedad.

“Cada decisión supone un sacrificio —en cada caso, sólo podemos hacer o una cosa o la otra— y estos sacrificios necesarios generan ansiedad. Por ello, muchas personas se quedan indecisas ante el conflicto, incapaces de decantarse por uno u otro polo. No hacen más que cavilar cuál puede ser la decisión correcta y cuál, la equivocada, sin comprender que, en el sentido abstracto, nada es correcto ni erróneo, porque, para estar completos y sanos, necesitamos ambos polos, pero dentro de la polaridad, no podemos realizarlos simultáneamente sino uno después del otro. ¡Empecemos, pues, por uno de ellos y decidámonos ya! Toda decisión libera.”

El aparato respiratorio como escenario del conflicto

Es en el sistema respiratorio en donde se muestra el conflicto y es la respiración un acto de acoger y expulsar, de tomar y dar.

“La respiración es un buen ejemplo de la ley de la polaridad: los dos polos, inspiración y espiración, forman, con su constante alternancia, un ritmo. Un polo depende de su opuesto, y así la inspiración provoca la espiración, etc. Un polo compensa el otro polo y los dos juntos forman un todo. Respiración es ritmo, el ritmo es la base de toda la vida.”

La función central de la respiración es un proceso de intercambio, en la infección respiratoria esta función se ve impedida por la gran secreción de mucosidad. Hacemos un esfuerzo exagerado para defendernos de un enemigo, y al final terminamos perjudicando a nuestro propio cuerpo. Lo mismo nos sucede a nivel psíquico, gastamos mucha energía tratando de esquivar nuestros propios deseos y pensamientos, desoímos los llamados del alma y terminamos perjudicándonos, nos enfermamos a tal punto que dependemos de pastillas para dormir, para el estrés, para el dolor de estómago, etc.

La respiración y la vida

La respiración tiene una estrecha relación con la vida. Cuando nacemos tenemos que respirar por primera vez, aunque hayamos vivido varios meses en el seno materno, respirar es la condición básica para sobrevivir en este mundo de aire, si no respiramos nos morimos en unos pocos minutos. Respiramos unas 12-16 veces por minuto, 720 por hora y 17.0280 por día. Es la única función autónoma que puede modificarse con la voluntad, la frecuencia cardíaca también pero a fuerza de mucha labor interna.

Respirar viene del latín spirare y espíritu, de spiritus. En griego psyké significa tanto hálito como alma. Por medio del aliento, nos hallamos constantemente unidos a algo que se encuentra más allá de lo creado, más allá de la forma. El aliento hace que esta unión con el ámbito metafísico (literalmente: con lo que está Detrás de la Naturaleza) no se rompa.

Como vimos antes los virus no se consideran seres vivos ni muertos, sin embargo nos vienen a evidenciar la muerte y a replantearnos el valor de la vida.

La gente en general no vive, sino que más bien gasta tiempo, no están presentes completamente, siempre piensan en lo que vendrá, «cuando me jubile voy a hacer lo que siempre quise», «cuando me reciba voy a dejar todo y viajar», «si consiguiera ese otro trabajo sería feliz», etc. Viven esperando, esperando que se pase la mañana en el trabajo, la tarde comprando y la noche con series y medicinas para dormir. Ahora el tiempo sobra y hay que usarlo, ya la TV no adormece, las series aburren y la vida entonces nos llama a vivirla. Ahora la vida importa porque la muerte se hace evidente.

Para finalizar, quiero cerrar con una frase de una disciplina antigua que está íntimamente relacionada con la psicología médica: la alquimia. Esta frase dice: «bienvenido a la nigredo!», y significa bienvenido al comienzo de la transformación. En la alquimia el proceso comienza con la masa confusa, la materia prima que es un caos, todo se encuentra mezclado y desordenado, tal como el miedo y la confusión que vivimos hoy. En este proceso se suceden distintas etapas cargadas de emoción y trabajo profundo, hasta llegar al oro alquímico, al centro, al Sentido eterno. Este producto final es algo extremadamente sencillo, no es oro mineral, es lo más simple y cotidiano que podamos imaginar y que luego de todo el trabajo se vuelve realmente valioso.

Aprovechemos este tiempo para realizar este trabajo interno, reconocer, asimilar y amar lo que nos desagrada de nosotros mismos, y así volvernos seres más completos.


BIBLIOGRAFÍA:

1- DETHLEFSEN, Thorwald y DAHLKE, Rudiger online, https://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/enfermedad_camino/enfermedad_camino.htm

2- HILLMAN, James, El mito del análisis, Siruela, Madrid, 2000.

VIRUS: https://es.wikipedia.org/wiki/Virus