Se dice que las parejas debiesen tener discusiones o peleas de vez en cuando como síntoma de que la relación cursa positivamente. Lo malo sería que no peleasen nunca o en el otro extremo, que peleasen muy seguido.

¿Ahora, por qué las parejas necesariamente deben pelear? Primero, casi todas las parejas empiezan con escasas o nulas peleas. En un comienzo, todo es felicidad, todo es goce, y la sensación de estabilidad personal con la otra persona es magnífica. ¿Por qué entonces se acaba toda esa felicidad?

La respuesta está en que las personas solemos auto-engañarnos en un comienzo. Somos “ciegos” o no queremos ver aquellas cosas que nos causan daño o nos molestan del otro. Por ejemplo, una mujer ve que su pareja no le contesta sus llamados en el día, ella se diría a sí misma “pobre, debe estar muy ocupado trabajando”. Meses después, ella se da cuenta de que siempre es ella quién lo busca a él y la fantasía de que todo era perfecto se derriba. Así es como normalmente comienza un conflicto.

El origen de un conflicto no es más que la parte superficial del problema. Lo que hay detrás de ello son las personalidades de cada uno. Así como en el ejemplo anterior, la mujer sufre porque cree que su pareja está menos interesada, por otro lado, el hombre se siente ofuscado porque la mujer incesantemente lo persigue con llamados o cuestionamientos, llevándolo a sentirse ahogado y sin libertad en la relación. Ahora, poniéndolo de esta forma, ¿de quién es la culpa entonces en una pelea de pareja?

Generalmente las parejas se eligen desde la incompatibilidad, y por incompatibilidad me refiero a personalidades opuestas, que es distinto a los distintos gustos personales que pudiese tener cada uno. Así, el ejemplo mencionado antes tendría la misma explicación que otros miles de ejemplos de peleas o discusiones que se ven en la vida cotidiana o en mi experiencia con pacientes.

En este sentido, el psicoterapeuta italiano Vittorio Guidano, explica que en una pareja usualmente se da una paradoja única, la cual señala que los humanos presentamos la necesidad de morir o hacer todo lo posible por el compañero, lo que implica el despreocuparnos por nuestra propia identidad. Y, por otro lado, la necesidad de morir antes de ser absorbido por el  compañero, lo que significa darnos prioridad a nosotros antes de pensar en ambos como relación

Lograr el equilibrio perfecto entre esos polos es imposible, por ello los miembros de una pareja tienden a ubicarse más cercanos a uno u otro polo, sin embargo, cuando uno o ambos miembros se mantienen rígidamente en un extremo, es cuando surgen las inevitables peleas o crisis en la relación.

Próximamente hablaré de cómo las parejas cursan por una crisis y cuáles son las más comunes vías erróneas de solución que emplean. Asimismo, mostraré desde una perspectiva clínica dónde es que la pareja debiese dirigir sus fuerzas para una solución efectiva.