Al amor, algunas personas lo pintan como el sentimiento más sublime que se puede viv-ir, un estado muy grande. Tal vez pueda leerse (seguramente se le puede dar otras lecturas) parcialmente y de manera muy general, como sinónimo de placer, pero también de displacer (psicológico y físico) ya que esta condición cíclica en los sujetos viene de momentos entre “me gusta el amor” y “no me gusta el amor” por lo contingente que implica. Es decir, siempre hay una apuesta a que se puede seguir edificando y re-edificando el amor con la persona amada, pero también puede ocurrir que se pueda ir desmoronando. Cuando el amor en pareja se va construyendo y reconstruyendo al mismo tiempo, van ocurriendo rupturas, crisis, mismas que van a permitir esos movimientos de re-construcción, por ej; discusiones, peleas verbales, problemas económicos, cambios de trabajo, la llegada de un hijo, alguna enfermedad, cambio de hogar, etc. Crisis que muchas parejas de cualquier parte del mundo van teniendo de acuerdo con su cultura pero que al mismo tiempo y paradójicamente les permiten seguir juntas. Se va “fortaleciendo” la relación, como cuando se llega a romper un hueso del cuerpo humano, duele… pero se vuelca con otra fuerza, sana esa ruptura para seguir avanzando (obviamente, este ejemplo no aplica en los casos de violencia en pareja, ese es otro tema).  

También está la otra opción de lo contingente: que alguna ruptura no sane como se esperaba y devenga el desmoronamiento, este, que a pesar de querer ir “fortaleciendo” la relación, pareciera que va llegando a una ruptura más grande y es inevitable el duelo, la pérdida del ser amado.

En la consulta, algunos pacientes hablan de la relación con su pareja, por lo general, en estado de desmoronamiento, cuando ya no pueden o no pudieron sostener-se en esa interacción, véase un ejemplo muy sencillo, por analogía: cuando un edificio se va desmoronando y no se pueden reparar esas fracturas, sólo es cuestión de tiempo para que caiga, una fractura lleva a otra y así consecutivamente. Bien, entre dos personas también pueden surgir esas fracturas, si sólo quedan así, sin re-pararlas, llega el momento en que se va volviendo más conflictivo y caerán de golpe. Ese transcurrir ocasionará “moretones”, “marcas” en el psiquismo, marcas en las emociones, en los pensamientos y en las conductas, que, traerán consigo, un sufrimiento singular.

Esto anterior, ya ocurrida la “ruptura definitiva”, puede dar lugar posterior a que el sujeto piense ante otra persona que le atrae: “sí quiero amor” y al mismo tiempo “no quiero amor”, “mejor prefiero mi propio amor, no necesito a alguien más…”. Aspecto que se parece más a una defensa ante algo que puede estar realmente deseando, SE DEFIENDE ASÍ DE SU PROPIO DESEO.

Me parece interesante una de las definiciones de la Real Academia Española (2018), específicamente, de la palabra, AMOR: “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.  Si esto es humano, si el amor es efecto de ser y estar insuficiente, efecto de desear a otro… todo ser humano busca el amor por su condición, por otro lado, también puede surgir miedo a necesitar y buscar, ya que puede ser “p-asado” por el amor, chamuscado, des-amor que puede hacer sufrir. Hay quienes ya no quieren establecer ninguna relación de pareja ¿miedo a mostrarse nuevamente vulnerables en necesitar a alguien más? O mejor dicho: ¿miedo al amor como algo que se puede volver a viv-ir? ¿ir?

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