Desde la práctica de la atención plena y el budismo, el tema de la muerte es algo importante, no un tema tabú del que huir. Considero que en las sociedades occidentales hemos convertido a la muerte en el gran enemigo, aquel del que huir y del que no hablar, relegando al olvido importantes cuestiones en torno a la vida y al final de ésta.

En mi caso, la muerte siempre me ha creado curiosidad y también miedo, miedo a perder a mi familia, miedo a perder mi identidad, miedo a perder mis recuerdos, miedo a la aniquilación completa, que no quedara nada tras de mí una vez que expirara mi último aliento. Mi curiosidad fue más fuerte que el miedo y por ello creo que decidí formarme en psicooncología y especializarme en cuidados paliativos, asistiendo al final de la vida de los pacientes. Creo que el miedo hunde sus raíces en el desconocimiento y el antídoto esencial del temor es informarnos y adquirir conocimientos, en mi caso así ocurrió con el tema de la muerte.

Asistir al final de la vida de otras personas, es una experiencia única que me ha ayudado a comprender mucho mejor la vida y me abrió a la espiritualidad, que siempre estuvo latente en mí, pero le costaba expresarse plenamente. En mi camino hallé personas maravillosas con las que tuve conversaciones a media voz llenas de silencios, pero que comunicaban más que una conversación plagada de palabras, he sido testigo del desapego previo a la muerte, he visto cómo el amor se hacía visible, convirtiéndose en una presencia física en las habitaciones del hospital. Todo ello me ayudó a afrontar con calma, serenidad y amor el final de la vida de mi propia abuela, haciéndome consciente de que solo el amor que damos a otros importa cuando se aproxima nuestro final, siendo consciente de que recibimos amor pero también lo irradiamos por nuestra mirada, tacto y presencia.

Para el budismo el concepto de la vida y la muerte no tiene sentido porque son solo conceptos, para Buda no había nacimiento ni muerte, porque según él, nuestra esencia (puedes llamarla alma) nunca muere. Desde esta perspectiva, Thich Nhat Hanh, indica que cuando las condiciones no son las óptimas para vivir, la vida se retira. Para el budismo, no llegamos nunca a nacer ni nunca partimos, solo nos manifestamos cuando las condiciones son las apropiadas (1). Para comprender un poco mejor este concepto, piensa en las flores o en los árboles, cuando las condiciones son apropiadas para florecer, florecen aunque la época del año no sea la habitual, aunque parezca que está fuera de contexto viviendo en una época que no es la “suya”, las flores crecen. ¿Podemos los humanos ser igual, vivir cuando las condiciones son apropiadas y marcharnos cuando no lo son?

Perder el miedo hacia la muerte es un trabajo que podemos hacer aquí y ahora y la mejor manera es explorar el sentido de nuestra vida. Desde el budismo, se dice que nuestra existencia se puede dividir en cuatro realidades entrelazadas: la vida, el morir y la muerte, después de la muerte y el renacimiento. Cuando nos centramos excesivamente en este mundo material que nos rodea y en el concepto de “yo” e identidad que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida, es probable que el temor a la muerte haga aparición, porque nuestra identidad se desintegra cuando morimos y solo queda la naturaleza de nuestra mente (2). Podemos explorar la naturaleza de nuestra mente por medio de la meditación, momento en el que trascendemos nuestra propia vida, nuestro propio cuerpo y la identidad que hemos creado.

En mi viaje personal por la muerte, me he hecho muchas preguntas pero creo que la más importante es la que comparto contigo a continuación.

  • ¿Solo somos nuestro cuerpo y cuando éste desaparece nosotros dejamos de existir?: Esta es una de las grandes preguntas que los seres humanos nos hemos hecho en torno a la muerte. Creo que esta gran duda proviene de la idea de que nuestra esencia, quiénes somos en realidad, solo es producto del funcionamiento de nuestro cerebro, de modo que cuando éste deja de funcionar, nosotros también dejamos de existir. Creo que la respuesta a esta pregunta la podemos hallar tanto en la ciencia como en las tradiciones espirituales:
  • Ciencia: Desde esta perspectiva, se han estudiado las experiencias cercanas a la muerte, donde pacientes gravemente enfermos o que sufren accidentes graves, tienen una parada cardio-respiratoria y están varios minutos sin introducir oxígeno a su cuerpo, provocando un cese de las funciones corporales, incluida la actividad cerebral. Múltiples estudios en torno a este tema, han demostrado que aquellos pacientes que mueren clínicamente durante minutos y son devueltos a la vida, son conscientes de todo cuanto sucede a su alrededor, tomando una perspectiva superior, viéndose a sí mismos desde el techo de la habitación o del lugar donde se encuentran, siendo conscientes de las palabras que se decían a su alrededor y de lo que se hacía. A continuación, cuando se prolongaba esta escena, sentían una gran paz y calma, sin temor a lo que pudiera ocurrir a continuación, después se encontraban rodeados de oscuridad, sintiéndose atraídos hacia un punto de luz para desplazarse después por un túnel de luz muy blanca y brillante, encontrándose al final de este camino con familiares ya fallecidos que les daban la bienvenida y accediendo a profundos conocimientos y sabiduría muy antigua. Se hallaban en un lugar donde no existía el espacio ni el tiempo, viendo un resumen de su vida. Una vez que los profesionales sanitarios lograban reanimarlos, relatan volver a su cuerpo, añorando la profunda paz encontrada en esa otra dimensión. Este suceso cambia la vida de aquellos que experimentan este acontecimiento. Puedes acudir a alguno de los libros de Raymond Moody, quien estudió este tema en profundidad (3).

Otro autor que ha estudiado este tema, ha sido el cardiólogo Pim Van Lommel, quien identifica nuestra conciencia más allá del cerebro humano. Este autor toma como punto de partida la física cuántica para indicar que la conciencia no puede ser localizada en un espacio y tiempo concretos. Desde este punto de vista, la conciencia está presente en todas partes y es infinita (4). Así pues, la ciencia comienza a atisbar que nuestra conciencia, nuestra esencia, sobrevive a la muerte del cuerpo porque existe más allá de éste.

  • Espiritualidad: Tomando el budismo como punto de partida, se considera al cuerpo como un templo para nuestra esencia o alma, que vive más allá de nuestro cuerpo. Debemos cuidar nuestro cuerpo para aprovechar nuestra vida y aprender las lecciones que hemos venido a aprender, pero es importante no confundir quiénes somos en realidad, la naturaleza real de nuestra mente, con este cuerpo físico en el que habitamos temporalmente.

Los años vividos y mis experiencias personales me han hecho comprender que yo no soy mi cuerpo, mi cuerpo me ayuda a vivir en esta realidad física pero yo soy mucho más que mi cuerpo. Puedo explorar mi esencia cuando medito, puedo sentir la energía de mi cuerpo cuando contacto con ella, puedo sentirme unida a la tierra, al sol y la luna, puedo viajar al pasado recordando otros tiempos… no, yo no soy solo mi cuerpo. Mi cuerpo me ayuda a explorar quién soy en realidad y es curioso que solo pueda trascender mi realidad cuando me uno a mi cuerpo, cuando lo siento y estiro, cuando practico yoga, cuando medito…

Desde la tradición de tantra yoga, se concibe nuestra conciencia (nuestra esencia, nuestra identidad) como una escisión temporal de la conciencia global a la que todos los seres vivientes con conciencia pertenecemos. De modo que durante nuestra encarnación en este cuerpo físico que habitamos temporalmente, tenemos la sensación de ser un individuo separado de los demás, pero la realidad es que formamos parte de una conciencia global que trasciende las limitaciones de nuestro cuerpo físico. Desde este punto de vista, cuando muere nuestro cuerpo, nuestra conciencia (nuestra esencia, prana o energía infinita) vuelve al hogar, a esa conciencia global a la que pertenecemos desde siempre y que está más allá del mundo físico que percibimos en esta realidad de tres dimensiones.

Sé que en este artículo he hablado de cosas algo profundas que tal vez nunca habías contemplado. Si es así, te animo a releer el post tantas veces como necesites para comprender la importancia de lo que hoy te he traído y que compartas con toda la comunidad de Psiconetwork tus reflexiones, dudas y preguntas. Disfruta de la magia de la vida, contacta con tu esencia y compártela con los demás.

  1. Nhat Nahn, T. (2018). La muerte es una ilusión. La superación definitiva del miedo a morir. Barcelona, Zenith.
  2. Rimpoché, S., (2006). El libro tibetano de la vida y de la muerte. Barcelona, ediciones Urano.
  3. Moody, R.A. (2010). Vida Después de la Vida. EDAF, 4º edición.
  4. Van Lommel, P. (2012). Consciencia. Más allá de la vida. Girona, Atalanta.

Este artículo fue escrito por Elena Alameda Jackson, Licenciada en Psicología Clínica y de la Salud.  A Elena la pueden contactar en su perfil de We Doctor: https://tuconsulta.we-doctor.com/agenda/3080192