Antes de iniciar con la información de cómo se van detonando nuestras ansiedades por un miedo que no se ha trabajado; es importante definir primero a qué nos referimos con el miedo.

El miedo es una de las 5 emociones principales con las que contamos, como son la alegría, tristeza, enfado, desagrado y el miedo; también existe el enfoque socioemocional conocido como MATEA (Miedo, Alegría, Tristeza, Enojo y Amor) cada uno se evalúa en diferentes niveles para saber en que grado del sentimiento tenemos, como se puede ver en la imagen.

Freud define el miedo como un sentimiento de gran inquietud ante una amenaza real o imaginaria de daño; puede variar de acuerdo a su intensidad y la forma en como lo vamos asimilando.

En todo caso el miedo es un factor de ponernos alertas, para determinar las formas en cómo responderemos ante esa situación; que si nos ayudará a enfrentarla o nos quedaremos paralizados para evitar hacer ciertas actividades; pero si hacemos esto nos quedaremos con la sensación y la expectativa de lo que pudo haber pasado, en caso de haberlo intentado.

Nuestra vida tiene diversos eventos en los cuales nos enfrentamos a esa sensación de peligro; ese miedo a lo que pueda ocurrir, pero el percibirlo como una situación enfocada para ponernos a salvo, a saber que podemos realizar algo, nos dará la oportunidad para salir victoriosos de esa situación.

Sin embargo, a lo largo de la vida vamos construyendo diversos miedos los cuales vamos registrando en un entorno a veces violento y en soledad; por la negación a hablarlo o a sentirnos señalados, por no ser aceptados en el entorno que nos desenvolvemos.

A continuación se mencionarán algunos tipos de miedos:

Miedos de la infancia

Aquellas que nos enfrentamos de manera “normal” pero también están aquellos que nos imponen los adultos, el entorno en el cual estamos viviendo, pero depende la forma en como se están resolviendo.

Algunos de los miedos que se presentan en la infancia:

  • Miedo a la obscuridad.
  • Miedo a los monstros.
  • Miedo de separación.
  • Miedo a ruidos fuertes.
  • Miedo a los animales.
  • Miedo a los payasos.

Conforme va creciendo, su desarrollo cognitivo aumenta y estos miedos desaparecen; sin embargo, cuando su entorno no le ayuda a ese crecimiento; sino alimenta más el temor, son miedos que va ir  arrastrando hasta la edad adulta.

Existen otros miedos que son influenciados por el adulto con el cual convive el infante; como puede ser a su entorno, y en estos momentos de nuestra historia, al salir a la calle y tener miedo a ser infectados por el COVID-19; si como adultos le ayudamos a superar ese miedo transitará de mejor forma esta situación, pero si tampoco podemos mostrar un nivel de gestión adecuada al miedo, en el niño puede detonar ese miedo en ansiedad.

Miedos del desarrollo

Este tipo de miedo, es el que se presenta generalmente cuando existe un cambio en el crecimiento de cada ser humano, estos son:

  • Cuando se pasa de una etapa a otra de desarrollo; ejemplo dejar la niñez para ser adolescente, de la adolescencia para el cambio a edad adulta, de adulto joven a adulto medio, de adulto medio a adulto mayor y el proceso de muerte.

Estos miedos es por dejar de tener eso que conocemos, de la forma en como nos hemos relacionado hasta ese momento y tener la incertidumbre de crecer, porque nos han enseñado que crecer es doloroso por toda la carga social que eso implica.

Miedos de las exigencias sociales y culturales

Estos miedos se presentan en el entorno social y la cultura en la cual nos desenvolvemos; así que es todo aquello que se espera de la persona que se desenvuelve en esa población. Por ejemplo, en México se espera que los niños sean hábiles en diversas actividades, independientemente de las académicas, se espera que pueda hablar otro idioma como mínimo, poder tocar algún instrumento musical o simplemente realizar una actividad artística, desempeñarse en un deporte y ser sociable para que sea visto por los otros.

Existen ciertas poblaciones en México, que espera que los niños a cierta edad pueda aportar apoyo en la casa, como puede ser ayudar en la siembra, cuidado de ganado, apoyo en la actividad económica y sustento; para las niñas se espera que apoye en las actividades de la casa como preparar el alimento, destrezas por el rol de género le “deberían de corresponder”.

Todas esas exigencias, pueden generar un miedo de no cumplir con lo que se espera de uno; de no poder cumplir las expectativas de su entorno y principalmente de los progenitores, cuidadores, familia y entorno social.

Pero no sólo en la infancia se presentan los miedos; también en la adolescencia y edad adulta.

En la adolescencia se espera que sea jovial, socialmente activo, que todo disfrute ya que tiene una vida por delante; pero además de la carga que puede llegar a tener por los adultos, tiene la presión de sus pares, los miedos a no encajar o ser aceptado, ya que tiene esa necesidad de sentido de pertenencia para  definirse como un ser social; también comienza la presión social de que será de su vida, se le alienta a definir lo que desarrollará de “grande” y planear un futuro que aún es incierto para él; además de no tener la madurez suficiente para tener un nivel de juicio adecuado.

En la adultez las presiones continúan, debido a que “debe” saber su profesión a desarrollar para el resto de su existencia; a manejarse en ciertos enfoques esperados por el entorno en el cual se desenvuelve; como describiría María de Andrés de Rivero y Eugenio de Andrés de Rivero en su libro la Pirámide Hueca; en la cual describen a un joven que requiere elegir una carrera por la edad que tiene, además de tener un linaje Guerrero; pero le dan la oportunidad de observar las vidas de varias personas que eligieron una actividad; sin embargo, no todo era un equilibrio; cada quien eligió algo con lo que podía sobrellevar. Así nos pasa en la vida profesional, elegimos algo con lo que podemos sobrellevar, pero no siempre es lo que realmente queremos hacer; lo hacemos por un estatus, necesidad, influencia o es lo que teníamos a la mano.

Miedo a la vida y fracaso

Con todas las exigencias que recibimos del exterior y posteriormente se convierten en exigencias internas, nos enfrentamos a un cúmulo de información que necesitamos responder para obtener el reconocimiento de las demás personas.

El fracaso se relaciona con la vida, debido a que nos han enseñado que para tener un valor individual, es necesario el ser reconocido por otros como exitoso; aunque eso signifique donar más de nuestro tiempo y en ocasiones perdernos como personas y seres individuales; llegándonos a fusionar en el otro sin saber realmente quiénes somos; nos dejamos de ver, siendo resultado de nuestras acciones, elecciones o caminos guiados por una misma estructura; temiendo a ser abandonados o no ser la persona esperada por los demás.

“…La vida moderna , carga de presiones por la búsqueda del éxito y por el miedo al fracaso, nos lleva a estar muy pendientes del funcionamiento del mundo exterior y desatender la marcha y estado de nuestro cuerpo” Joselovky (2016)

Los miedos se acumulan en el cuerpo y detonan la ansiedades

Cada miedo que llegamos a tener a lo largo de nuestra vida, el cual no se gestiona adecuadamente, tiende a verse reflejado en ansiedades; ya que llevamos largo tiempo acumulándolos sin darnos cuenta de lo que está pasando dentro de nuestro organismo. Existen pequeñas señales, llamadas síntomas, que muchas de la veces dejamos de lado, debido a que seguimos realizando nuestros deberes.

Estamos tan enfocados en esos “deberes” que dejamos de lado el poder observarnos desde el sentir, pensamiento, decir y actuar; generalmente creemos reaccionar de forma coherente, pero sólo actuamos a lo que socialmente es aceptable, llegando a contener, subliminar o negar esas sensaciones aprendidas como negativas y poco aceptables socialmente hablando; es importante mencionar que todo aquello que no se gestiona de la mejor forma, tiende a manifestarse en el cuerpo por lo que la ansiedad, es sólo un medio de alerta de que algo no está trabajándose adecuadamente dentro de nosotros. Esta sólo nos está hablando para hacerle caso a eso que hemos guardado por gran tiempo y no dejamos salir por otro miedo más controlador “el miedo a lo que puedan pensar”.

Cuando una persona tiene ansiedad; se le observará de manera rígida, sus músculos se tensan y manifiestan de forma más dura; el cuello y espalda forman una figura de pirámide; pero no es por el ejercicio, es debido a la tensión muscular existente dentro de esa persona. También se presentan cuadros clínicos de salud, como son problemas gastrointestinales, problemas cardiovasculares, problemas del sistema nervioso; estos nos detienen en el funcionamiento adecuado de las actividades que disfrutamos;  por lo que nuestra vida se vuelve una carga, en lugar de una vivencia.

La ansiedad se manifiesta como un miedo a un peligro, pero ese peligro no existe, sólo son pensamientos irracionales llevándonos a sentir que algo muy grave pasará, son pensamientos catastróficos; sin importar que alguien más indique que no es así; dentro de la mente ya se realizaron las conexiones necesarias para tener “una certeza” de que eso pasará y tendrá graves consecuencias.

El tener síntomas físicos, es sólo una señal de vida por lo que nuestro cuerpo va registrando, se observa en el caminar de una persona triste o cansada de la vida misma; su andar es con la espalda curva, hombros encogidos y su mirada dispersa. En los cuadros de ansiedad, la mirada está en hiper-alerta, músculos tensos, cara fría con expresión de control; pero con una preocupación por la necesidad de tener control sobre algo.

Aquí lo importante, no es dejar de tener miedo; es poder observar que el miedo nos permite reaccionar ante una situación de peligro real, que nos permite ser mejores, el reconocernos como seres sintientes, más que sólo pensantes; el miedo nos pone a salvo, es un mecanismo de defensa.

La vida tiene muchas vertientes, pero al encontrar ese sentido o valor que tiene nuestra vida podremos formar nuevos recursos para afrontarla de la mejor manera y no sólo rendirnos a lo que el entorno exige de nosotros mismos.