Entre la tierna edad que va de los tres a los cinco años, todos comenzamos a mentir. Las causas más frecuentes de las mentiras en los niños son el miedo al castigo o a poder defraudar a sus principales figuras de referencia. Tras lo cual, el cerebro puede aprender que si mediante esta estrategia consigue eludir responsabilidades o aliviar malestar y ansiedad, mentir resulta un mecanismo fácil y muy poderoso que está a su disposición y que puede ser útil para modificar y manipular el resultado de lo que está sucediendo.

La mentira está considerada como un antivalor por lo que la sociedad la rechaza abiertamente y, es que el engaño es un arma de doble filo, el éxito que conlleva fomenta el que se repita, pero este éxito resulta un precio muy caro a pagar en muchas ocasiones. No obstante, la realidad es que el común de los mortales utiliza las mentiras en su día a día, quizá son «mentirijillas» o mentiras piadosas dirigidas a agradar o a no herir a alguien, siendo muchas de ellas inofensivas. Sin embargo, en determinadas personas esto va más allá, en frecuencia e intensidad, por lo que las consecuencias en este caso pueden ser devastadoras.

Cuando hablamos de una persona que miente de forma compulsiva utilizamos el termino mitómano, esta estrategia es usada como elemento recurrente en su comunicación e interacción con otras personas. Actuar de este modo le permite obtener una serie de beneficios.

Esta problemática puede comenzar de forma espontánea y evolucionar hasta la compulsión e incluso a la adicción. Inicialmente puede surgir como medio para eludir responsabilidades o consecuencias indeseadas, a través de mentiras sutiles, pero en el proceso puede avanzar de forma progresiva y escalar hacia historias muy elaboradas, pudiendo mejorar «la técnica “recurriendo incluso a utilizar verdades a medias con el fin de aumentar la credibilidad de las mismas.

Otro punto a destacar es que al ser una conducta adictiva existe una aparente falta de control por parte de la persona, es decir, la misma sabe que está faltando a la verdad, pero no puede controlarlo. Incluso en no pocas ocasiones el propio mitómano puede llegar a creerse sus embustes, ya que «una mentira repetidas mil veces puede convertirse en verdad».

No obstante, la mentira recurrente envuelve a quien la utiliza dentro de un círculo vicioso y, lo que empezó como algo anecdótico, se convierte en un componente necesario para cubrir mentiras previas, siendo muy difícil romper con esta dinámica. Sin olvidarnos, tal y como antes mencionaba, de que las mentiras traen una serie de recompensas inmediatas «positivas» como la evitación del castigo o la obtención de aceptación y admiración ajena, elementos que gratifican rápidamente. Entre otros motivos se debe a que estas recompensas funcionan de forma similar a los juegos de azar, pues la persona no sabe cuándo va a fracasar, lo que conduce a que se experimente unos determinados niveles de miedo y ansiedad de forma frecuente, los cuales llegado a un punto se vuelven imprescindibles para el cerebro.

Como podemos apreciar, el mitómano lejos de obtener beneficios  a la larga consigue el efecto contrario sobre su entorno, ya que las personas cercanas al sentirse engañadas desconfían y tienden a rechazarlo, el final de este camino puede concluir  en el sujeto completamente aislado.

¿Por qué mienten?

La mentira sería un instrumento de reducción de la ansiedad o culpa, es una especie de mecanismo de defensa ya que niega una realidad desagradable y la reemplaza por otra.

Por otro lado, muchas de estas personas poseen una baja autoestima, siendo la mentira un mecanismo compensatorio, como medio para mejorar su autoimagen, ocultar errores, obtener admiración, llegando incluso, tal y como hemos visto previamente, a crear una realidad paralela.

Escaneando el cerebro de un mentiroso

Son varias las teorías que tratan de dar una explicación a este fenómeno, vamos a señalar algunas de las más significativas:

1.- Cuando una persona miente se activa la amígdala, esta es una estructura fundamental dentro del cerebro límbico, cuya función es la de regular ciertas emociones. Al mentir la información viaja a través de neuronas hasta la amígdala, tras lo cual la persona siente emociones como la vergüenza. Esta, concretamente, al ser desagradable, inhibe la propensión de aparición del uso del engaño, pero al ser utilizado de forma habitual la amígdala deja de reaccionar y por tanto de responder.

2.- Investigaciones realizadas en la Universidad de Harvard muestran que la mentira activa diferentes áreas del cerebro. Engañar requiere de un proceso que conlleva una cierta elaboración; crear los detalles, recordar dichos detalles, modificar la mentira en función del interlocutor o del contexto. Todos estos pasos conllevan la activación del lóbulo temporal, el sistema límbico y el lóbulo frontal. Mediante pruebas de neuroimagen sobre un grupo de personas que se dedicaban a la estafa se comprobó que el área frontal sufre una reducción de la materia gris y en cambio se da un incremento de la materia blanca. Encontrando como resultado que a mayor sustancia blanca mayor capacidad para el engaño.

3.- La última teoría sugiere que los mentirosos patológicos pueden tener la proporción opuesta de cortisol y testosterona en comparación al resto de personas. Esto les permite ser más agresivos sin preocuparse por los riesgos involucrados, como mentir descaradamente sobre algo que podría tener serias consecuencias si fueran descubiertos «.

3 mitómanos famosos que lograron engañar al mundo

Anna Anderson, se hizo pasar por la hija menor de la familia del Zar Nicolas II, Anastasia Romanov, asegurando que uno de los soldados encargados de fusilarla le ayudó a escapar, tiempo después se descubrió que era una mujer polaca diagnosticada con mitomanía.

Enric Marco, afirmó ser víctima del nazismo y haber estado en un campo de concentración.

Alicia Esteve, aseguró que había sido víctima del atentado de las torres gemelas y que además había perdido en el mismo a su marido. Utilizó la identidad de una de las víctimas reales, Tania Head. Esta mentira le otorgo notoriedad y atención por parte de los medios de comunicación y de la sociedad. Finalmente se destapó el engaño, al descubrirse que esta mujer estaba en España cuando ocurrieron los atentados del 11 S.

Tratamiento

Las personas que sufren de mitomanía no suelen pedir ayuda, ya que tratan de encubrir su forma de vida, al igual que sucede con muchas otras adiciones. Por lo que el primer paso a dar es, reconocer que hay un problema y a su vez comprometerse con el proceso terapéutico.

La terapia cognitivo-conductual, mediante el entrenamiento en habilidades sociales tales como, la asertividad y la clarificación de valores personales pueden ser estrategias muy útiles de trabajo ante esta problemática.

Este artículo fue escrito por la psicóloga Soraya Vivancos Montero. Puedes pedir una cita con Soraya en: https://tuconsulta.we-doctor.com/agenda/3506184