Afortunadamente las ideas preconcebidas que nos limitan a la hora de buscar ayuda profesional están cada vez menos extendidas, pero quedan aún muchas “creencias” o pensamientos que empujan a tener concepciones equivocadas de cuál es la labor de un psicólogo o en qué consiste su trabajo. La Psicología a priori llama mucho la atención gracias o, en algunos casos, por culpa de la imagen que se da de ella en los medios y en la ficción, pero en la práctica clínica el trabajo de un psicólogo puede distar mucho de lo que se piensa y esto puede resultarnos un obstáculo difícil de sortear si estamos indecisos sobre dar el paso de pedir ayuda profesional. A continuación, puedes encontrar algunos de los mitos que existen alrededor del trabajo del psicólogo y cuál es la realidad respecto a cada uno de ellos. Verás que todo es menos “raro” o “inconcreto” de lo que en principio puedes imaginar:

  1. “No creo en los psicólogos”
    Esta es quizás una de las frases más repetidas entre muchísimas personas que aun piensan que acudir al psicólogo es algo similar a llevar a cabo un “acto de fe”. La Psicología no es una religión, no funciona a través de los milagros y los psicólogos no son representantes espirituales que mediante rituales ni oraciones van a conseguir el objetivo por el que cada persona decida acudir a terapia. Las creencias religiosas de cada cual pertenecen al ámbito privado y personal y ni siquiera tienen porqué formar parte del proceso terapéutico.
  2. “La Psicología no es una ciencia”
    Este punto viene al hilo del anterior. Y es que resulta llamativo que, aunque pueda llegar a aceptarse que la Psicología no es una religión, resulta difícil de reconocer como una ciencia, en teoría por la ambigüedad de sus conclusiones y por las diferentes terapias y técnicas que pueden aplicarse en cada persona. Lo cierto es que ninguna ciencia es exacta. Podemos asimilar que dentro de las Matemáticas, por ejemplo, a la que consideramos la ciencia exacta por excelencia, existan números periódicos infinitos y al que jamás podremos concretar un valor específico, pero esperamos que una ciencia como la Psicología que trabaja a través de las emociones y capacidades de los seres humanos, tenga una solución “milagrosa” y específica que funcione para todos de la misma forma.
    Son muchos y muy diferentes los factores a tener en cuenta para poder establecer unas pautas adecuadas para cada persona pero eso no hace de la Psicología una ciencia ineficaz.
  3. “Al psicólogo solo van los locos”
    La locura y la cordura son conceptos que deberían quedar fuera de nuestro lenguaje. El uso coloquial de estos términos es tan frecuente como erróneo, puesto que es muy difícil encontrarles una acepción que no vaya ligado a un estigma social que no consiga sino empeorar el estado de alguien con algún problema de Salud Mental. Al igual que ocurre con los términos “normal” o “anormal”. Quizás estadísticamente pueden ser usados para hablar de alguna característica más o menos presente en un grupo de población determinado, pero fuera de este contexto es un término que deberíamos evitar a la hora de designar un comportamiento y/o sensación o emoción humana, porque ¿quién sería capaz de determinar que es normal dentro del mundo de las emociones?, ¿en base a qué criterio o escala de valores está hecho ese juicio?
  4. “Mi amigo es mi mejor psicólogo”
    Está claro que el ser humano es un ser social y que necesita de la relación de otros para estar y desarrollarse en el medio. De ahí que se creen relaciones más o menos fuertes con otras personas en las que depositamos confianza y con las que nos sentimos bien, apoyados y escuchados. Los amigos son pilares fundamentales en la vida de muchos de nosotros, pero no hay que confundir estas relaciones con la que se establece entre una persona y un profesional de la Salud Mental. Como decíamos antes, la Psicología es una ciencia y como tal hay que estudiarla y aprenderla. Un amigo no tiene porqué tener esta formación ni conocimientos. No obstante, es muy importante encontrar a un profesional con el que haya buena relación, con el que te sientas cómodo y con el que consideres fácil y beneficioso trabajar, de hecho si en la relación con un profesional no te encuentras confiado y no se crea una buena relación terapéutica es difícil que la terapia funcione. Pero esto no es muy diferente a lo que puede pasar, por ejemplo, en la consulta de un odontólogo o de un oftalmólogo: es bastante probable que si no te gusta su trato por el motivo que consideres, busques a otro profesional que te ayude y no hay mayor problema. Pues en casos así, lo más probable que pase en Psicología es que dejemos de intentarlo a la primera y pensemos “yo es que no creo en los psicólogos”.
  5. “Solo los débiles necesitan ir al psicólogo”
    Cuando estás ante situaciones nuevas que nunca has experimentado lo más frecuente es que no sepas cómo reaccionar. Cuando nacemos somos una tábula rasa en la que las nuevas experiencias y el aprendizaje van haciendo mella y van configurando una personalidad y un patrón de actitudes y comportamientos en base a ello. Para aprender a leer, a escribir y a realizar operaciones matemáticas hemos ido a la escuela sin pensar que éramos débiles. Cuando hemos crecido, hemos aprendido a realizar nuestros trabajos adquiriendo un conocimiento teórico previo y practicando mucho después. En este aprendizaje tampoco nos hemos considerado débiles, tal vez aprendices, pero no débiles. Cuando nos encontramos ante una situación difícil de gestionar emocionalmente y que nos está dificultando nuestro día a día, ¿por qué nos consideramos débiles y no acudimos al psicólogo?
  6. “No tengo ningún trastorno, lo mío no es tan grave como para necesitar un psicólogo”
    Entre las competencias del psicólogo está la de evaluar y diagnosticar qué ocurre con la persona que le pide ayuda. Pueden darse casos en los que realmente no estemos ante un trastorno clínico como tal, es decir, no se encuentran síntomas de depresión, de ansiedad, o de cualquier otro problema de Salud Mental. Pero, ¿sólo acudes al médico cuando se te ha partido la pierna?, si te duele desde hace un tiempo aun si estar partida, ¿no acudes en busca de alguna forma de aliviar el dolor? En el caso de la Psicología también puede aplicarse esta comparación. Si estás pasando por un momento complicado que no sabes gestionar con las herramientas que ahora mismo tienes y, además, no te permite llevar una vida diaria en la que te sientas bien, ¿por qué esperar a sentirte peor antes de buscar ayuda?
  7. “Son unos charlatanes”

    Las emociones del ser humano no son herramientas tangibles con las que trabajar. No podemos meter en quirófano a alguien y extirparle la depresión ni la ansiedad (ojalá) ni podemos recetar pastillas para que tu autoestima crezca hasta los niveles adecuados. Es cierto que una de las herramientas más usada es la palabra, pero existen muchos ejercicios, pruebas, tareas y retos que tú tendrás que realizar y superar. Al final de un proceso terapéutico el éxito es tuyo, el psicólogo solo se ha encargado de darte las herramientas que antes de llegar a consulta no tenías. La actitud ante un psicólogo no debe ser la del paciente que espera que el médico le cure, debe ser la de la persona dispuesta al cambio, que no será más que el fruto de las nuevas habilidades que el psicólogo le ayude a aprender y que les serán útiles en su día a día.

Estas son solo alguna de las ideas más extendidas entre muchos de nosotros y que, como decíamos al principio, nos limitan a la hora de buscar ayuda profesional. Pero has de tener en cuenta que necesitar ayuda no es de débiles y que, por supuesto, hacerse consciente y pedirla es un gran paso para hacernos los responsables de nuestra estabilidad y Salud Mental.

Este artículo fue escrito por la psicóloga Silvia Muñoz Morales. SIlvia tiene también perfil como colaboradora de Psiconetwork. Puedes solicitar hora con ella en We Doctor: https://tuconsulta.we-doctor.com/agenda/3276802