«…para luchar por la transformación del mundo la mujer está obligada a pasar a través de la transformación de sí misma y la del hombre, que la revolución por sí sola no garantizaría.» Franca Basaglia, “Mujer, locura y sociedad”.

El feminismo ha generado, y genera mucha controversia, cada acción que proviene del mismo es puesta en duda, incluso desde las mujeres mismas. Pero, a qué se debe esta resistencia? Por un lado, la influencia del patriarcado (1) está tan integrada en la vida diaria que es muy difícil verla, es la estructura que se esconde detrás de las paredes y si no rompemos la superficie no se hace evidente. Además, siempre hay una resistencia al cambio, aunque éste nos favorezca. Obviamente los medios de comunicación, o miedos de comunicación como les decía María Elena Walsh, hacen marcada la heterogeneidad del feminismo, acentuando las noticias en los extremos y diferencias, en vez de recalcar las similitudes, a la vez que promulgan el feminismo como odio hacia los varones y no como una necesidad de transformación social. También hay que tener en cuenta que el patriarcado se renueva constantemente, se camufla detrás del discurso paternalista o reduce a un objeto mediático el feminismo para manipular y deformar el mensaje.

Así mismo, en un sentido crítico, hay cierta rigidez en algunas esferas feministas, que no son permeables a reformulaciones, que se estancan en ciertos prejuicios, son extremistas en sus formas o no son consecuentes en sus actos, algo que es esperable en un movimiento tan grande y variopinto.

Emma Rauschenbach, esposa de Carl Jung, dijo en una conferencia que realizó sobre la naturaleza del alma femenina en 1934 en Zürich:

“…ha llegado a nosotras algo así como un mandato, una orden; nos enfrentamos a la necesidad de morder esta manzana, sea que creamos que es buena o no, estamos enfrentadas al hecho de que el paraíso natural y de inconsciencia en el que a la mayoría de nosotras nos gustaría quedarnos alegremente, se ha ido para siempre. Así es como están las cosas esencialmente, aún si en la superficie parecen diferentes. Y debido a que se trata de un momento crucial no debemos asombrarnos ante los esfuerzos infructuosos o las exageraciones grotescas, ni mucho menos permitirnos  ser intimidadas por ellos.”

Cuando la estructura de las instituciones se ponen en duda se genera una resistencia  y  una  contra-­‐respuesta  que  trata  de  restituir  lo  que  siempre  fue.  Rita Segato habla sobre la defensa del mandato masculino cuando siente vulnerable su poder y cita a Ken Plummer en “Los hombres” que dice:

«Se autodefinen a partir de su cultura como personas con necesidad de estar en control, un proceso que comienzan a aprender en la primera infancia. Si este núcleo de control desaparece o se pone en duda, puede producirse una reacción a esa vulnerabilidad.”

Rita Segato hizo un trabajo muy interesante sobre la violación como mensaje entre pares hombres para demostrar su hombría, y como castigo hacia las mujeres que no cumplen con el mandato impuesto por el patriarcado.

Este condicionamiento de los roles que cada persona debe cumplir socialmente y que son una de las partes más importantes para que la estructura patriarcal no se caiga deben ser modificados desde la educación, por eso es de suma importancia educar,   re-­‐educar   y   también   desaprender   ciertos   conceptos   históricamente arraigados que hacen daño y que son obsoletos.

Carl Gustav Jung dice:

“Para que cambie la psicología de las naciones antes tiene que cambiar la psicología de los individuos. Los grandes problemas de la humanidad no han sido jamás solucionados por leyes generales, sino única y exclusivamente por la renovación de la actitud de los individuos.”

La psicología de los individuos cambia gracias a la educación, que permite comprender e integrar otras posibilidades, así como también, darse cuenta de que aquello que parecía una actitud normal, por ser habitual, era en realidad, una actitud negativa normalizada que no debe repetirse. Por ejemplo un chiste, una anécdota, una frase que se esconde detrás de “es sólo una forma de decir”, deben ser puestas en evidencia conscientemente, para que las personas lo noten cuando lo repiten sin pensar.

También como prevención de abusos y acosos la educación es fundamental. El autoconocimiento de la esfera emocional, del propio cuerpo, del deseo, del límite, de la capacidad de defensa y de lo que estamos dispuestas o dispuestos a tolerar es una barrera contra el agresor.

El  gran  trabajo  de  re-­‐educación  que  han  hecho  desde  el  grupo  las  Tesis  con  la intervención “Un violador en tu camino” es destacable, porque primero, logró poner en simples palabras lo que muchas personas no habían podido decir en toda su vida, segundo colocó al violador en el lugar que le corresponde de victimario y violento, tercero se quitó la culpa y responsabilidad a la persona victimizada liberándola de una carga enorme, y por último, la repercusión que tuvo a nivel mundial demuestra que es un tema que cala hondo en todas las sociedades y que es necesario tomar medidas al respecto de forma inmediata.

Revalorizar las formas femeninas

Hay muchos prejuicios sobre lo femenino, debido en parte a que de todas las posibilidades que contiene el ser mujer, el sistema patriarcal y capitalista tomó unas pocas, que eran funcionales a sus necesidades, como la maternidad, pasividad, receptividad, abnegación y las redujo a estándares muy concretos para establecer con claridad el rol de la mujer en la sociedad. No es de extrañar que este mal uso de nuestras capacidades produzca repelús cuando hablamos de naturaleza femenina. Pero si queremos transformar el sistema lo tenemos que hacer reivindicando todo aquello que fue desvalorizado de la mujer.

Clarissa Pinkola Estés en su libro “Mujeres que corren con los lobos” realiza una comparación entre la naturaleza instintiva de las mujeres y la naturaleza de las lobas, basada en una exhaustiva investigación que realizó durante años con sus pacientes y en su experiencia observando las lobas de los bosques de Norte América, en donde se crió.

Clarissa advierte que ambas comparten ciertas características psíquicas como: una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto. También tienen en común su sociabilidad, fuerza y resistencia, su elevada intuición. Tanto las mujeres como las lobas se preocupan con fervor por sus vástagos, sus parejas y su manada, se adaptan a las circunstancias, son fieramente leales y valientes. Y concluye:

“Ambas han sido perseguidas, hostigadas y falsamente acusadas de ser voraces, taimadas y demasiado agresivas y de valer menos que sus detractores. Han sido el blanco de aquellos que no sólo quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni rastro de él.”

En una sociedad patriarcal donde la acción y las metas son una prioridad, la pasividad es una ofensa, y las mujeres la tomamos como tal. Pero en la pasividad está la contemplación, el arte de dejar que las cosas sucedan, de la acción a través de la no acción, de renunciar a la ilusión de querer controlarlo todo. Es una herramienta muy importante que desdeñamos porque solamente la relacionamos con la obligada pasividad que se le impuso a la mujer durante siglos.

La esfera instintiva, oscura, irracional está profundamente desvalorizada. Bajo la influencia del materialismo científico todo lo que no puede verse con los ojos ni aprehenderse con las manos se pone en duda y hasta es sospechoso de metafísico, se vuelve comprometedor. Carl Gustav Jung, en su libro “Los arquetipos y lo inconsciente colectivo” pone de manifiesto la unilateralidad de las ciencias en cuanto a la comprensión de los hechos y experiencias vitales:

“La metafísica del espíritu, a lo largo del siglo XIX, tuvo que ceder el puesto a la metafísica de la materia, desde el punto de vista psicológico significa una revolución inaudita en la visión de este mundo; el fundamento de las cosas, la asignación de los fines, las significaciones últimas, no deben salir de las fronteras empíricas; si damos crédito a la razón ingenua, parece que toda la interioridad oscura se convierte en exterioridad visible, y el valor no obedece ya sino al criterio del supuesto acontecimiento.”

¿Cómo se puede unir la mujer arquetípica con la mujer socio-­‐cultural?

“Los mitos son nuestros aliados decisivos en la búsqueda de respuestas.” Josep Campbell.

Alda Facio en “Feminismo, género y patriarcado” nos plantea que se atribuyen significados negativos a las mujeres y sus actividades a través de hechos simbólicos (2) y mitos. Sin embargo, los mitos y símbolos no son creados desde la consciencia, no son dominio de ningún individuo, sino una herencia colectiva, narrativa y tradicional, que se transmite desde tiempos lejanos (3), surgen de los estratos profundos de lo inconsciente colectivo. Sus historias no hablan de la mujer o del hombre en concreto, sino que se refieren a un sistema en el que cada personaje representa estructuras psíquicas complejas con un significado trascendente al del aspecto físico delimitado en la historia, y que se desarrollan hacia un fin determinado. Los mitos son poderosas guías para el espíritu humano. El mal uso que se ha hecho de estas historias ancestrales no es casual. Se las aborda únicamente desde el plano de lo concreto y estereotipado, despojándolas así de su sentido profundo; un sentido que conecta a toda la humanidad, entre sí, con la Naturaleza y con el Cosmos, y da profundidad a la existencia individual para unirla con el Todo. La racionalización de los mitos e historias populares, es parte del sistema que quiere que estemos aisladas, que dudemos de nuestras facultades internas más preciadas, como la intuición, la perspicacia, nuestra aguda percepción, el poder sanador y por sobretodo el amor.

Perdiendo la capacidad de simbolizar, perdemos las herramientas para la comprensión trascendente de los hechos históricos-­‐culturales, que son necesarias para el conocimiento de las esferas profundas de la psique, y  específicamente útiles para la transformación de la mujer en el proceso de despatriarcalización.

El contacto con la esfera de lo irracional ha sido (y sigue siendo) la causa de la gran persecución a las mujeres en la cacería de brujas, ya que tenemos facilidad para captar y comprender la información que de allí proviene y traspasarla al mundo concreto sin dificultad. Todo aquello que no podía (o puede) ser explicado concretamente, era motivo para que se las quemara en la hoguera, hoy es motivo para decir peyorativamente que una persona es mística o esotérica y quitarle valor a sus palabras.

Mujer arquetípica

El pensamiento concreto que reina hoy en día desea destronar a las princesas y a los príncipes del imaginario infantil y por qué no también del adulto. Este pensamiento, que ignora lo simbólico e inclusive le teme, supone que al leer cuentos de princesas que duermen o de príncipes que luchan, los niños y niñas se identificarán con ellos, y que, condicionados por el género al que pertenezcan, actuarán en consecuencia. Por lo tanto, se cree que la niña vivirá su vida como una princesa, sumisa, a la espera de un príncipe valiente que la rescate y que el niño desvalorizará a la mujer por no ser autosuficiente y por estar ligada con lo extraño y místico. Sin embargo, esto no es así, ya que ambas imágenes, la del príncipe y la de la princesa, coexisten en todas las personas, y conforman una importante parte de su personalidad.

La princesa y el príncipe son arquetipos o imágenes primigenias. Los arquetipos  son las unidades básicas de la psique y actúan como modelos o posibilidades de comportamiento en todos los seres. No podemos decir que hay arquetipos femeninos que corresponden a la mujer, eso es confundir femenino con mujer lo cual lleva a muchos malos entendidos, lo mismo que confundir masculino con hombre. El masculino y el femenino son más que las identificaciones sexuales limitadas a los órganos genitales, son grandes polaridades que comprenden a  todos los opuestos de la vida. Carl Gustav Jung habla sobre los arquetipos:

“Todo hombre lleva la imagen de la mujer desde siempre en sí, no la imagen de esta mujer determinada (…) Esta imagen es, en el fondo, un patrimonio inconsciente (…) grabada en el sistema vivo, constituye un arquetipo de todas las experiencias de la serie de antepasados de naturaleza femenina, un sedimento de todas las impresiones de mujeres, un sistema de adaptación psíquica heredado (…) Lo mismo vale para la mujer; también ella tiene una imagen innata del hombre.” (4)

La princesa simboliza la energía femenina, que en el sentido taoísta se corresponde con el Yin que representa a la madre o a la Tierra: el arquetipo del principio receptivo y pasivo. Y el príncipe simboliza la energía masculina, el Yang que representa al padre o al Cielo: el arquetipo del principio creativo y activo. En occidente se conocen como Eros y Logos pero aún se confunde la palabra femenino con mujer y masculino con hombre. Si bien para la mayoría de las mujeres su forma natural de relacionarse con el medio es a través del principio femenino y para la mayoría de los hombres lo es a través del principio masculino, esto es muy variable. Lo importante es conocer cual es la forma natural que tiene la consciencia para manifestarse. De esta forma se comprenderá la dinámica psíquica individual, y a través de un gran trabajo de conocimiento personal, podrá lograrse la unión de opuestos, los cuales están presentes en todas las acciones y manifestaciones de la vida, por ejemplo, las cualidades del cuidado materno, de la ética paterna, la intuición y la expresión física, la mente y el sentimiento, la relación con los demás y la soledad, el conflicto y la armonía, el espíritu y el cuerpo, todos estos contrarios se pelean dentro nuestro. El objetivo es lograr un equilibrio entre ambas fuerzas cada vez.

“Por lo general, cuando encontramos a estos contrarios en la vida y en nosotros mismos, negamos la existencia de semejante conflicto, reprimiendo una mitad del mismo y echándola al mundo subterráneo de lo inconsciente. O bien proyectamos la mitad incómoda en otra persona, o en algo del mundo externo, y gastamos nuestra energía luchando con algo que, en realidad, está dentro de nosotros. El estado de la ambivalencia es parte de la condición humana, sin embargo, ¿cuántos de nosotros tienen el valor de admitir su ambivalencia?.” (5)

Para finalizar es importante decir que debemos realizar un cambio profundo como sociedad, pero este cambio tiene que producirse de lo individual a lo colectivo. Tenemos que revalorizar todo aquello que proviene del mundo anímico y permitir que participe activamente en la esfera social, unas valiosísimas herramientas son los mitos y los relatos populares, de los cuales hay que desterrar la idea de que sean meros estereotipos, sino que se ocupan de la transformación de la conciencia a través de la fuerza creadora de lo inconsciente.

El feminismo está basado en el cuerpo, en lo social y en lo cultural, por lo que sería necesario añadir una cuarta pata a esta mesa: lo femenino.

Las mujeres, como portadoras naturales de esta fuerza debemos ser las primeras en acercarnos a ella, utilizarla, amarla y transformar nuestro entorno con su ayuda. Llegó el tiempo de revalorizar y de completar lo que falta, mientras no lo hagamos el mundo seguirá dividido.

Citas:

  1. Patriarcado: «Sistema u organización social de dominación masculina sobre las mujeres en el que los puestos claves de poder (político, religioso y militar) se encuentran exclusiva o mayoritariamente en manos de varones. Instituye normas que establecen lo permitido o sanciona con violencia lo prohibido para las mujeres.» Alicia Puleo.
  2. Símbolo: es la mejor expresión posible de un hecho parcialmente conocido. JUNG, Carl G. (1985), Tipos Psicológicos, Buenos Aires, Sudamericana.
  3. Joseph Campbell (2012), Imagen del Mito, Girona, Atlanta.
  4. JUNG, Carl Gustav (2010), Los Arquetipos y lo inconsciente colectivo, OC Vol. IX/I, Madrid, Trotta.
  5. SHARMAN-­‐BURKE, Juliet y GREEN Liz (2001), El Tarot Mítico, Madrid, EDAF S.A.

Bibliografía:

  • BASAGLIA, Franca (1983), Mujeres, locura y sociedad, México, Universidad Autónoma de Puebla.
  • CAMPBELL, Joseph (1988), El poder del mito, conversaciones con Bill Moyers,  (en línea), https://www.revistaesfinge.com/culturas/mitologia/item/693-­‐92joseph-­‐ campbell-­‐y-­‐el-­‐poder-­‐del-­‐mito
  • EHRENREICH, Barbara y DEIRDRE English (1981), Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de sanadoras, Barcelona, La Sal.
  • JUNG, Carl Gustav (2007), Dos escritos de psicología analítica, OC vol.VII, Madrid, Trotta.
  • JUNG, Carl Gustav (2010), Los Arquetipos y lo inconsciente colectivo, OC Vol. IX/I, Madrid, Trotta.
  • JUNG, Carl Gustav (1985), Tipos Psicológicos, Buenos Aires, Sudamericana.
  • PINKOLA ESTÉS, Clarissa (1998), Mujeres que corren con los lobos, Barcelona, D Ediciones B S.A.