En ocasiones elegimos una pareja con la ilusión de cumplir ese “para siempre” o “hasta que la muerte nos separe” heredado de generaciones anteriores y que en muchas personas se mantienen vigentes… ¿Pero qué sucede cuando no se puede sostener?

Hablemos de María

María es una mujer de 35 años, ama de casa, casada, madre de un niño de 6 años cuya energía absorbe la suya.

Acude a terapia porque sus amigas le han dicho que la relación entre ella y su esposo no es sana y, si, es cierto que en ocasiones este hombre le grita, le ha pegado un par de bofetadas, zarandea al hijo alegando que su intranquilidad lo pone nervioso, parece usarla más que amarla, pero luego un día llega con ramos de flores y, el resto queda en el olvido.

Hablemos de Carla

Carla de 32 años es una mujer, de profesión enfermera, quien actualmente realiza una especialización en la Unidad de Cuidados Intensivos. En su trabajo la quieren y la valoran, es amable, profesional, cuida tan bien a sus pacientes como a su hijo y a su pareja. Acude a terapia porque su madre le dice que el trato que tiene con su hijo de 3 años es similar al que tiene con su esposo, ese “bebé con barba” como dice Mariela Michelena, pero ella tiene dudas al respecto. A ambos les da de comer, les lava la ropa, les atiende cuando necesitan, les satisface sus demandas y, para evitar los gritos en casa después de un intenso día de trabajo y de estudio, hace lo que ellos digan.

Hablemos de Natalia

Natalia tiene 48 años, ha trabajado siempre en el mundo del marketing, madre de 2 hijos adolescentes, casada con un empresario. Aunque goza de buena posición económica sufre cada día la angustia de no saber en qué condiciones llegará su esposo. Hace más de 5 años que le ha descubierto el consumo de cocaína.

Cuando le confrontó, argumentó que le ayudaba a tolerar el estrés de la empresa, pero Natalia cree que lo hace “por placer egoísta“ sin importar cómo se sientan ella y sus hijos, quienes parecen no enterarse, al menos eso piensa ella.

Se lo ha contado a su hermana y ésta le recomendó que buscara ayuda profesional

Durante la terapia, estas mujeres pudieron comprender cómo y por qué se vinculaban con sus parejas de determinada manera, no fue fácil para ellas verse como víctima de la violencia física, de la violencia psicológica, de la adicción y del narcisismo del otro. Y es precisamente en ese punto donde se han enfocado: se encontraban en esa situación, ya no lo están y cuando intentaban volver a ese lugar, hacían un esfuerzo digno de admiración para entender los motivos y poder evitarlo.

Al terminar una relación el dolor puede experimentarse físicamente, aparece la sensación de muerte tan primitiva e infantil que se conecta con esas primeras vinculaciones en las que necesitábamos de un otro para sobrevivir, es por ello que se vuelve tan difícil tomar la decisión de la separación.

Es un dolor que conduce al duelo, el cual, es necesario atravesar, así que llora, enfádate, comienza a decir todas las palabrotas que quieras, es completamente normal. Antes de ser madre has sido mujer y como mujer sientes rabia que en ocasiones oculta el miedo a eso nuevo: habrás pasado de ser una mujer casada o en una relación con ese otro, a una posición distinta como mujer, madre soltera y no significa que este mal… aunque no lo creas, te repondrás.

En la mayoría de los casos vendrán los acuerdos de custodia compartida, puede que el otro no facilite esta nueva forma de convivir con los hijos o las hijas, ambos estarán heridos, dolidos y es importante que puedan tener el espacio para hablar de ello y evitar instrumentalizarlos.

Cuando entiendes lo que te pasa y cómo te sientes, puedes ver al otro desde una perspectiva distinta, la cual, te ayudará a poner límites para que no intente entrar en tu vida si no se lo has permitido.

No es fácil, pero tampoco es imposible. Estas tres mujeres: María, Carla y Natalia, durante la terapia lograron coser las roturas de una relación en la que no eran felices, como dice Mariela Michelena “entendieron que soltándolas, se ganaron a ellas porque antes no se tenían, se reencontraron como quien encuentra un objeto perdido”.

Es doloroso llevar esa carga a cuestas, pero cuando la compartes el peso se aligera y comienzas a reconstruirte, comienzas a tejer una nueva tú.