Las alteraciones relacionadas con el sueño que, quizás, aparecen con más frecuencia en los niños y niñas de todas las edades son las pesadillas, que forman parte de lo que denominamos Parasomnias. Éstas no son fenómenos graves, pero sí es cierto que pueden resultar muy angustiantes, tanto para los pequeños como para sus padres.

El DSM-5 define las pesadillas como “aquel sueño repetitivo, extenso y extremadamente molesto y bien recordado que normalmente incluye grandes esfuerzos por evitar amenazas a la vida, la seguridad o la integridad física y normalmente tienen lugar en las fases de sueño REM”.

Aunque no hay un origen bien establecido o un motivo de por qué ocurren, los factores más plausibles están orientados al contexto que rodea al menor, como ansiedad que pueden generar situaciones difíciles o novedosas, tanto en casa como en la escuela (suelen ser las causas principales), así como las alteraciones emocionales.

Después de realizar una correcta evaluación de las pesadillas, lo más adecuado será establecer un plan de tratamiento en el que se llevarán a cabo diferentes técnicas en función de cada caso. Aunque en 2006 algunos autores definieron como tratamientos bien establecidos la Desensibilización Sistemática y la Terapia de Ensayo en Imaginación (IRT), datos recabados posteriormente han demostrado que no siempre son eficaces y lo más correcto es clasificar dichos tratamientos en fase experimental. Ya sea desde una visión más conductual o desde una posición más cognitiva, lo que sí parece estar claro es que lo más eficaz pasa por intervenir con la combinación de ambas formas de trabajar para conseguir lo que buscamos: la remisión o desaparición de las pesadillas.

Una de las estrategias más conocidas es la de Barry Krakow, en la que se realizan únicamente dos sesiones (de 3h cada una) en grupo y con una frecuencia semanal; llevando a cabo una tercera sesión de repaso tres semanas después. De forma general, podríamos decir que en la primera sesión se produce una exhaustiva exploración de las pesadillas y elementos comunes en ellas, así como el modo en el que afectan al sueño y la vida general del menor. Se enseñan ejercicios de visualización y se dan pautas para saber ejecutar diferentes técnicas de control de imágenes desagradables. Una vez aprendidas dichas técnicas, se establece como tarea para casa practicarlas de forma regular.

En una segunda sesión, se analizan los resultados obtenidos de estas tareas y se trabajan las dificultades que pudieran haber aparecido. Posteriormente, se realiza el aprendizaje de IRT: previa descripción de una pesadilla, se cambian los detalles desagradables por una versión más positiva y al gusto del pequeño. Finalmente, se repasa mentalmente la secuencia completa del nuevo sueño construido en la sesión. Esto último se hará en casa todos los días hasta la última sesión en la que se evaluará el progreso del tratamiento y se actuará en consecuencia a los datos obtenidos.

Referencias:

Asociación Americana de Psiquiatría. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª Edición. Arlington, VA (2013).

Méndez F, Espada J y Orgilés M. Terapia psicológica con niños y adolescentes. Estudio de casos clínicos. Pirámide (2006). Madrid.

Miró E y Martínez P. Tratamiento psicológico de las pesadillas. International Journal of Psychology and Psicological Therapy (2004). Vol. 4, nº 1, pp. 11-36

Pérez M, Fernández J y Fernández I. Guía de tratamientos psicológicos eficaces III. Infancia y adolescencia. Pirámide (2006). Madrid.


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