Una experiencia innovadora de educación sexual y afectiva con chicos y chicas con discapacidad intelectual.

Es sabida la situación de ocultamiento y negación que han vivido las personas con discapacidad intelectual (D.I.) en lo que concierne a su dimensión afectivo sexual, en términos generales. Es también conocido que estas circunstancias han sido mucho más restrictivas para las mujeres de ese colectivo. 

Si tuviéramos que hacer una síntesis de la actitud social hacia estas personas en este ámbito, e independientemente de su edad, que nosotros hemos corroborado en multitud de situaciones, podría ser algo así como: “Eres muy afectivo/a, pero tú no tienes esas necesidades sexuales, eres un niño/a, espera a cuando seas mayor”.

Sin embargo, ¿cuándo son mayores? Para muchas familias, nunca, al menos en lo que concierne a las cuestiones afectivas y sexuales. Les engañamos vilmente dándole esperanzas que jamás llegaran. Por ello no ha de extrañar que, entre otras muchas consecuencias, la gran mayoría de estos chicos y chicas tengan una extraordinaria confusión respecto a este ámbito de sus vidas, confusión por ejemplo entre lo que entienden por novios/as y amigos/as – y que por su importancia y trascendencia hemos utilizado para el título nuestro artículo – ya que a menudo les genera no pocos sufrimientos.

Cuando trabajamos con familias y profesionales tratamos de plantearles algunas preguntas, para que tomen conciencia de la realidad: ¿Las personas con D.I. tienen necesidades afectivas y sexuales? ¿Piensan en el sexo? ¿Se enamoran? ¿Se excitan? ¿Tienen deseos sexuales? ¿Tienen fantasías? ¿Se masturban? ¿Se sienten atraídas? ¿Deseadas? ¿Atractivas? ¿Les gustaría tener novio/a, pareja? ¿Seducen? ¿Pueden? ¿Saben hacerlo? ¿Conocen/Usan métodos contraceptivos? Las respuestas que obtenemos a veces nos producen estupor. Mucho más si se las hacemos a los jóvenes con D.I.

En cualquier caso, hay que señalar que está tan generalizada este galimatías que, por sí mismo, merecería la pena reflexionar sobre las necesidades de estas personas en este terreno a lo largo de su ciclo vital, al que, nos consta, dedican tiempo y energía porque les interesa, como a otras personas que no tienen esas discapacidades.

También encontramos confusión entre los espacios públicos y los privados, entre el amor y el sexo o entre el matrimonio y la pareja. En muchas familias estos hechos se viven con gran preocupación no exenta de cierta ansiedad y miedo. A otras se les antojan incomprensibles cuando no lejanos. En no pocas ocasiones se tienden a negar. Con frecuencia se potencian las conductas de carácter más afectivo, si bien en cualquier caso y para la gran mayoría, la realidad es que no saben muy bien cómo afrontar adecuadamente estos hechos. El resultado final, a menudo, suele ser optar por no reconocer estas necesidades, hacer como si no existieran.

Sin embargo, la realidad cotidiana, tozuda hasta la saciedad, acaba evidenciando que esa falta de reconocimiento, no parece ser una buena alternativa. La desinformación y la confusión en materia de sexualidad serían, a nuestro entender, dos características básicas de la situación en la que se encuentran una buena parte de estas personas. Y, como podrá comprenderse, ello es un riesgo de salud muy importante, como ya advertíamos en nuestro libro[1] hace algunos años.

Internet ha venido a desbaratar ese castillo de cristal en el que algunas familias tenían protegidos a sus vástagos, convirtiéndose en una fuente de información sexual a la que acceden menores y jóvenes, también algunos de los que tienen discapacidad intelectual. La ignorancia y el ocultamiento no tienen ninguna ventaja.

Hace poco una chica Síndrome de Down nos comentaba, y estaba convencida de ello, que “hacer el amor era dar un beso a una foto”. Su madre nos decía que hace unos días su novio era Cristiano Ronaldo que había sustituido a Rafa Nadal semanas atrás. Con esa información sexual y esa idea de las relaciones sexuales va a resultar difícil evitar, por ejemplo, los abusos sexuales. 

 Cada vez es más urgente adoptar iniciativas tendentes a cambiar paulatinamente estas circunstancias, porque la hipererotización comercial de la sociedad y los riesgos derivados de una instrumentalización desmesurada sobre el sexo, se incrementan. Con internet, las redes sociales y los móviles de última generación, el sexo está entre nosotros, en nuestra casa, omnipresente a nuestro alrededor de una manera incontrolable.

Y no esperemos que las compañías telefónicas y la industria de los móviles y sus aplicaciones, hagan gran cosa aparte de vendernos programas de control parental, porque uno de sus objetivos es que se consuma al máximo y obtener cuantiosos beneficios. Las familias deben tomar las riendas y ejercer ese control. Hay mucho por hacer, pero si tuviéramos que realizar un listado de prioridades, probablemente una de las primeras sería la necesidad de promover programas de formación tanto para las familias como para los profesionales.

En este sentido, y muy sucintamente, presentamos una modesta experiencia realizada en diferentes lugares de España, pero que quiere ser un punto de partida del trabajo a desarrollar en este sector de la población. En otras muchas asociaciones de todo el territorio español y en Ibero América[2], hemos realizado otras tantas iniciativas, en algunos casos interviniendo con chicos/as, familias y profesionales de manera coordinada en dos momentos cronológicos, que sientan las bases para una actuación susceptible de ser evaluada periódicamente.

Primer objetivo: sensibilización

Generalmente la primera iniciativa tiene lugar en la organización de unas Jornadas generales que suelen ser acogidas de manera extraordinariamente positiva por el conjunto de la población, destinadas a familias y profesionales y con una invitación específica a personas de la calle, interesadas en esta cuestión, ya que hay que considerar que la sociedad debe conocer como es este colectivo y que está pasando en el mismo, debido a que siguen perdurando estereotipos y tópicos imposibles de aceptar. 

Esa iniciativa se plantea como una semilla que puede germinar más adelante, en forma de una intervención formativa más sistemática para familias, profesionales y los propios chicos y chicas con discapacidad. Con algunos centros[3] las experiencias han continuado a lo largo de los años. A menudo se incluyen uno o dos talleres de trabajo para jóvenes con discapacidad intelectual, un taller de trabajo para padres-madres y un taller para profesionales.

En estas primeras actuaciones se sientan las bases acerca de la necesidad de la educación sexual y afectiva en personas con discapacidad intelectual, planteándonos fundamentalmente cinco ideas básicas:

a) Sería deseable llegar a un pacto entre las familias, profesionales y las instituciones que, de una parte, estimulara los procesos e iniciativas de integración y normalización y, de otra, favoreciera una relación más estrecha entre estas mismas agencias, que facilite que la información fluya con mayor normalidad entre ellas.

b) Estamos hablando de personas, hombres y mujeres de carne y hueso, con sentimientos y emociones, con anhelos y esperanzas, con sensibilidad y sensualidad, con deseos e ilusiones, que necesitan no solo comprensión, sino atención integral, valiente, decidida y recursos generosos que permitan que sean aceptadas y reconocidas como personas en su totalidad, desarrollando al máximo posible todas sus capacidades y sus potencialidades. No hay razón alguna para excluir su dimensión sexual y afectiva, variada y distinta en cada caso.

c) Es preciso reconocer las necesidades afectivas y sexuales de estas personas, similares al resto de la ciudadanía, así como tener una actitud generosa y humana hacia su realidad, injusta sin duda, creada por una historia llena de discriminaciones y arbitrariedades. Estas personas necesitan afecto, sentirse queridas, tener amigos/as, sentirse importantes, valiosas…, etc. Pero también muchas de ellas, sentirse atractivas, elegidas, deseadas, seducidas, que se les bese y abrace o tener algún tipo intimidad como el resto de los seres humanos.

Como prueba de lo que digo, transcribo tal cual, sin correcciones, una carta de un chico enamorado de una chica y que, por su timidez, no se atrevía a expresarle sus sentimientos. Optó por escribirle a su profesora, para que actuara de mediadora. Merecería la pena reflexionar sobre ello.

Querida Lola:

Le escribo esta carta para decirte lo tanto que yo quiero a su alumna Carmen Rosa, esa muchacha si supiese lo tanto que yo la quiero, no hay palabras en mi para yo poder explicar, yo quisiera que le enseñara la realidad de la vida, como leer, escribir, sumar, restar, dividir, multiplicar y hacer las labores de una casa porque al fin de la vida no le va a durar su querida madre y quiero que ella aprenda a serlo, pregúntale a ella, que salga de ti Lola, si ella quiere compartir el dia de mañana estar conmigo viviendo, vera que te va a contestar, si es lo que yo pienso, tendrá que hacer lo que te estoy diciendo. Te lo digo de corazón.

Lola ella no se imagina lo tanto que yo la quiero, si ella se lo imaginaria. Doy mi vida por ella, mataría a alguien si le harian daño, estoy muy enamorado de Carmen, ella lo save porque yo se lo he demostrado no una, muchas veces.

Lola, una vez me dijo que quería hacer el amor conmigo. Yo le dije que no podía hacerlo con ella, para no causarle ningun peligro porque ella no puede tener hijos dicho por los medicos yo me comprometi a operarme para no acusarle ningun problema hacia ella, yo la quiero muchisimo, si a ella le hace daño, yo ire a la carcel porque yo lo mato al que le haga daño.

Me despido por hoy, cuidame la por favor,

Me gustaria verla

d) A muchos/as les interesa el sexo y desean hablar de ello, máxime cuando es un hecho omnipresente socialmente. A este grupo habría que atenderles sin ninguna cortapisa.  Estos chicos y chicas, han aprendido a ocultar, razón por la cual, necesitan aprender determinadas conductas sexuales de manera adecuada y saludable, por un mínimo de dignidad como personas, por salud, por su desarrollo. Es justo y, cuando menos, se trataría de una cuestión de reparación histórica.

e) En el ámbito de la sexualidad consideramos prioritario promover la formación de las familias y la de los profesionales para que, posteriormente, se establezcan grupos de trabajo entre ellos, con el objeto de consensuar programas de intervención y pautas de actuación. Particular interés tiene el que los profesionales y la dirección de los centros, establezcan criterios de intervención comunes que puedan luego ser consensuados con las familias. No parece razonable seguir por más tiempo haciendo lo que cada cual considera pertinente, atendiendo a su ideología religiosa, política o a su propia experiencia personal.

Ni qué decir tiene la necesidad de ser cuidadosos con la información que se divulgue potenciando una atención individualizada a las familias. Habrán de considerarse numerosos aspectos, tanto en la organización como en la infraestructura y la logística de las actividades formativas, tratando de favorecer al máximo la participación de padres y madres y de los/as profesionales. En lo que respecta a los/as chicos/as, la organizaron de los grupos habrá de hacerse atendiendo a varios factores selectivos (edad, sexo, nivel cognitivo, autonomía, conocimientos sexuales…) tratando de que sean lo más homogéneos en la medida de lo posible.

En el próximo artículo hablaremos de los talleres de jóvenes y de algunas características de los programas educativos.


[1] García, J.L. (2000) Educación sexual y afectiva en personas con minusvalía psíquica. Cádiz: Asociación síndrome de Down Cádiz y Bahía.

[2] Esta experiencia ha sido descrita en dos artículos publicados en nuestro de nuestro blog en esta misma revista. https://psiconetwork.com/sexualidad-y-afectividad-en-personas-con-discapacidad-intelectual-segunda-parte/

[3] Por ejemplo, en el Colegio El Molino de Pamplona, la experiencia ha sido continuada a lo largo del tiempo. https://gaptain.com/blog/discapacidad-y-sexualidad-los-angeles-asexuados/