En nuestro anterior artículo (https://psiconetwork.com/pornografia-y-prostitucion/), hablábamos de algunos de los aspectos que son comunes a los dos fenómenos objeto de nuestro interés, a tenor de las extraordinarias implicaciones sociales, económicas, ideológicas, políticas y de salud de ambos.

Por tanto, la pornografía y la prostitución comparten diferentes espacios. Quizá en la cúspide de la pirámide de ambos negocios, sus dueños tengan muchas cosas en común también y estén bien avenidos, porque de eso se trata: de un ingente negocio que, en el caso de la prostitución es en B, para conferirle un mayor atractivo si cabe. De ahí que los empresarios de estas actividades están permanentemente actualizándose, usando todos los avances digitales del mercado. Porque estamos hablando de mercado de mujeres que, cuando son jóvenes, son una máquina perfecta de hacer cash. De ahí que coincidamos con la idea bastante generalizada de que, de algún modo, aquella es la teoría y ésta la práctica.

Frente a los que piensan que la pornografía es la forma menos dañina y más glamurosa de la extensísima y poderosa industria del sexo, hay quienes consideran que la pornografía comercial no es más que una forma de prostitución que conlleva daños específicos. Los testimonios de muchas ex actrices no hacen sino evidenciar un submundo lleno de peligros y prácticas irregulares, que han sido denunciados incluso por determinados sectores[1] de la propia industria pornográfica.

Conozco muy pocos, contados con los dedos de la mano, testimonios de mujeres que, una vez dejado esos trabajos sexuales, afirman que fue una experiencia interesante o positiva o liberadora. Son incontables, en cambio, aquellos que muestran que se trata de trabajos sórdidos, peligrosos y terribles. De ahí que nosotros estamos convencidos de que ninguna abuela quiere que su nieta sea prostituta, ninguna madre lo quiere para su hija, ni siquiera la propia mujer implicada desearía algo así para su retoño. Lo mismo para el trabajo pornográfico. Por otra parte, el estigma social asociado a estos dos ámbitos es colosal.

Por ello me atrevo a pronosticar, en los próximos años, cambios importantes en ambos fenómenos paralelos a la evolución tecnológica, pero también a las exigencias de la sociedad. Por ejemplo y refiriéndonos a los contenidos del porno: ante la presión social y política por sus contenidos violentos inaceptables, este se adaptará, cual pícaro camaleón, produciendo millones de videos de porno feminista, porno educativo, porno ético, etc. donde la mujer activa será la protagonista y las imágenes violentas se difuminarán y quedarán para los contenidos premium o en las profundidades de la Dark web.

También los formatos y modalidades experimentarán un importante avance: el porno doméstico en forma de videos de aficionados subidos a la red, previa venta, las webs cam ya citadas o las páginas donde pagas para ver a tus artistas favoritas, clientes captados en los perfiles de muchas redes sociales con poses muy atractivas, para luego, hábilmente, dirigirte a sus páginas oficiales. El negocio es el negocio: está por encima de cualesquiera otra consideración, en nuestra sociedad que instrumentaliza cualquier cosa que genere jugosos dividendos. Y el sexo sigue siendo uno de los elementos favoritos que concita un gran interés de manera generalizada.

En el caso de la prostitución, una buena parte de las mujeres más pobres, porque aquí las clases son un elemento esencial, se seguirá exhibiendo en calles, plazas y polígonos industriales, incluso con la complicidad ya residual de algunos medios, que han sucumbido a Internet. Ahora la red es el escaparate más eficiente para ofrecer los servicios de prostitución y, en particular, el porno. En las redes sociales no hay ningún reparo para anunciarse gratuitamente y las ofertas sobre prostitución son generalizadas. Se da la paradoja hipócrita que algunas redes censuran un pezón, pero tienen páginas oficiales de prostitución y porno, incluso de paidófilos y pederastas o te derivan a las mismas.

Diferentes contribuciones, dentro del discurso feminista tradicional, no dudan en asociar la pornografía y la prostitución con la violencia de género, si bien otras considerarían que se trata de violencia hacia las mujeres. Por supuesto hay quienes no prevén en ningún caso esa asociación. Sin embargo, los estudios científicos sugieren si no una relación causa-efecto, si un factor de extraordinaria relevancia, particularmente en el porno violento, como vimos en la serie de artículos publicados en este mismo blog (https://psiconetwork.com/category/jose-luis-garcia), sobre agresiones sexuales.

Desde el movimiento feminista tradicional hay una condena unánime hacia todo tipo de pornografía y prostitución, prácticamente sin fisuras. Algunas representantes del mismo [2], señalan, por ejemplo, que “se puede llegar a la conclusión de que todos los hombres que han cometido o cometen violencia contra las mujeres han sido educados en una pornografía mainstreaming”. El consumo de prostitución es considerado un factor de riesgo medio. Generalmente antes de llegar a la antesala de la prostitución, los jóvenes se educan a través de la pornografía. Ahora bien, si ambos consumos van de la mano, el factor de riesgo para llegar a cometer violencia de género es mucho más alto.

No obstante, desde el feminismo llamado liberal, las posiciones son las contrarias. Son formas de luchar contra la moralidad tradicional, una forma de empoderamiento. La pornografía, decía Wendy McElroy beneficia a las mujeres, tanto en lo personal como en lo político y muestra, pone en escena, aquellos cuerpos y conductas sexuales que la moral tradicional había dejado fuera. El mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas de sexualidad.

Con todo, al margen de cómo se resuelva este conflicto ideológico y de poder[3] y teniendo en cuenta que muchos, probablemente la mayoría, de los clientes de la prostitución tienen pareja (esposa, novia, compañera…) se plantean cuestiones interesantes respecto de ¿cómo es su relación con las prostitutas? ¿y con sus esposas? ¿se repiten patrones de violencia? Hacen falta más investigaciones para dar respuesta a estas y otras preguntas.

Pues bien, llevamos proponiendo mucho tiempo que, en los centros de enseñanza deberían abordarse sistemáticamente cuestiones como la prostitución y la pornografía a través de una adecuada educación sexual profesional. Y, también, en casa porque la influencia y el impacto de los modelos educativos parentales están fuera de dudas.

Tanto el padre como la madre tienen que decirle a su hijo, cuantas veces sea preciso, que nunca vaya de putas. Que, si quiere tener relaciones sexuales, se lo curre: que enamore y seduzca a alguna de las/os chicas/os que están a su alrededor. O que utilice la masturbación mientras tanto, pero que no use como objeto y falte al respeto a esa mujer que, en su mayoría, se ve obligada a tener sexo por dinero y no alimente el sistema prostituyente.

Digámoselo a la menor oportunidad, cuantas veces sea preciso, que no se crean nada de las películas porno y que a pesar de que son personas de carne y hueso, sus prácticas son irreales. Que, cuando se refieren a violencia, son deleznables e inaceptables. Que nunca consuman esos infames productos violentos. Que no se puede tolerar que el modelo de hombre que nos proponen, más bien un homínido permanentemente salido, pegue o veje a una mujer para excitarse.

No se puede permitir por más tiempo esa imagen de la mujer que nos proponen el porno violento y la prostitución. Y, tanto a la hija como al hijo, que no se metan en esos dos negocios, por unos cuantos euros, porque se arrepentirán el resto de sus vidas. Eso dicen las que han recorrido ese tortuoso camino.

Pero, sobre todo, hay que trasmitirles que el afecto, el deseo, la ternura, el respeto y el mutuo acuerdo, no solo no tienen nada que ver con la violencia, sino quedeben formar parte de las relaciones sexuales entre las personas y que, en el porno y la prostitución, tales valores brillan por su ausencia. Ni se les ha visto, ni se les espera.


[1] https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfmhEqHW_aFXDy7orgcCsX1GEoZuRB0eE4LCpCIuAmeUe0dmg/viewform

[2]     https://lasciudadesmoradas.wordpress.com/2019/06/17/parte-ii-por-que-la-prostitucion-influye-en-que-los-hombres-realicen-otros-actos-de-violencia-contra-las-mujeres/

[3] Véase nuestro artículo en este mismo blog: https://psiconetwork.com/pornografia-e-ideologia/