Así, de repente, nos hemos visto inmersos en un período de cambios que de alguna forma u otra va a afectarnos en nuestro estilo de vida, en nuestra Salud Mental, en nuestra perspectiva e incluso en nuestros futuros proyectos. Y si no lo hace quizás sería momento de analizar nuestra capacidad de aprendizaje y adaptación. Es imposible generalizar, hay tantas circunstancias diferentes como personas y existen realidades muy difíciles de vivir en este momento, así como otras más fáciles de llevar afortunadamente. El ajetreo del día a día, la rutina y el ritmo que solemos mantener en la vida diaria nos deja poco margen para pararnos a darle valor a lo que realmente lo tiene. Nos resulta relativamente fácil perder el foco de lo que debería tenerlo y entretenernos y preocuparnos por cosas nimias. Quizás la parte positiva de este período de obligado parón es que tenemos la oportunidad de hacerlo. De mirar un poco hacia dentro y evaluar lo que deseamos y lo que estamos haciendo (o no) para conseguirlo, a quienes queremos, lo que es realmente necesario y lo que nos importa.

Es lógico que llevados por el miedo y el desconocimiento ante una situación tan rara como nueva, el nerviosismo y la angustia nos lleve a una serie de pensamientos negativos que son totalmente válidos, pero cuya mayor función no es más que la de dificultar nuestra única tarea como sociedad: permanecer en casa e intentar en la medida de lo posible el mayor aislamiento social para evitar la propagación del dichoso virus. Y esto, en muchos casos, se traduce como la “gran” dificultad de estar en nuestros hogares con todas (o muchas de) las facilidades y comodidades del siglo XXI. Habrá personas muy activas y acostumbradas a pasar la mayor parte del día fuera de su casa a la que esto se le haga un poco más complicado o a quienes esta época de confinamiento les haya pillado lejos de sus familiares y seres queridos, pero no olvidemos que esto se trata de un acto conjunto. De una barrera grupal. Exceptuando aquellos casos que sí revisten una dificultad añadida (trabajadores que tienen que acudir diariamente a su puesto sí o sí, personas mayores solas, enfermedades que imposibilitan la autonomía, pérdidas de trabajo que suponen una gran crisis familiar…), hagamos un acto de empatía y dejemos a un lado el egoísmo de pensar que nuestro aburrimiento o nuestros deseos de salir a dar un paseo o viajar están por encima de la vida de otras personas a las que sin quererlo puedo contagiar o pueden contagiarme.

Gracias al trabajo de investigadores y científicos, se ha podido identificar rápidamente de qué tipo de virus se trata y cuál es su manifestación en la mayoría de los casos. Hay incluso personas que no tendrán ningún síntoma o que lo pasarán hasta sin darse cuenta, pero siempre existe ese margen de población que puede sufrir complicaciones que comprometan significativamente su vida. Tanto es así, que el número de fallecidos es elevado y nos hace ver que, aunque no tiene por qué reportarnos problemas excesivamente graves, hay otros casos en los que sí puede determinar completamente nuestras vidas. Y ninguno estamos exentos, porque aunque sabemos que el grupo de riesgo son las personas mayores o aquellas personas con patologías anteriores que afectan al sistema inmunitario, que no formemos parte de ese colectivo no nos garantiza nada. Por eso nuestra mejor herramienta para controlar de cierta forma el contagio es el aislamiento. Reducir nuestro contacto con los otros como forma de protegernos entre todos. Si cambiamos el punto de vista y dejamos de verlo como un encierro involuntario, un esfuerzo que nos atañe complicaciones en la vida a la que estamos acostumbrados y empezamos a verlo como el verdadero acto necesario y eficiente para acabar cuanto antes con esta situación, quizás nuestra motivación intrínseca para actuar como ciudadanos responsables se vea fortalecida.

No hace falta remontarse muchos años atrás para recordar otras enfermedades que pusieron en jaque a muchos países, como pasó por ejemplo en 2014, con el Ébola o el virus del Zika. Pero estas crisis sanitarias pasaron. Y esta también pasará. Nuestra única labor y compromiso con nosotros mismos y con la gente que nos rodea es hacer lo posible por “facilitar” el trabajo del personal sanitario, por permitirles el tiempo y los medios para atender a quienes les necesitan y preocuparnos en no participar en la extensión de bulos e informaciones falsas que no hacen más que aumentar los niveles de nerviosismo y ansiedad. Seamos cautos, actuemos de forma responsable y respondamos ante las adversidades como la sociedad inteligente que se supone que somos.