Los nuevos mayores

En un contexto repleto de incertidumbres donde todo lo que se daba de un modo conocido ha dejado de serlo, nuestros cercanos mayores parecen ser los principales afectados por el covid-19.  Aquellos que, con el correr del tiempo, han sabido acumular algo más que años y que hoy necesitan más que nunca ser tenidos en cuenta.

Herederos de las revoluciones de la década del 60, creativos y rebeldes, hoy están en la etapa en la que se sienten autorizados a decir lo que piensan con la legitimidad que dan las canas y las arrugas de quienes tienen una vida bien vivida. Los “mayores de nuestros días” tienen tiempo para reflexionar, pensar, leer, analizar el mundo. Pueden viajar y enseñar, hacer sus clases de gimnasia y aprender Zoom para hablar con sus nietos. Muestran que se puede amar de un modo más íntimo, más sabio. Al parecer, son ellos los que miran con un poco de compasión a los que corren y consumen vorazmente sin saber lo que quieren.

¿Pero de qué hablamos cuando nos referimos a la vejez?

Si partimos de la biología, la vejez no es más que la acumulación de un deterioro molecular a lo largo del tiempo que conlleva de igual modo una disminución de nuestras capacidades físicas.

Sin embargo, lo interesante es que no es un proceso lineal ya que su manifestación será relativa teniendo en cuenta cada caso.  Existe una magia individual en ser los principales actores y conductores de su guión personal.

Se suele pensar que existe una relación directa entre el envejecimiento y la fragilidad que los ubica en un lugar improductivo, ajenos a la posibilidad de construir un futuro repleto de desafíos.

¿Todos envejecemos de la misma forma?

No existe una única manera de envejecer, ya sea desde la condición física o la condición mental. Los estereotipos obsoletos y discriminatorios suelen darse con frecuencia y no hacen más que acentuar esta diferencia. El mercado de consumo la avala al centralizar la demanda en los más jóvenes como potenciales consumidores de productos que generan una falsa seguridad. Aquellos más experimentados son más difíciles de seducir con espejitos de colores.

Claves para un envejecimiento saludable

Por medio de la autotrascendencia, los nuevos mayores exploran una vida repleta de opciones que está más allá del retiro y del cuidado de los nietos. En un mundo que cambia con rapidez, aquellos que han visto la conversión de un mundo vertiginoso, abandonaron las pantuflas y la siesta por sus clases de meditación o talleres de zumba.

Reconocimiento de nuestros adultos mayores

El envejecimiento activo es trascendental en la construcción y asimilación de procesos de aprendizaje en los jóvenes. Favorece la cooperación y el intercambio intergeneracional orientados al mejoramiento de la imagen de la vejez derribando prejuicios sociales de todo tipo.

Están lejos, muy lejos, de ser los “mayores de 70” que tienen que pedir permiso para circular. Ellos no van a hacer sonar las cacerolas. Van a hacer sonar su voz porque lo que dicen vale la pena.

Tenemos mucho que aprender de los que nos precedieron. Sin ir más lejos, esta pandemia nos obliga a “volver” a muchos de los antiguos valores de comunidad que habíamos perdido. La lealtad, la solidaridad, lo simple, lo profundo. Esta “joven vejez” es el mejor oxímoron del tiempo que nos toca vivir.

Nunca es tarde para llegar a tiempo y descubrir que podemos construir un hermoso presente más allá del pasado. No esperemos a mañana, hoy es el tiempo de hacer.  Con o sin coronavirus, viejos son los trapos.