Para comenzar a entrar en este texto, es inevitable hablar de forma muy general acerca de la represión, ya que, como eje articulador, va delimitando la idea que se quiere expresar entorno a una de tan variadas formas de relación con los otros. Es un texto simple, de cierta forma  “didáctico” y, puede que se preste a una mera interpretación, lo cual no es el psicoanálisis en sí, pero puede verse como una manera en que puede llegar a operar la represión en la vida cotidiana.

Freud, menciona que la represión parte del Yo y es por parte del Superyó que no quiere acatar una investidura pulsional incitada en el Ello. Por ejemplo: un sujeto que reprime lo que siente hacia alguien que le gusta, el Superyó, paralelamente, éste como una forma de construcción de mandatos sociales, instrucciones del padre y la madre, de hermanos, incluso de amigos que, a través de sus discursos incitan a hacer de lado al sujeto deseado porque “no lo ven bien” (desagrado o displacer por parte de los otros pero no en sí del sujeto deseante), cuestión proyectiva que instalan en el sujeto deseante en forma de mandatos, no dan “acceso” a que el sujeto se aproxime a su objeto de deseo: “está prohibido que sientas algo por él o ella” (mandato de los otros). Así, incluso, el sujeto deseante, “conversiona”, “transforma” (asociativa e inconscientemente) sus afectos de atracción, deseo y amor hacia quien le gusta en incomodidad, rechazo, desamor e indiferencia. Pero ¿cómo es posible que una atracción devenga en una no atracción? ¿Cómo es que, de pronto, deja de gustar alguien que causaba cierto interés? “Como si se hubiera esfumado ese deseo” “Un sentido que se perdió”.

Aquí vayamos puntualmente, si del Superyó es de quien deviene (una parte) el no querer acatar una investidura, recuérdese que en éste, como parte fundamental de su articulación, se pueden encontrar inscritos los mandatos de los otros (familia, amigos, sociedad, etc.) y que a partir de estos retornarán los afectos “conversionados”, sí, es decir, en este caso, la represión viene de los otros, ha sido instalada por medio de sus discursos: “no quieras”, “no sientas nada por él/ella”, “incomodidad”, “rechazo”, “indiferencia”, etc. Estos discursos vienen antecediendo a la represión que en el sujeto deseante hará de las suyas, haciendo suyos esos afectos desagradables y displacenteros de los otros, para que al final, termine rechazando lo que deseaba en un principio. “Ha sido conquistado por el deseo de los otros, y en este ejemplo, el deseo de los otros es: deseamos que no desees lo que deseas, así que, desea lo que nosotros deseamos”, “aléjate de lo que quieres porque nosotros te lo ordenamos” o “es por tu bien” (vaya cuestión perversa, como si los otros supieran qué es lo que le hace falta al sujeto deseante). La represión del deseo inicial, entonces, deviene en tanto que instalado el mandato de los otros, se acompaña de rechazo hacia el sujeto deseado, haciendo que el sujeto deseante adopte e integre ese displacer de los otros y al final aleje a su objeto de deseo. Ha hecho “suyo” el displacer de los otros, mientras tanto, habría que ver en qué formas sintomáticas desembocaría esa represión. Entonces ¿de la nada surgió ese desinterés? o ¿es el rechazo o displacer de los otros que instalaron en el sujeto deseante lo que causó una desligazón afectiva?, ¿uno elige a quién rechazar o son los otros quiénes nos ordenan inconscientemente?