Hace poco tuvimos la oportunidad de conversar con la profesora y artista argentina Magali Agnello, quien padece trastorno bipolar. Magali, en un diálogo abierto y franco nos cuenta sobre cómo es el proceso de diagnóstico de este trastorno, como así, nos relata sus vivencias con él explicándonos, además, cómo ha logrado integrar esta condición en su trabajo y en sus perspectivas de futuro. Les dejamos con esta imperdible experiencia.

1.- En una revista de psicología y de salud mental en general, como la nuestra, nos pareció muy interesante la posibilidad de entrevistarte para que nos entregues tu perspectiva ¿Cómo es el proceso de darse cuenta, de entender que experimentas el mundo de una manera diferente a la mayoría?

Creo que es un proceso angustiante cuando no sabes que eso que te ocurre es por algo que tiene diagnóstico y tratamiento. Antes de saber eso tendés a pensar que sos «menos persona» que los demás por no poder hacer ciertas cosas con la misma facilidad que ellos, o (ya que acá estamos hablando de trastorno bipolar) también sentirte que sos «más» que el resto cuando se pasa por la hipomanía/manía. Llegas a creer que esa es tu forma de ser (y que por ende no se puede cambiar) y te inunda entonces esa pregunta de «¿por qué soy así?». Se vive en soledad porque muchas veces no podés contárselo a nadie ya que no lo entienden a menos que lo vivan en carne propia.

2.- ¿Desde qué edad te diste cuenta, aproximadamente, de que tu experiencia del mundo es distinta y cómo te lo hacía saber el resto, cómo te lo reflejaban o reflejaron en su momento?

No recuerdo un tiempo en específico porque no me lo tomaba como una experiencia distinta a la hora de vivenciarlo, me doy cuenta en retrospectiva. Teniendo el diagnóstico y mirando para atrás ahora sé que todo esto se detonó cuando tenía 17 años (ahora tengo 26). Respecto a cuando pasaba por depresión no recuerdo que nadie me dijera nada porque tendía a aislarme, a lo sumo tomaban eso como falta de interés por mi parte ante ciertas actividades. Pero cuando pasaba por hipomanía a la gente le resultaba sorpresivo (y positivo) que hiciera tantas cosas y tuviera tanta energía. Recuerdo en particular entre el 2014 y el 2015 que estuve predominantemente en hipomanía. Hacía de todo: estudiaba una carrera, entrenaba todos los días cosas distintas (pole dance, trapecio fijo, gimnasio, boxeo, etc), probé mil actividades que de otra forma quizás ni se me hubiera ocurrido intentar. Casi no dormía, trabajaba y sociabilizaba un montón. El tema con eso, es que como vivimos en una sociedad que adora la productividad, nunca nadie imaginó que era parte de un problema. Recién solemos tomar como problema cuando no podemos cumplir con cierta cuota de productividad.

3.- ¿Cómo fue ese proceso para tu familia?

En mi familia también tendía a aislarme cuando pasaba por una depresión, entonces pocas veces me vieron estando «mal», a lo sumo me notaban apagada pero no a un nivel que les llamara la atención. Y en el polo contrario no lo veían como problemático, sino más bien como que esa persona hiperactiva era mi personalidad. Lo que sí ocurría es que era muy fácil para mi irritarme y por eso en mi casa a veces era difícil que nos comunicáramos entre nosotros. Al tener el diagnóstico y empezar a estabilizarme eso mejoró un montón.

4.- ¿Nos podrías comentar cómo fue el proceso que desembocó en el diagnostico de un trastorno bipolar?

El proceso comenzó en el 2016 cuando hubo una semana en la que tuve ideas suicidas y empecé a planear qué hacer. En un punto de esta ideación, cuando me tocó pensar «qué iba a hacer con mis animales» (tengo tres perros, una gata, en ese momento también tenía conejos) tuve como un clic. La idea de no saber qué iba a ser de ellos me dolió más que todo lo otro que estaba sintiendo, y recuerdo que fue en ese momento cuando se lo comenté a mi pareja de aquel entonces, y él me sugirió que fuera a ver a un psiquiatra. Hasta ese punto jamás había ido a uno (solo a psicóloga) y me daba miedo la idea, pensaba que iba a terminar dopada. Pero fui una o dos sesiones y me diagnosticó distimia. Me medicó con un estabilizador de ánimo y un antidepresivo. Los primeros cinco meses a partir de eso sentí que volví a vivir. Pero tuve una recaída, un «bajón» muy fuerte de golpe. El psiquiatra le restó importancia. A su vez, era un hombre muy difícil de encontrar y hubo una semana donde no pude conseguir la receta por lo que me quedé sin el antidepresivo. Jamás lo voy a olvidar. Fue justo el día que más personas fueron a la muestra fotográfica más importante que hice hasta el momento, y yo no pude estar, porque tenía síntomas inaguantables de abstinencia por el antidepresivo.


Luego de poder volver a encontrarlo y que me hiciera la receta (él minimizó nuevamente lo que me había ocurrido) hubo una vez que tuve un ataque de bronca, de pensar «yo puedo con esto sola» y dejé la medicación. No aguanté los efectos y a los tres días la tuve que volver a tomar. A todo esto, mi ánimo alternaba entre picos de depresión y picos de hipomanía que se sucedían en cortos períodos de tiempo (pero todavía no era del todo consciente de eso, y recién después del diagnóstico sabría que era un efecto del antidepresivo, porque está contraindicado para el trastorno bipolar).


Fue cuando de nuevo ocurrió que no podía dar con el psiquiatra que, desesperada porque sabía lo que me iba a ocurrir si no tenía la medicación, le pedí a mi papá si me podía conseguir algún turno con otro.


Al día siguiente fui a este psiquiatra nuevo, quien me atendió y me hizo varias preguntas… Las cuales me completaba él mismo las respuestas con lo que yo iba a decir. No podía creer que me entendiera. Me dijo que consideraba que podía tener trastorno bipolar tipo II y me mandó a hacerme un psicodiagnóstico que efectivamente dio ese resultado.

5.- ¿Cómo ha sido tu experiencia con psicólogos, psiquiatras y con el ámbito médico-psicológico en general que ha estado vinculado con el tratamiento de tu trastorno?

Como conté en la pregunta anterior, la primera experiencia no fue buena, me sentí desamparada. Ya luego del diagnóstico y al poder conocer más sobre este (mayoritariamente por cuenta propia, los profesionales en general no me brindaron información muy específica) iba con otra impronta a las consultas. De hecho a la que fue mi última psicóloga le llamó la atención lo decidida que le escribí consultándole si trabajaba con diagnósticos ya que quería acceder sí o sí a terapia cognitivo conductual y en mi ciudad hay muchos psicoanalistas.


Y también el tema con la medicación. Me parece que es importante escuchar lo que el paciente tiene para decir sobre esto y brindarle posibilidades. El antidepresivo para dejarlo sin efectos secundarios tuve que graduarlo usando un sistema que encontré en Facebook creado por gente que estaban en la misma que yo, y lo tuve que hacer sin supervisión porque mi psiquiatra consideraba que podía dejarlo más de golpe, pero en el intento tuve un ataque de pánico y prefería evitar eso. Me tomó un año y un mes dejar el antidepresivo, pero lo pude hacer sin sentir nada malo en el cuerpo.

6.- ¿Por qué buscaste un profesional de corte cognitivo-conductual? 


En todo lo que fui leyendo respecto al trastorno la mayoría de estudios y materiales recomendaban ese enfoque de terapia, ya que se enfoca en poder brindar herramientas a la persona que va a consultar, y efectivamente fue así, de esa terapia he podido tomar muchas cosas útiles para seguir aplicando incluso habiendo finalizado (por ahora) la terapia. 

7.- ¿Qué cosas piensas que ha sido perfectibles en ese proceso o vinculación con psicólogos, psiquiatras y otras entidades médico-psicológicas?

Creo que falta la psicoeducación brindada por los profesionales. No me parece bien que ocurra (y pasa mucho) que te diagnostiquen y solamente te den el nombre, nada más. De por sí soy una persona autodidacta y eso ayudó enormemente a que me informe al respecto, pero siento que eso es deber de los psiquiatras/psicólogos. Brindar información, libros, folletos, tanto a la persona afectada como a su entorno. Tomarse varias sesiones para hacer esto. Hay muchísimas herramientas que las personas con trastorno bipolar podemos utilizar, pero que si no sabemos buscar y los profesionales no nos las proveen significan una pérdida de tiempo importante en nuestro proceso de llegar a la estabilidad. Conozco muchísimas personas diagnosticadas que tuvieron que aprender todo de Internet, y bien sabemos que eso sin supervisión puede ser complicado…

8.- ¿Cómo es el tratamiento que sigues?

Tomo todos los días a la mañana un estabilizador de ánimo y un antipsicótico en dosis bastante bajas en mi caso, y realicé (hasta hace poco) terapia cognitivo conductual, primero individual y luego en un grupo coordinado por la misma psicóloga. A su vez mi auto-monitoreo. Soy consciente de que cosas pueden ser un indicador de que puedo caer en un episodio (pródromos) lo que me hace más fácil descansar o frenar si es necesario.

9.- ¿Qué es lo más complejo de convivir con un trastorno bipolar?

Lo más complejo considero que es todo el camino hasta lograr una estabilidad con la que estés conforme. Si bien saber lo que te pasa y por qué genera un alivio muy grande, cuando se siguen teniendo episodios estos se sufren igual. Pasar por una depresión es agotador y se siente como si fuera a durar para siempre, aunque seas consciente de que esto no va a ser así. A esto le podríamos sumar el estigma, que en carne propia no lo he vivido mucho (calculo que por mi facilidad de hablar naturalmente del tema) pero a muchísimas personas que viven con esto les resulta un peso enorme. Que haya gente que no pueda contarlo a su familia, amigos o en el trabajo me parece terrible.

10.- Sabemos que tienes actividades muy vinculadas con el arte ¿En qué medida, según lo vez, este trastorno se inmiscuye en tu visión y perspectiva artística como fotógrafa?

El trastorno influyó mucho en mi trabajo. Antes del diagnóstico se puede ver en las fotos que hacía como pasaba de la depresión a hipomanía. Pasaba de fotos oscuras o con un tinte mas crudo, a imágenes brillantes y a tener mil ideas distintas. En particular recuerdo unas fotos que realicé cuando saqué una foto por día durante un año (2016). Me fotografiaba durmiendo, entre plantas, en árboles, en el agua. Para mi eso era un «comodín para los días que no se me ocurren otras ideas», pero ahora sé que en realidad era la fatiga enmascarada. Al no tener energía no podía concebir ninguna otra imagen que no fuera yo durmiendo, porque además no las tenía que pensar mucho, eran sencillas de hacer. El proyecto fotográfico que estoy armando actualmente habla de esto.

11.- Por otro lado, también sabemos que escribes y entregas charlas relacionadas con el trastorno bipolar ¿Podrías comentarnos de qué se tratan estos escritos y charlas?

Luego de ser diagnosticada y aprender sobre esto noté que hay muchísima desinformación al respecto. Muchísimos mitos. Ya tenía experiencia por la fotografía de tratar temas muy personales (había hecho unos proyectos sobre sexualidad en los que hablaba de cosas muy íntimas y vi que eso ayudaba a algunas personas), también experiencia dando clases (esa es mi ocupación principal). Todo eso me ayudó a poder empezar a hablar del tema. La primera vez que lo hice fue a un curso del profesorado de Geografía de mi universidad. Luego en un espacio de Psicología y Arte… Y así fue dándose. Llevé la propuesta a muchos lugares, de la mayoría igual no me respondían o me daban una negativa. Pero de a poco fui logrando entrar a otros. Incluso una universidad me llevó a varias sedes de la zona a dar la charla para personas que estudian enfermería o acompañante terapéutico. A su vez, por la situación de cuarentena que estamos viviendo, empecé a realizar esto por las redes, generando contenido por mi cuenta o haciendo vivos en Instagram junto a profesionales de la salud o con otros pacientes. Espero que se me dé poder viajar a impartir más charlas cuando pase todo esto. Me gustaría poder salir de mi ciudad y llegar a más público, especialmente a estudiantes de psicología o psiquiatría.

12.- ¿Hay algo que desde este espacio, te gustaría comentarles a nuestros lectores?

Que ejerciten la escucha sin juzgar. Ese es uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos quienes vivimos con algo como esto. Muchas veces al contárselo a alguien quedamos expuestos a que nos juzguen o nos quieran dar consejos livianos que, por más buena intención que tengan, pueden ser contraproducentes (recuerdo una vez alguien que ni conocía diciéndome que «respirando conscientemente me iba a curar»).  Lean sobre estas cosas, aprendan y aunque no lo entiendan que respeten la vivencia y el sentir de la persona que se los cuenta.

13.- Finalmente, ¿Cómo pueden aquellos interesados en tus charlas, escritos y fotografías acceder a éstos?

La red en la que más comparto es en Instagram (https://www.instagram.com/magaliagnello/). También pueden encontrar mi proyecto actual (una recopilación de fotografías que relatan todo lo que viví sobre este tema) aquí https://www.behance.net/gallery/104836455/Sintoma-Una-cronica-en-fotos-sobre-trastorno-bipolar. Y a su vez aprovecho para decir que estoy disponible para dar charlas en medios o instituciones (de forma virtual por ahora).