Sin duda alguna las nuevas generaciones siempre han dado un giro interesante a nuestras sociedades, dándole un golpe a los más tradicionalistas, es como aquel discurso alternante que con el tiempo se vuelve un discurso hegemónico. Y es que sin duda el ser humano al final necesita del cambio para seguir sobreviviendo como especie.

El contexto laboral sin duda alguna ha tenido varias transformaciones generadas quizás por las generaciones predominantes de la sociedad, hoy por ejemplo está todo un discurso de “felicidad laboral”, tenemos conferencias, especializaciones, nuevos modelos en el área de bienestar que buscan llegar a esta nueva tendencia.

Y en ellos, llega el coach y toda una línea nueva de conferencistas que buscan quizás abrir la mente del sujeto para evitar que sigan anclados a ciertas creencias que no le permiten avanzar como individuo. Aquella nueva onda, en donde personas que quizás cansadas del mercado laboral deciden dejar de trabajar y, en ello, buscan contar su propia historia de vida explicando cómo salir de las “cadenas de las empresas”, cómo llegar a tener más éxito y, desde luego, cómo acercarse a la efímera y esquiva “felicidad”.

Algunos te invitan al riesgo, a moverte de la zona de confort, que saltes a nuevas emociones, que la palabra “rendirse” se elimine de su propio vocabulario y, desde luego, tener presente palabras como “todo es posible”, “un mejor mundo espera por ti”. Lo invitan a reencontrarse en un mundo cada día más esclavizador.

Te pueden dar ejemplos de vida de grandes personajes, como Bill Gates, Steve Jobs, ex presidentes y/o figuras que han llegado a tener un poder de masas por sus creaciones, y es que no hay nada más interesante como cuando se dice, “Bill Gates, soñó en grande, fracasó cuando no logró graduarse de Harvard, su empresa inició en un garaje, quebró y ahora mire dónde esta. Usted qué espera para buscar su propia marca personal”.

Y en todos estos discursos pareciera un sacrilegio que una persona decida ser trabajador en una empresa toda su vida, en esperar por años un ascenso de cargo, un aumento salarial. Pareciera que ser la persona que sólo tiene un trabajo, y no un “negocio que te puede cambiar la vida trabajando desde su casa”, fuera un pecado.

Aquella persona que madruga todos los días para llegar a un trabajo y convivir quizás 8 horas con otras personas y después de un día largo llegar a casa para poder descansar es una persona “mandada a recoger” y que, supuestamente, no llegarán a la felicidad.

Al final pareciera que la hoguera está lista para la persona que decide estar en una empresa, ya sea por las circunstancias de la vida o por el gusto por tener un empleo estable, donde tiene quizás la tranquilidad de un sueldo fijo y tiene los incentivos que logren “motivarlo” para seguir trabajando.

Los coach, sí deberían dar un alto en el camino y ver lo que pueden estar generando bajo discursos falsos de felicidad, pues al final la felicidad es un sentimiento de corta duración en el cerebro, que con el tiempo puede generar una “plenitud”, la cual puede llegar cuando el individuo entre en su zona de confort, lo cual rompe nuevamente el discurso de esta “línea de pensamiento”. Así que señor coach, si estás en tu línea de confort, deja lo que estás haciendo y cambia nuevamente y busca la felicidad en otro lugar.