En este artículo vamos a abordar – no solo como propuesta para el debate entre profesionales de la Psicología y la Sexología, sino también desde una perspectiva educativa – algunos aspectos relativos a la prostitución, asunto peliagudo donde los haya. Es cierto que es un tema tabú, que la sociedad tiene aparcado con el cartel de “not disturb” y que huye de él como si de la peste se tratara, al igual que ocurrió en su momento con el SIDA. Tendemos a sacudirnos estos asuntos de encima en cuanto podemos. Pero la prostitución está ahí, apartada en los burdeles de carretera, fuera de la ciudad y, mientras no moleste, vale, pues que siga como está. Bueno, pero si tiene lugar en el piso de al lado, y hay mucho trajín de personal, la cosa cambia.

Y lo abordamos porque, entre otras cosas, es un serio problema de salud para todos/as los implicados/as en el asunto: prostitutas, puteros y mujeres-novias de puteros que pueden transmitirse infecciones sexuales; la salud mental de las prostitutas durante y después del ejercicio de la prostitución cuyas características parece que son comparables a episodios de estrés post-traumático; el consumo de alcohol y drogas para soportar esas actividades; la legitimación de abusos y maltratos sexuales o las disfunciones sexuales que sufren estas mujeres por un sexo forzado sistemáticamente. Sospechamos, a modo de hipótesis, que la inmensa mayoría no encuentran placer en ese tipo de actividad sexual. Sería insólito que el placer saludable y bienhechor se encontrara en la explotación y el sometimiento. Hay algunas parafilias, pero de eso no estamos hablando.

Y también, como no podía ser de otra manera, no podemos dejar las cuestiones concernientes a la prostitución fuera del estudio y debate sobre el sexo y las relaciones de poder, del que venimos hablando en los últimos meses, en razón de que es, a nuestro modesto entender, uno de los ejemplos más claros de la desigualdad social, de la desigualdad entre hombres y mujeres y del mal uso del poder por parte de algunos varones en nuestra sociedad. La pobreza de las mujeres y las injusticias Norte-Sur dentro de un modelo patriarcal, son elementos relevantes a considerar también. En un informe del Parlamento Europeo de 2014 se declaró que “la prostitución es incompatible con la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres”.

Entendemos que la Sexología no ha profundizado lo suficiente en estos temas y que, para nosotros, es un campo que requiere un mayor estudio e investigación. En este artículo nos referiremos fundamentalmente a la situación española.

Seamos claros: la prostitución es un ejemplo evidente de esclavitud. No hace falta llevar cadenas, tener la piel negra y recolectar algodón para llevar una vida de esclava sexual con el dueño de la plantación de algodón. Qué me dicen, si no, de esos burdeles o pisos donde hay un control riguroso, inclusive con cámaras, en los que se supervisa no solo los servicios que se prestan, sino todo el comportamiento de la mujer sometida las 24 horas del día.

En España en las dos últimas décadas ha habido cambios significativos respecto de la nacionalidad de las mujeres. De ser nacionales se ha pasado a extranjeras: sudamericanas, africanas y de países del este son las más frecuentes, aunque esto suele cambiar según el mercado. De ser de edad mediana se ha pasado a jóvenes. De estar en lugares clandestinos y de espacios reducidos, a trabajar en macroburdeles nacionales o internacionales con un cierto grado de coordinación entre sí.

En cualquier caso, estamos hablando de mujeres traídas de otros continentes o de otras naciones – sin cadenas, ni en barcos negreros – sino en avión, con billetes de primera clase pagados por el empresario proxeneta y putero, con promesas de trabajos honrados pero que, una vez aquí, se les sustrae el pasaporte, advirtiéndoles de que tienen que devolver todas y cada una de las monedas que ha costado su viaje, con los intereses correspondientes. Que son muy elevados y que casi nunca se finiquitan. Además, tienen que pagar “la diaria”: un costoso alquiler por utilizar el local y los servicios. Ya están dentro.

A otras se les amenaza, vudú mediante, con despedazar a sus familiares. En fin, mujeres obligadas a hacer lo que se les ordena, soportando unas condiciones inhumanas. Si protestan, palizas y amenazas para ella y chantajes a sus familias. La lectura de algunos informes estremece, como por ejemplo el caso de una de estas chicas de 18 años, estudiante, que venía engañada con el propósito de trabajar en un hotel y, después de ser apaleada, recordaba que: “En este momento yo me sentí culpable porque había venido en busca de un sueño y había acabado poniendo a toda mi familia en peligro. Hice lo que me dijeron porque ya me habían creado cadenas mentales«. Algunas estudiosas de este tema hablan con rotundidad de que, en realidad, se trata de violaciones sistemáticas. Tiganus, A. (2018) una mujer exprostituta que ha escrito el libro “Hola putero” sobre su vida, ha descrito testimonios reales de gran valor, convirtiéndose en una ferviente defensora de la abolición. Entre otras cosas afirma que “estamos fabricando agresores sexuales a escala industrial” o que “La prostitución es violencia machista, es violencia de los hombres hacia las mujeres por el mero hecho de serlo«.

Qué decir si no, de aquella mafia que marcaba – sí, lo digo bien, marcaba – en la piel de la mujer un número de serie, prueba inequívoca de la pertenencia a un proxeneta.  Por consiguiente, estamos hablando de que, en muchos casos, se trata de un colosal engaño en base a promesas de trabajos dignos y luego, una vez aquí, son objeto  de castigos y chantajes con la finalidad exclusiva de “chuparles” la vida, obligándolas a hacer todos los servicios sexuales posibles a lo largo de jornadas interminables, durante el mayor número de años, hasta que ya estén inservibles y, seguramente adictas a las drogas, pasen al mundo del porno en subgéneros de películas cutres, con protagonistas de abuelitas desdentadas.  

En el excelente documental El Proxeneta, de Mabel Lozano, el protagonista, un ex-proxeneta arrepentido, detalla la vida productiva de sus putas: A partir del primer año ya comienza a devaluarse. Casi, casi como los coches. El primer año la mujer joven es una máquina de hacer dinero. Al tercero ya pierde valor y se la traslada a otro burdel. Esta escritora y realizadora, tiene algunas aportaciones muy lúcidas sobre este asunto. Y muy valientes, por cierto, porque hay que tener valor para dedicarse a tales menesteres de sensibilización en nuestro país.

Prostitución y pornografía

La prostitución y la pornografía siempre han estado integradas en la sociedad, siempre clandestinas, destinadas a los varones adultos en exclusiva y abiertas a aquellos jóvenes que querían incorporarse a esa condición de mayores, como rito de iniciación.  Parece que en los tiempos actuales los jóvenes españoles no solo acuden a los burdeles como puerta de entrada a “hacerse mayores”, sino que lo hacen como clientes habituales. Recordemos que los jóvenes también son grandes consumidores de porno. En ese documental citado, el protagonista relata con detalle la estrategia de los burdeles encaminada a ofrecer a los jóvenes servicios de prostitución: darle lo mismo que la discoteca y además con premios de sexo real. A su juicio el resultado fue un rotundo éxito.

Convendría tener en cuenta, desde el plano de la prevención, este hecho: un importante número de jóvenes varones parecen ser grandes consumidores de porno y prostitución simultáneamente. A tenor de que, con frecuencia, este aspecto en concreto es motivo de preguntas y desconcierto en buena parte de las personas que acuden a nuestros cursos y conferencias, cuando planteamos esta cruda realidad, consideramos que puede ser un elemento para la evitación de riesgos. Con todo, les resulta muy difícil entender estos comportamientos en una sociedad permisiva y democrática, liberal en lo sexual, observando el fenómeno siempre desde fuera, como que la cosa no va con ellos/as. No reconociéndolo. Sin embargo, los puteros son nacionales y se cuentan por docenas de miles y, seguramente, alguno vive en nuestro edificio.

La prostitución y la pornografía tienen muchos puntos en común. Para algunos aquella es la práctica y ésta la teoría. Escuchaba a un especialista en tecnología digital decir que, el porno ha ido por delante de los avances en esta área, como por ejemplo el pago a través de Internet o los vídeos a la carta. Los empresarios de esta actividad están permanentemente actualizándose. Me atrevo a pronosticar, en los próximos 10 años, un cambio en los contenidos del porno: ante la presión social y política este se adaptará, cual pícaro camaleón, produciendo millones de videos de porno feminista, porno educativo…etc. donde la mujer será la protagonista y las imágenes violentas se difuminarán. El negocio es el negocio: está por encima de todo.

No obstante, todavía una buena parte de la prostitución – porque aquí las clases son un elemento esencial – se exhibe en calles, plazas y polígonos industriales, incluso con la complicidad ya residual de algunos periódicos, que han sucumbido a Internet. Internet es el escaparate más impresionante para ofrecer los servicios de prostitución. En las redes sociales no hay ningún reparo para anunciarse. Como es sabido, la prostitución callejera incrementa los riesgos consiguientes de agresiones físicas y robos por parte de algunos hombres que se aprovechan, más aún si cabe, de esa extrema vulnerabilidad. O de su proxeneta, que está acostumbrado a agredirla y a amenazarla permanentemente para que siga estrictamente las rígidas reglas establecidas por la cosa nostra.

Diferentes contribuciones, dentro del discurso feminista, no dudan en asociar la pornografía y la prostitución con la violencia de género, si bien otras considerarían que se trata de violencia hacia las mujeres. Debate politizado a más no poder.

Paula Esteban (2015), por ejemplo, señala que “se puede llegar a la conclusión de que todos los hombres que han cometido o cometen violencia contra las mujeres han sido educados en una pornografía mainstreaming”. El consumo de prostitución es considerado un factor de riesgo medio. Generalmente antes de llegar a la antesala de la prostitución, los hombres se educan a través de la pornografía. Ahora bien, si ambos consumos van de la mano, “el factor de riesgo para llegar a cometer violencia de género en relaciones de análogo afectividad es mucho más alto”.

Otras aportaciones teóricas (Prada N., 2010) son más rotundas: “La trata de mujeres, la prostitución, la pornografía, los malos tratos maritales, las violaciones, etc… Todos estos constituyen violencia sexual como estrategia de dominación patriarcal”.

Teniendo en cuenta que muchos, probablemente la mayoría, de los clientes de la prostitución tienen pareja (esposa, novia, compañera…) se plantean cuestiones interesantes respecto de ¿cómo es su relación con las prostitutas?   ¿y con sus esposas? ¿se repiten patrones de violencia? Hacen falta más investigaciones para dar repuestas a estas y otras preguntas.

Mafias organizadas

Que son mafias organizadas lo prueban los movimientos de esclavas sexuales, por ejemplo, en los campeonatos deportivos de carácter masivo en cualquier país, o en las fiestas populares de las grandes ciudades. Además, la organización se esmera en ofrecer carne fresca, cada vez más jovencitas, más atractivas, y sobre todo las más vulnerables, trasladando de un lugar a otro sin mayores problemas las diferentes remesas de mujeres. A demanda. A los que compran y venden ganado se les llama tratantes que luego son transportados en camiones. Estamos ante una trata de mujeres igual que si fueran ganado, destinadas a la explotación sexual. Las cosas por su nombre.

Aunque no conozco los entresijos del negocio, sospecho que las mafias que controlan el tráfico de mujeres para la prostitución, son las mismas que las que tienen intereses económicos en el comercio de drogas o armas. Tal vez también en el cine porno, incluso en otros negocios que tienen el sexo como protagonista.  ¿Por qué? Bueno porque, entre otras razones, el business se hace todo en dinero B. Beneficios ingentes sin retención fiscal alguna. Esto sí que son sobres y bolsas de basura llenas de billetes como en los casos de corrupción de Marbella. A espuertas. Y ello, lo del extraordinario negocio sin impuestos es, a nuestro juicio, una de las claves para entender estos asuntos. Además, puede hacerse en cualquier nación del mundo, porque esto de la globalización es lo que tiene de bueno que, si en algún país hay más control, se cambia a otro, que hay muchos y, si están en guerra, mucho mejor.

El protagonista de El Proxeneta, advierte frente a la cámara que la organización de estos burdeles esta cuidadosamente planificada, a nombre de testaferros, que en realidad son indigentes, con los locales alquilados y los dineros en paraísos fiscales propiedad de sociedades pantalla. Exactamente igual que lo que ocurre en el mundo de la corrupción política y económica en nuestro país. Ingeniería fiscal que se llama.

Cuantos más conflictos, de toda índole, tengan las jóvenes en sus casas, en sus países, más fácil va a resultar el proceso: van a estar deseando salir del infierno a cualquier precio. El haber sido abusada sexualmente y maltratada físicamente, parece incrementar el riesgo. Por tanto, la desigualdad también afecta, y cómo, a las diferentes naciones y a su nivel de desarrollo. Leer algunos informes del “peaje” que tienen que pasar mujeres africanas en el trayecto de su país a Europa es estremecedor. Después de un conflicto bélico, por ejemplo, el reclutamiento de mujeres para la prostitución es pan comido. No hay que producir nada, consiguientemente no hay apenas gastos de inversión en la empresa mafiosa. Solo reclutar y reclutar para hacer caja. El componente afectivo y de enamoramiento por parte de algún gancho de la organización, se ha señalado en algunos informes de mujeres jóvenes prostituidas y provenientes de países del Este.

No habrá de olvidarse, por otra parte, algunas consideraciones que están por contrastarse. Por ejemplo, el anhelo – y la creencia – de satisfacer los poderosos deseos sexuales varoniles, es una motivación extraordinaria en muchos hombres, sobre todo en este sector prostituyente, además de un poderoso refuerzo de la conducta. Y, de paso, justificar la prostitución. Por otra parte, el papel de la prostitución como forma de desarrollar las fantasías sexuales que no pueden realizar con sus parejas, es considerado también, razón por la que se tiende a creer que no todos los puteros tienen que ser unos maltratadores, incluso que podría evitar algunas agresiones. Así mismo se llega a aventurar que, a tenor de la pérdida de poder y de privilegios de los varones en las sociedades modernas, la prostitución “seguiría siendo un ámbito en el que poder desarrollar ese sentimiento de poder perdido”. ¿Cantinelas? El varón acude a comprar un cuerpo porque puede, porque se cree con ese derecho.

La prostituta

Seamos claros: A la inmensa mayoría de las mujeres que están atrapadas en esta telaraña, no les gusta dedicarse a tales actividades que se concretan en una venta temporal de su cuerpo, para que el putero se corra, en alguna de sus cavidades. Sin embargo, nada habría de objetarse al ejercicio de la prostitución practicada de una manera libre y consciente, sin apremios económicos y sin, absolutamente, ningún tipo de presión de grupos o personas mafiosas. Hemos conocido algún caso representativo.

Según los diferentes informes que aportan instituciones prestigiosas, como la Organización Mundial de la Salud (2017), se estima en un 90% el número de mujeres que son reclutadas por estas organizaciones mafiosas, fundamentalmente migrantes que, cada año, incorporan 500.000 nuevas esclavas al circuito. Estos informes sugieren que tan solo el 5% de las prostitutas ha elegido esta actividad de manera libre y que ellas lo consideran – y defienden – como un trabajo más. En cualquier caso, es relevante destacar que, la inmensa mayoría dependen de mafias y proxenetas y que, solo una minoría, se consideraría como “autónoma”.

Se calcula que únicamente el 1% podrían considerarse “prostitutas privilegiadas” ejerciendo esa actividad en entornos de lujo y con cuantiosos ingresos. Las conocidas como escort, chicas con idiomas, cultas y sexys, acompañantes de empresarios y altos cargos generosos en lo monetario. La película con ese título ( The Escort) de Will Slocombe, realizada en 2015, planteaba algo de esta realidad.

Un informe oficial del Parlamento Europeo de 2014, señalaba que entre el 80 y el 95 % de las personas que se prostituyen ha sufrido alguna forma de violencia antes de empezar a ejercer la prostitución (violación, incesto, pedofilia); el 62 % declara haber sufrido una violación y el 68 % sufre trastornos de estrés postraumático, un porcentaje similar al de las víctimas de tortura. El informe advierte que se estima en torno a 40 – 42 millones de personas en todo el mundo, siendo la inmensa mayoría de las personas que se prostituyen mujeres y niñas y casi la totalidad de los usuarios hombres.

Por tanto, la elección libre, repetimos respetable, aunque sea para sacarse un dinerillo extra, es una situación minoritaria porque, la inmensa mayoría de ellas, si tuvieran otra oportunidad no estarían en ese mundo sórdido. Ninguna abuela quiere que su nieta/o sea prostituta. O actriz porno. Ninguna madre lo quiere para su hija/o. Ni siquiera las propias mujeres, víctimas del sistema prostituyente, desearían algo así para sus hijas/as. Tampoco que fuera actriz porno.

¿Por qué ninguna mujer, salvo excepciones, querría ser prostituta? Muy sencillo: porque las relaciones sexuales son realmente maravillosas cuando se hacen con alguien que tú quieres, deseas y de mutuo acuerdo. Con consentimiento. Y una transacción comercial, asimétrica e injusta, como la que se produce en la prostitución, está en las antípodas de eso.

Una ex prostituta conocida afirmaba que, “por mi experiencia en la calle, no conozco a ninguna mujer que me haya dicho: estoy aquí porque quiero y quiero seguir haciendo eso hasta el día que me muera«.

Y, como los tiempos cambian, este sistema ofrece otras alternativas. Por ejemplo, las llamadas “sugar baby”. Una forma de prostitución esporádica que algunas mujeres utilizan para pagarse algunos gastos extras o porque tienen necesidad imperiosa de llevar dinero a su familia. Alto riesgo, porque el cebo de ese dinero complementario, puede convertirse en el anzuelo de la prostitución. Una forma fácil de comprarse ciertos lujos, prestando la entrepierna durante un rato y mirando al techo o fingiendo placer. Hay proxenetas al acecho expertos en tejer la red: ¿tienes problemas económicos, por qué no te metes a puta? Mientras haya una mujer en situación de riesgo habrá un proxeneta sugiriéndole un cambio de vida. La culpa, el estigma, la baja autoestima, el chantaje y, a veces, el alcohol o las drogas hacen el resto.

¿Y cuáles son los costes de la prostitución para las implicadas? Extraordinarios, diríamos sin ninguna duda. Algunos informes de salud mental, indican la enorme dificultad que tienen estas mujeres de superar las marcas físicas y psicológicas, del estrés postraumático continuado, consecuencia de haber sido una víctima de trata y de prostitución, durante toda una vida. Terrible el destino de estas mujeres que, probablemente, habrán maldecido el día de su nacimiento. Se sienten como auténticos objetos, agujeros para ser más precisos. Se sienten sucias. Envilecidas.

La OMS señala que 2 de cada 3 mujeres prostitutas tienen heridas emocionales similares a los veteranos de guerra o a las víctimas de tortura. Un 70% de ellas sufren depresión. Tienen mucho más riesgo de ser maltratadas, violadas o incluso asesinadas. Su autoestima está por los suelos.

Por consiguiente, si somos rigurosos, convendría precisar que la generalidad de las mujeres que ejercen la prostitución no tienen la culpa de ello, ni tampoco debieran ser castigadas por esas actividades, en razón de que son víctimas del sistema que las prostituye. Ya tienen suficiente con soportar el insufrible estigma durante y después de su actividad. Seguramente con un calvario interior de por vida.

Seguiremos en el siguiente artículo. Por cierto, creo que tenemos que hablar con nuestros hijos e hijas sobre la prostitución y lo cuento aquí: https://gaptain.com/blog/educar-sobre-la-prostitucion/