El poder y el sexo son dos grandes aspiraciones de la inmensa mayoría de los seres humanos. Casi todo el mundo anhela tener más sexo y tener más poder. Cada cual en sus circunstancias y sus posibilidades. El que tiene más poder, a menudo, tiene más oportunidades sexuales con frecuencia deshonestas. Por ello, el afán o búsqueda en su consecución, son dos importantes motivaciones de las conductas de mujeres y hombres. Por el poder y el sexo hay algunas personas que son capaces de involucrarse en las bajezas más impensables y sorprendentes. Ambos atraen sobremanera, provocan placer y satisfacción, generan adicción -ya que están implicadas estructuras y sustancias cerebrales- y tratan de perpetuarse.

Añadiríamos una cosa más para el poder: transforma a las personas que lo detentan ¿Habría más empeños? Claro, hay otros muchos. Podríamos citar el dinero como otro motivo también importante, si bien los tres suelen ir, con no poca frecuencia, de la mano. O la paz, aunque esta es más espiritual y no genera tantas adhesiones, ni con tanta intensidad, en los tiempos convulsos que nos ha tocado vivir.

Viene esto a cuento de la última publicación de mi libro en el que abordamos justamente estas cuestiones, desde la perspectiva del poder político y religioso, y de las interesante y agradables presentaciones públicas, con sus correspondientes debates, y las entrevistas que he realizado con muy diferentes periodistas de los medios de comunicación. La prensa y los medios de comunicación, dicen, son el cuarto poder y el tratamiento que suelen dar a los temas sexuales revela, incluso en el enfoque de las preguntas formuladas, la gran diversidad de posiciones ideológicas que responden también a intereses de toda índole. Con no poca frecuencia, los medios toman posiciones explícitas y sin ningún pudor sobre, por ejemplo, la educación sexual o el aborto.

Tomemos como ejemplo lo que ha ocurrido en algunas Comunidades Autónomas en España (Gobiernos regionales para los no españoles). Algunas de ellas han dispuesto de unos servicios públicos de atención en salud sexual y reproductiva, otrora envidiados y que fueron en los años 80 y 90 una referencia nacional e internacional indudable. Las actividades educativas externas, por ejemplo, fueron extraordinarias, evidenciando que el modelo funcionaba. Sin embargo, la derecha ultraconservadora en estos asuntos, se encargó de dinamitar todas las actividades educativas.  Ahora en España esto parece ser lo normal: retroceder en los avances sociales que tanto ha costado conseguir.

No acabamos de entender por qué la izquierda, que luego ha gobernado en las mismas Comunidades y Ayuntamientos, no solo no los ha potenciado -porque esa era una obsesión de los partidos políticos de la derecha empeñados, en las últimas décadas, en controlarlas rigurosamente y hacer todo lo posible por que desaparecieran- sino que ha tomado medidas inadecuadas. Y, al final, entre unos y otros lo han conseguido: sacar la educación sexual de los centros de salud. Una pena, cuando lo deseable hubiera sido potenciarlos porque eran eficientes, sin duda alguna.  Y esto, las personas que acuden a nuestros cursos y conferencias lo entienden y no acaban de explicarse por qué sigue ocurriendo generación tras generación.

Los partidos políticos que han llegado al Gobierno, han modificado inmediatamente la estructura y funciones de estos centros y servicios. Cada uno con sus planteamientos e intereses. Los de derechas no sorprende: siempre han estado en contra del divorcio, del aborto, de los anticonceptivos, del matrimonio y adopción homosexual, de los derechos LGTBIQA…etc. Podrían haberlo hecho con los servicios de Oftalmología, pero no, la diana eran los centros de salud sexual y reproductiva. Este es otro rasgo peculiar. 

Hay algunas Comunidades Autónomas donde existen permanentemente broncas y polémicas por asuntos que conciernen a la educación sexual y al aborto. ¿Por qué? Bueno, podríamos señalar una cierta polarización política, lo que conlleva un enfrentamiento casi permanente en numerosas cuestiones, entre las que destacamos aquellas que tienen un componente emocional: inmigración, racismo… y el sexo. Cómo no, el sexo siempre aparece por doquier. ¿Por qué será? ¿Por qué el sexo le interesa a casi todo el mundo y, desde el plano educativo, abandonamos a niños y niñas, a los jóvenes, por ejemplo, a que se busquen la vida? ¿Dónde? En Internet y en la pornografía fundamentalmente.

Esta polarización política e ideológica se manifiesta también en el ámbito social y económico. Y ahí está el fondo del asunto. Los poderosos, con sus privilegios de diferente naturaleza, no están dispuestos a perderlos ni compartirlos y luchan denodadamente contra los cambios que pudieran posibilitar no solo perder esas prerrogativas, sino también una mayor libertad de las personas y un mayor poder de influencia. Las personas más libres son más críticas y soportan menos las imposiciones y las injusticias. Que los partidos progresistas tengan atribuciones en ese tipo decisiones, provoca dolor de estómago y no pocas cefaleas a sus contrarios.

Sabemos que los poderes políticos y religiosos (tambien el judicial o el de los medios de comunicación) han estado permanentemente interesados por el sexo, desde muy antiguo, y han hecho todo lo posible por influir en él de muchas y variadas maneras a través de los siglos, como un tándem eficiente y con gran poder. Probablemente hay pocas actividades humanas que generen tanto interés y, también, tanta polémica como los asuntos que se refieren a la entrepierna. Ya hablaremos del poder religioso que, en el control de las cuestiones sexuales, es un especialista.

Esta es, a nuestro juicio el fondo del asunto. Es una cuestión de poder y privilegios. Y de libertad y derechos sexuales. Nada nuevo bajo el sol. Los avances sociales no han sido gratis. Son el resultado de luchas sin cuartel entre los grupos conservadores y los ilustrados y progresistas. A pesar de los logros conseguidos, las desigualdades siguen siendo una característica destacada de la sociedad actual. ¿Por qué la política no se ocupa de ellas y deja en paz al sexo? Así puede comprenderse con mayor claridad, por qué la educación sexual profesional y científica sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país. Algo realmente incomprensible.

Hemos dicho repetidas veces que hay que sacar la educación sexual del debate político, porque es una cuestión de salud. Los políticos tienen la obligación de ofrecer los recursos más adecuados para garantizar que todos los niños y niñas, los jóvenes, reciban unos programas científicos y profesionales, impartidos por docentes bien cualificados, con una sensibilidad especial, a lo largo de todo el proceso educativo. Y punto.

Embarrarse en la polémica, que es una estrategia política perfectamente planificada de los conservadores para retrasar el proceso de normalización, lo único que está consiguiendo es que nuestros chicos y chicas, tanto de familias de derechas como de izquierdas, aprendan de internet y de las películas porno, los asuntos sexuales que tanto les interesan. Esa es la alternativa que le dejamos. Esto tiene y tendrá unas consecuencias en su salud sexual y reproductiva de las que nos lamentaremos cuando ya sea demasiado tarde. No sé cómo algunas personas se sorprenden de que las manadas de hombres violadores y las agresiones sexuales, por ejemplo, proliferen de manera escandalosa. ¿Qué esperábamos?