Desde la perspectiva psicológica y sus diferentes escuelas podemos observar un denominador común, al ser humano como artífice de su propia recuperación y actor principal durante todo su tratamiento.

Desde esta perspectiva podemos decir que la capacidad propia del ser humano para desde sus factores naturales propios y adquiridos son la clave fundamental del por qué su «estatus» de especie evolucionada y dominante en el planeta. Más ahora que nos enfrentamos a uno de los panoramas mas desoladores de la última época, donde el fallecimiento de personas llega a ser difícil de cuantificar en números reales, la recesión económica de países  es acompañado de su implicación en el desarrollo propio y el de sus habitantes y que estos últimos viven un diario trajinar de falencias tanto sociales como personales, a despertado en mi una reflexión que más allá de ser correctiva busca concienciar lo que lleva sucediendo tiempo atrás y hoy sólo es más visible.

Al igual que nos resguardamos y «huimos» de manera constante del virus del (Sars-Cov-2) mediante el uso de la mascarilla, llevamos muchos tiempo huyendo tras «nuestra mascarilla mental» de problemas y situaciones que son apremiantes, a qué hago referencia con esto último; acaso frente de las vicisitudes de la vida, las dificultades de relacionamiento y aquellos «sigmas» que generan dificultad en nuestro psiquismo, etc., ¿buscamos reponerlo o mejorarlo?. Existe un porcentaje alto de personas que no lo hacen y no sólo a nivel de la atención profesional sino en la propia variabilidad de cada uno y la posibilidad de mejoría y recuperación.

¿Acaso no escondemos tras una mascarilla aquello que nos hace sentir mal y preferimos callar y silenciarnos?

¿No resguardamos dentro de nosotros todo aquello que deseamos cambiar pero por miedo a lo que puede suceder no lo hacemos?

¿No «lavamos» una y otra vez nuestras dificultades buscando que no sean lo que en realidad son y hacemos de menos las implicaciones en nuestra vida?

Puesto que el ser humano es un ente activo y con capacidades propias de sanación, debe en este momento de alta complejidad poder ser quien busque vislumbrar sus virtudes y potencialidades frente a las dificultades que vivimos. Buscando en ésta la invitación a hacer un giro de tuerca al uso físico de las mascarillas y probar por quitarnos los “barbijos” mentales, pasar del distanciamiento social al acercamiento personal y familiar, categorizar la toma de medicamentos por la toma de decisiones.

En fin, las implicaciones son varias en nuestro futuro vivir y quienes posean la capacidad adquirida de poder hacer de sus dificultades nuevas posibilidades, serán quienes hayan velado en la invitación a la mejoría propia y de los nuestros, haciendo de la resiliencia no sólo la capacidad para reponernos a las dificultades, sino un estandarte para alcanzar nuestros objetivos y hacer de esta “nueva normalidad” una nueva oportunidad hacia el desarrollo personal y, por qué no, de una sociedad a la que las carencias suelen sobrar y las necesidades sobrepasar, empecemos por nosotros y hacia delante.